Fat Barbies. Cocina con ahumados en Barcelona.

Somos muy carnívoros. A veces nos la queremos dar de otra cosa, pero no. Nos gusta mucho la carne.

Y bajo esta premisa fuimos a descubrir Fat Barbies (y por el nombre del restaurante, la verdad).

¿Dónde está?

Encontramos Fat Barbies en la calle Bailén 83, cerca de la parada de metro Girona.

¿Cómo es la decoración?

Yo la definiría como rústica-chic, en madera y metal, la gran mayoría de elementos, combinados de manera muy efectiva.

¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El personal que nos atendió fue muy amable, nos explicaron detalladamente la carta y nos sirvieron bastante rápido.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unas patatas fritas con ketchup de sobrasada ya que nos llamó mucho la atención la salsa y queríamos probarla. Estaban bastante buenas y aunque es cierto que eran bastante sencillas, las patatas en sí estaban bien cocinadas y el ketchup de sobrasada tenía ese toque original de la combinación dulce con un punto de sabor más fuerte.

También compartimos unas zanahorias con mole y semillas. Una combinación francamente deliciosa y bastante ligera.

Después, como plato principal, David pidió unas costillas de cerdo “St.Louis” que estaban deliciosas. La carne estaba súper tierna y el sabor era espectacular. Una delícia para los carnívoros de corazón.

Yo pedí el bocadillo de cerdo, una hamburguesa de pulled pork, que tenía que pedir ya que es mi manera de cocinar el cerdo favorita. Estaba delicioso, el sabor era increíble, intenso como ninguno que hubiese probado anteriormente. Muy recomendado.

Y como vimos que en la carta había 2 postres, decidimos pedir los 2 para poder probarlos.

Pedimos el Smore, que no había probado jamás y me pareció delicioso, y la tarta de queso mató con grosellas rojas, un cheesecake con un sabor increíble y bastante más intenso al que estamos acostumbrados.

Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botellita de vino, nos costó 55,5€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho, sobretodo por la deliciosa comida que ofrecen. La única pega es que la carta es bastante reducida y con dos veces que uno vaya, ya la ha probado toda. Pero confiamos en que la vayan cambiando para ofrecernos nuevas delicias.

Ideal para ir en pareja o grupo reducido. Seguro que repetimos y llevamos a la familia, que les gusta la carne tanto como a nosotros.

Teresa

Orvay. Tapas y platillos de calidad en Barcelona.

Cuando uno va a pasear por el Born y quiere comer algo, tiene que andar con mucho ojo si quiere comer producto de calidad y no meros platos creados para turistas.

Por eso, mi mente planificadora empezó a funcionar tan pronto supo que íbamos a dar una vuelta por allí y busqué sitios que me convencieran. Y así di con Orvay.

¿Dónde está?

Encontramos Orvay en Passeig del Born 4, cerca del metro Barceloneta.

¿Cómo es la decoración?

Muy elegante. Con paredes en tonos pastel, con mesas de mármol preciosas y sillas de madera clara que daban el toque perfecto.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El chico que nos atendió fue muy amable en todo momento y nos recomendó unos platos fuera de carta excelentes.

¿Qué comimos?

Ya que la carta está diseñada para compartir, eso hicimos.

Empezamos con unos clásicos de nuestra gastronomia, una ensaladilla rusa riquísima y unas patatas bravas deliciosas con un sabor extraordinario e intenso sin resultar picante.

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Seguimos con una frita de pulpo deliciosa, servido sobre patatas muy finitas y con unas verduras asadas muy ricas y con un sabor muy natural.

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Pedimos también unos croquetones de pollo al curry. Muy buenos y nada pesados. Además el sabor de este curry era bastante suave.

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David pidió también un montadito de anguila con cebolla caramelizada que no estaba en carta y que el camarero nos recomendó. Lo cierto es que estaba bastante rico (para mí, a David le encantó) porque el contraste entre el sabor salado de la anguila y el dulce de la cebolla era fantástico.

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Y para rematar, comimos unos huevos estrellados con jamón ibérico. Deliciosos. Es uno de mis platos favoritos y estos estaban particularmente buenos y sabrosos. Además, al estar servidos con unas patatas fritas tan finas resultaban más ligeros (dentro de lo que cabe).

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Como aún nos quedaba un hueco para un toque dulce, decidimos compartir un coulant de chocolate con helado de vainilla. Es un postre que nos encanta y este estaba delicioso, calentito y en su punto.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botella de vino nos costó 64,6€.

Valoración global

Hemos hecho todo un descubrimiento con Orvay.

Ofrecen platos típicos, sin muchas complicaciones y con un producto de calidad.

Ideal para ir en pareja o con un grupo íntimo de amigos.

Desde luego volveremos y creo que nos va a solucionar muchos mediodías por el Born.

Teresa

Barietés. Huevos creativos en Barcelona.

Vivo en un barrio en el que, para bien o para mal, parpadeas y aparece un restaurante. ¿Problema? Que si eres foodie como nosotros, en seguida has ido a todos. Por eso cuando nos enteramos de un sitio nuevo, vamos de cabeza como niños el día de Reyes. Y con esa actitud fuimos a Barietés.

¿Dónde está?

Encontramos Barietés en Ronda Sant Pau 5, muy cerca de la parada de metro Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

Industrial. Muy minimalista y el mobiliario tiene un punto vintage maravilloso.

¿Cómo nos trataron?

Maravillosamente bien. Como fuimos a cenar un jueves, no había demasiada gente y pudieron estar por nosotros sin resultar agobiantes.

Nos aconsejaron e informaron muy bien sobre la carta y todo el personal atendía a los clientes con una sonrisa y eso siempre es de agradecer.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un surtido de embutidos ibéricos porque se nos antojó y no queríamos algo que nos llenara demasiado para empezar. Nos gustó mucho, porque era un entrante sencillo pero efectivo y además el pan estaba realmente bueno.

Después empezó lo bueno y cada uno pidió unos huevos cocinados de manera diferente.

David pidió unos revueltos con salmón y sus huevas. Tenían un sabor muy intenso, recomendadísimo para los amantes del salmón, y la textura era súper cremosa y esponjosa. Una delicia.

Yo en cambio me decidí por una tortilla rellena de ratatouille y queso de cabra. Deliciosa, con un sabor espectacular por las verduras, que también aportaban mucha jugosidad a la tortilla, y sin que el queso de cabra resultara cargante.

Para terminar decidimos pedir unas omelettes dulces, para probar más opciones de la carta.

David pidió la de manzana flambeada con calvados y helado de canela; y yo pedí la de banana y chocolate con helado de vainilla. ¡Qué buenas estaban las dos! Muy finas, super sabrosas y bastante ligeras para lo dulces que eran.

Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botella de vino y una ración de pan nos costó 47,25€.

Valoración global

Salimos encantadísimos de Barietés. Principalmente por el magnífico trato recibido desde el momento en el que entramos por la puerta hasta que salimos.

Al ser un local que acaba de abrir, se esfuerzan mucho en que los clientes salgan satisfechos, y he de decir que, al menos en nuestro caso, lo consiguieron.

El producto que ofrecen es muy bueno y la carta es bastante variada. Además, seguro que en unos meses añadiran nuevos platos igual de buenos y nosotros volveremos a probarlos.

Si buscáis un sitio ideal para ir con amigos o para una comida familiar informal, desde luego Barietés puede ser el sitio que buscáis.

Teresa

Panqa. Cocina peruana sabrosa en Barcelona.

Todos sabemos que hay restaurantes que se ponen de moda y entonces parece que los demás que son del mismo estilo sean lo peor. Y lo cierto es que no es así. A mí me gusta descubrir restaurantes que igual no son tan conocidos pero que son espectaculares.

Y ojo, que la mayoría de ellos se descubren de casualidad. Así conocimos nosotros Panqa, un sábado que no sabíamos dónde comer.

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¿Dónde está?

Encontramos Panqa en la calle Sepúlveda 76, cerca de la parada de metro Rocafort.

¿Cómo es la decoración?

Sencilla pero bastante elegante. Todo en madera clara y negro.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El camarero que nos sirvió fue muy amable y muy atento.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado sobre las 13:30h. Al ser tan temprano, fuimos los únicos en el local durante casi todo el rato que estuvimos allí. Por la noche, no sé cómo estará de lleno. Espero que más porque el restaurante lo merece.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo yuca frita con salsa huancaína. Nos encanta la yuca y con esta salsa estaba espectacular. Además nos trajeron también un poco de salsa brava peruana que no os sabría decir exactamente que llevaba pero estaba deliciosa y muy refrescante para el paladar por el toque picante.

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Compartimos también un ceviche con corvina, pulpo, sepia y zamburiña. Estaba realmente sabroso y nos encanta comerlo ahora que hace más calor porque nos parece un plato súper refrescante.

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Después, como plato principal, David pidió el pulpo anticuchero con tortilla de yuca. Él, que es amante del pulpo, disfrutó muchísimo del plato y le encantó el intenso sabor que tenía que combinado con las salsas hacían que estuviera espectacular.

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Yo pedí los tagliatelle de huancaína con lomo saltado. ¡Madre mía qué buenos estaban! Solo os digo que aún a ratos me viene al paladar el sabor delicioso que tenían. Es un plato ideal para los que somos amantes de la pasta y que queremos que nos sorprendan con sabor poco habituales para nosotros. Además el lomo, para mí, estaba en su justo punto, igual que las verduras.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (unos pisco sour deliciosos) nos costó 73€.

Valoración global

¡Qué buen descubrimiento!

Tengo que admitir que es un restaurante por el que habré pasado por delante varias veces y jamás me había parado a ver qué ofrecían. Pero qué suerte haberlo encontrado.

La comida que ofrecen está riquísima, nada complicada pero muy sabrosa.

Es ideal para ir en pareja o en grupos pequeños y disfrutar compartiendo varios platos.

Nosotros, ahora que lo hemos descubierto, seguramente repitamos alguna vez más.

 

 

El xalet de Montjuïc. Romanticismo con vistas en Barcelona.

Hace unos días David y yo celebramos 4 años juntos (¿hola tiempo? ¿qué te pasa? ¿por qué vas tan rápido?) y desde el primer aniversario decidimos que lo celebraríamos yendo a cenar a algún restaurante que nos apeteciera un montón ir. Este año David me sorprendió llevándome (e invitándome) a El Xalet de Montjuïc. ¡Cómo me conoce! Será por eso que me caso con él…

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¿Dónde está?

Encontramos El Xalet de Montjuïc en la Avinguda Miramar 31.

¿Cómo es la decoración?

Bien sencilla, nada recargada, pero formando un todo con un aire muy mediterráneo y romántico.

La decoración principal del restaurante son las espectaculares vistas de toda Barcelona que se ven desde la terraza. Y con eso, ya no necesitan nada más.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. Todos los camareros que nos sirvieron fueron extremadamente atentos y serviciales sin resultar agobiantes.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes a las 22h. David había reservado para poder tener una buena mesa con buenas vistas.

No estaba muy lleno, bastantes parejas y algún grupo. Eso sí, menos mal que cuando llegamos justo se marchaba un grupo de turistas bastante númeroso porque tenían pinta de estar armando un poco de jaleo.

¿Qué comimos?

Como David se sentía espléndido, yo no puse ninguna objeción y pedimos, cada uno, un primer plato y un segundo.

De primero, David pidió el pulpo a la parrilla con patatas confitadas y alioli de pimentón rojo. Alucinó con lo tierno que estaba y el sabor tan auténtico y delicioso que tenía.

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Yo me decanté por una opción más sana y pedí las verduras al vapor de algas con sus salsas. Era un plato sencillo pero el sabor de las diferentes verduras era muy natural y auténtico, y la combinación con las dos salsas que las acompañaban, en unos vasitos a parte para ponerlas a tu gusto, era perfecta.

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De segundo, David pidió la paletilla de cabrito con peras escalivadas y puré de garbanzos. Le encantó. El sabor era súper intenso y la textura de la carne era espectacular.

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Yo pedí el atún rojo a la plancha con verduras y salsa de miel y soja con sésamo, para seguir la tónica saludable. La verdad es que estaba muy bueno porque aunque no tenía nada del otro mundo aparentemente, el sabor que aportaba la salsa era muy bueno y las verduritas al dente estaban riquísimas.

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Como estábamos de celebración, decidimos pedir también postre así que David tomó un brownie con helado de vainilla que estaba delicioso y súper calentito; y yo pedí un yogur con caramelo y frutos rojos que estaba espectacular y tenia una textura deliciosa.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una botella de vino y una de agua con gas) nos costó 145,05€.

Valoración global

No puedo decir otra cosa que no sea que me enamoró.

La comida es espectacular, nada extravagante, pero que ensalza el valor de lo simple y lo hace destacar muchísimo.

¿Lo mejor? Las vistas. Para nosotros, que vivimos enamorados de Barcelona a unos niveles muy heavys, fue todo un placer cenar en un entorno tan precioso, eso sí, llevaros una chaquetita porque yo pasé un pelín de frío. Es lo que tiene cenar al aire libre.

Ideal para cenas románticas y pasar una agradable velada disfrutando de buena comida y de la buena compañía.

Teresa

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Flax & Kale Passage. Cocina sana y romántica en Barcelona.

Cuando hay fútbol y resulta que, justamente ese partido, tu prometido no solo no quiere verlo sino que además, quiere aislarse del mundo para no enterarse de lo que sucede; aparece la ocasión perfecta para llevarle a algún restaurante romántico y pasar una velada deliciosa. Y en ese contexto, buscando sitios a los que ir, me crucé con Flax & Kale Passage y decidí que era el elegido para ese sábado.

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¿Dónde está?

Encontramos Flax & Kale Passage en la calle Sant Pere més alt 31, cerca del metro Urquinaona.

¿Cómo es la decoración?

És una mezcla perfecta entre elementos rústicos con las paredes de ladrillo visto e industrial con unas grandes bigas y tubos metálicos en el techo. Todo iluminado con una luz cálida y muy ténue que le da un toque súper romántico.

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¿Cómo nos atendieron?

Fenomenal. Todos los camareros que nos atendieron fueron muy amables y muy atentos.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un sábado a las 21:30h aproximadamente. Habíamos reservado con bastante anterioridad (el jueves, concretamente) porque ya conocemos como se llenan los restaurantes del grupo. Cuando llegamos estaba lleno pero aún había alguna mesa libre, eso sí, todas con el cartelito de reservado; a medida que fue avanzando la noche, el restaurante se fue llenando por completo pero sin resultar demasiado ruidoso. Bastante íntimo. O igual es que nosotros nos aislamos da igual donde estemos.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos BBQ Pulled Pork baos con jackfruit, cacahuetes y mayonesa chili jam. Estaban riquísimos y con un punto picante delicioso. Lo más sorprendente es que en vez de carne de cerdo, lo que llevan es jackfruit, una fruta que desconocía y que resulta que hace todo el efecto de que te estés comiendo realmente pulled pork. Todo un descubrimiento.

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También compartimos unos Superfood Plant-based dumplings con jackfruit, setas y trufa y “carne de olla” plant-based. Riquísimos y preciosos. Bastante parecidos entre sí pero cada uno con su toque peculiar de sabor. Ideales para compartir.

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Después cada uno pidió una pizza, porque los sábados, de toda la vida, se come pizza.

David pidió una Barcelona con berenjena y pimiento rojo escalibados, salsa romesco, tomate y escabeche de atún plant-based. Deliciosa y muy de la tierra. La masa era súper fina y el sabor era espectacular, también es que a nosotros nos enamora el romesco.

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Yo me pedí una Plant-based quattro (una cuatro quesos a su estilo, para que nos entendamos) con tomate san marzano, cheddar, queso azul, mozzarella y parmigiano teresiano. Estaba deliciosa. No he sido yo muy fan nunca de las pizzas quatro quesos, pero no sé que me pasa últimamente que las encuentro riquísimas. Además ésta tenía el típico sabor contundente de este tipo de pizzas pero no empalagaba en absoluto. Para los ratones como yo, muy recomendable.

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Para terminar, y a pesar de que estábamos ya a punto de explotar, decidimos pedir un postre para compartir. Pedimos unos mini mochis de chocolate con fruta de la pasión. Estaban muy ricos, con un sabor a cacao muy intenso y la fruta le daba ese contrapunto más refrescante y ligero.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una botella de vino) nos costó 69,95€.

Valoración global

Nos enamoró.

Fuimos a pasar una noche romántica y lo cierto es que Flax & Kale Passage cumplió nuestras expectativas de sobras.

La comida estaba espectacular, el ambiente muy guay y bastante íntimo y la atención recibida fue excelente.

Ideal para citas romanticonas y también para ir con un grupo de amigos íntimos, de estos que os conocéis mucho, ya que las mesas redondas que tienen y los platos específicos para compartir son ideales para esas ocasiones. Además la ubicación es ideal para, al salir, perderos por las callejuelas del centro.

Teresa

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La Vietnamita. Cocina vietnamita con aire de Street Food en Barcelona.

Hace ya bastante, por no decir mucho, abrieron la Vietnamita de Sant Antoni y desde el día que la vimos quisimos ir. Pero ya sabemos como son estas cosas, que entre obras en el barrio, mil lugares a los que también quieres ir y chopocientas excusas que te pones, a veces te olvidas de restaurantes que quieres visitar.

Pero hace unos días, gracias a la iniciativa Tapantoni, que cada otoño y primavera nos permite probar unas tapas en varios bares y restaurantes del barrio, volvimos a pensar en La Vietnamita y decidimos que ya tocaba.

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¿Dónde está?

Encontramos La Vietnamita en la calle Borrell 85, cerca de la parada de metro Sant Antoni.

¿Cómo es la decoración?

Cuando uno entra en el local podría decir que se está en una calle de una ciudad, una con mucho estilo todo hay que decirlo. Decoración muy industrial combinada con toques rústicos gracias a la madera.

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¿Cómo nos atendieron?

Bastante bien. Nos sirvieron muy rápido.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado sobre las 14h. No habíamos reservado ni nada porque fue una decisión improvisada. Lo cierto es que no había mucha gente y se estaba bastante tranquilo.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unas Bun Cha, unas albóndigas de carne, jengibre y menta al estilo vietnamita con salsa agridulce que estaban muy sabrosas y bastante ligeras y refrescantes gracias al toque de la menta y el jengibre.

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También compartimos unas Satay Skewers, unas brochetas de pollo con salsa de cacahuetes que estaba muy buenas y eran ideales para abrir el apetito.

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Después cada uno eligió un plato principal. David eligió el Red Curry de pollo, un curry rojo suave y cremoso con lima kaffir y albahaca servido con arroz y una base de lechuga fresca y cacahuetes. Muy bueno, muy sabroso y no demasiado picante para paladares expertos, para el mío que es muy sensible pues sí.

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Yo en cambio pedí un Bun 5 Perfumes, unos fideos de arroz con salsa 5 aromas, verduras frescas, escabeche, cacahuetes y ternera. Estaba riquísimo, era un plato extremadamente aromático y con una mezcla de sabores de lo más peculiar y deliciosos.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una botella de vino) nos costó 41,7€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho. Quizás no es un tipo de cocina de la que yo sea extremadamente fan, pero reconozco que de vez en cuando me apetece y probar platos con sabores más exóticos y, sobre todo, tan marcados, es una gozada.

La carta es muy variada, tanto en comida como en bebidas y el ambiente es muy distendido y “callejero” en el buen sentido lo que hace que el restaurante se ideal para varias ocasiones informales que se nos presenten.

Nosotros repetiremos porque nos quedan muchos platos por probar.

Teresa

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Osmosis. Maridaje con mucha clase en Barcelona.

A principios de año, unas amigas muy sibaritas también, nos comentaron la experiencia que habían vivido en Osmosis, un restaurante en el que habían cenado cun menú con maridaje y del que habían disfrutado mucho.

Desde entonces quisimos ir y cuando vimos que en la Restaurant Week de El Tenedor estaba y tenían menú con maridaje, no nos lo pensamos ni medio segundo.

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¿Dónde está?

Encontramos Osmosis en la calle Aribau 100, cerca de la parada de metro Hospital Clínic.

¿Cómo es la decoración?

Muy elegante. Toda en tonos claros con toques negros y con una luz muy tenue, nada escandalosa, centrada sobretodo encima de las mesas para que podamos ver con claridad la comida.

Disculpad que no haya foto, pero cuando vas en grupo es un poco raro ponerte a hacer fotos a lo loco. Y veréis más adelante que no fue la única vez que me pajaree y no hice foto.

¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El sommelier del restaurante nos explicó muy detalladamente y con bastante gracia cada plato y, sobre todo, cada vino.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un lunes que al día siguiente era festivo a las 21h con reserva previa. No había mucha gente y se estaba muy tranquilo. Pero sé que los fines de semana se llena más.

¿Qué comimos?

El menú consistía de un aperitivo, 4 platos y un postre.

El aperitivo era una croqueta de pollo al curry y una mini tostada con brandada de bacalao ideales para abrir más el apetito.

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El primer plato que nos sirvieron fue caballa cítrica con ciruela roja y chantillí de hierbas maridada con un vino tinto italiano Ca fiui 2017 DOC Valpolicella. El pescado muy bueno, a pesar de no ser yo muy fan, pero lo cierto es que combinado con la ciruela roja estaba delicioso. Sorprendente también el maridaje de pescado con vino tinto pero era tan suave de sabor que hacían una pareja estupenda.

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Después nos sirvieron un cangrejo blando con bullabesa y café de París maridado con un vino vasco Itzasmendi7 2014 DO Bizkaio Txacolina. Este plato fue un fail total para mí porque quise hacerme la valiente pero no, me da mucha cosa comer cangrejo con la cáscara, y no pude comerlo. La cosa fue que como se lo di a David para que lo comiera él, me olvidé de hacer la foto. Eso sí, el resto de comensales del grupo que sí lo disfrutaron dijeron que estaba riquísimo y que la combinación con la bullabesa, que sí probé y estaba de vicio, era ideal.

A continuación, nos sirvieron un foie poelée con anguila ahumada y fruta de la pasión maridado con una xarelo Osmosis 2016 DO Penedès. A mí el foie me gusta, soy capaz de comérmelo, pero en pequeñas cantidades. El taco que nos sirvieron era bastante grande (hasta un punto que quizás era demasiado para mí) aún así me gustó mucho porque tenía un sabor espectacular que combinado con la fruta de la pasión era aún mejor. Eso sí, la anguila se la di a David porque me da mucha cosa (sí, tengo muchas manías, y eso que me he quitado unas cuantas por el camino).

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El último plato principal que nos sirvieron fue un cochinillo Pio Navarro con nísperos y mosto maridado con un vino francés Le Berceau des fees Savanniers AOC Loire. Estaba riquísimo y muy tierno y la combinación con los nísperos le daba un sabor muy especial.

Como postre, nos sirvieron hibiscus, tomate, frambuesa y vino tinto maridado con una cerveza Lindemas Lambic bier Kriek Belgique. Lo cierto es que los sabores del plato eran muy originales y el conjunto muy refrescante pero a mí el toque del tomate no me terminó de convencer. Eso sí, el maridaje con la cerveza con toque de cereza fue todo un acierto.

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Y…¿cómo está de precio?

Cada menú de la Restaurant Week nos costó 45€.

Valoración global

Si sois de mente y paladar abierto y espíritu aventurero, Osmosis es un lugar ideal para probar nuevos platos y aprender nuevas combinaciones que no se nos habrían pasado por la cabeza.

Es cierto que a lo mejor algunos platos no los disfruté tanto porque no eran 100% como me hubiesen gustado en otras condiciones, pero en el fondo esa es la gracia de ir a comer este tipo de menú así que, ya sabía a lo que iba.

Creo que para ir en pareja es una buena opción pero creo que si se va en grupo reducido con gente que le apasione comer y descubrir, es ideal. Y consejo, si vais y estáis pensando en ir a tomar después un gintonic, hacedlo en Osmosis mismos. El mejor gintonic que he probado, y coincidimos en ello todo el grupo.

Teresa

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Eixampeling. Comida sencilla y sana en Barcelona.

Estresados y con prisa vamos todos muchos días a la semana.

Y hay días entre semana que nos pilla la hora de cenar fuera de casa porque tenemos cosas que hacer y no queremos desmadrarnos porque al día siguiente hay que madrugar e ir a trabajar.

Pues para esos días, hemos descubierto un local perfecto. Y no solo para cenas, sino también para brunch o comer.

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¿Dónde está?

Encontramos Eixampeling en la calle Diputació 158, cerca de la parada de metro Urgell.

¿Cómo es la decoración?

Simple pero barroca. Y bastante curiosa, así como de cuento surrealista.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien. El camarero que nos atendió fue muy amable en todo momento y nos aconsejó bien.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un lunes a las 20h. Sí, muy pronto, pero es que era eso o cenar a las 23h. No tuvimos ningún problema de sitio, pero obviamente no sé cómo será los fines de semana.

¿Qué comimos?

Aunque queríamos comer algo sencillo y rápido, no pudimos evitar pedir un hummus con crudités de verduras para compartir porque nos encanta. Éste en particular estaba delicioso porque era muy natural, tanto que había incluso garbanzos casi enteros. Muy rico.

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Después, David pidió unos huevos royal con salmón ahumado y espinacas; plato que se llamaba “Beyonc-Egg” (ya veréis que todos los platos tienen nombres curiosos que, a nosotros que somos así de frikis, nos encantaron). Estaban muy buenos y aunque eran muy sabrosos no eran nada pesados.

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Yo pedí una ensalada de espinacas tiernas con piñones, champiñones, cebolla caramelizada, cherries y huevo, llamada “You Spinach My Head Right Round” (¿veis el nivel de los nombres?). Estaba riquísima. A mí particularmente me encantó porque no me gustan nada las espinacas cocidas, pero crudas y en ensalada me apasionan. En este caso combinadas con los champiñones y con la cebolla caramelizada resultaban deliciosas. Un plato perfecto para una cena ligera y sana pero con sabor.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (un agua con gas y una cerveza) nos costó 28,9€.

Valoración global

Me ha encantado descubrir Eixampeling y que se haya convertido ya en una alternativa para cuando estemos por la zona y llevemos prisa.

Comida sana en su mayoría, sin complicaciones y muy sabrosa. Todo un acierto para esos días caóticos en los que únicamente podemos parar unos minutos.

Teresa

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Izakaya. Ramen informal en Barcelona.

Hace unas semanas (quizás pocos meses) vi que habían abierto un nuevo restaurante cerca de casa en el que, junto al nombre, ponía Ramen House. Lógicamente me emocioné enormemente porque los ramen son uno de mis platos favoritos en el mundo.

Aprovechando que hace unos días el tiempo se volvió loco e hizo frío otra vez, fuimos a probar Izakaya.

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¿Dónde está?

Encontramos Izakaya en Ronda Sant Pau 7, muy cerca de la parada de metro Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

Bastante sencilla. Lo cierto es que Izakaya ha heredado la decoración con toques industriales del restaurante que había anteriormente en el local, así que para los que ya lo conocíamos no nos viene de nuevas.

Aún así, destaca un gran dibujo de un pulpo gigante y muy colorido en una de las paredes de justo la entrada.

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¿Cómo nos atendieron?

Bien. Los camareros que nos sirvieron fueron amables pero dentro de una normalidad.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un festivo sobre las 14h y la verdad es que cuando llegamos no había nadie y tampoco llegó demasiada gente mientras estubimos allí.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos gyozas y una tempura de verduras. Dos clásicos pero que, según nuestra teoría elaborada un poco sobre la marcha, ya te dice mucho sobre si el restaurante es bueno o no.

La verdad es que la tempura era bastante normalita e incluso el rebozado era demasiado grueso para nuestro gusto, pero los gyozas estaban muy buenos y tenían un sabor muy auténtico e intenso.

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Después, lógicamente, pedimos cada uno un bol de ramen.

David pidió un ramen Shoyu, de salsa de soja y caldo de pollo y cerdo con huevo, cebolleta, maíz, cha-shu, alga nori, natuti wakame y ajo quemado. Además él le añadió más alga porque le gusta mucho y el camarero se lo recomendó porque pegaba mucho. Le gustó mucho y el sabor era muy intenso.

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Yo, en cambio, pedí el ramen Miso de caldo de pollo y cerdo con salsa de miso y el resto de ingredientes igual que el anterior. Le añadí un huevo extra porque me vuelven loca. Lo cierto es que, aunque seguramente haya comido ramen mejores, el sabor era muy bueno, muy intenso y con un toque diferente a los que había probado hasta ahora.

Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (2 cervezas) nos costó 32,55€.

Valoración global

Quizás no sea el mejor restaurante que tenemos en el barrio, pero me parece una opción genial para esos días que no sabes dónde ir.

Los platos que ofrecen son muy buenos y con raciones muy generosas y, aunque no hay una gran variedad ni mucha innovación, es suficiente para que todo el mundo, tenga las preferencias que tenga, encuentre su opción perfecta.

El precio es muy asequible y además hacen menús de mediodía con los mismos platos que ofrecen en carta y a muy buen precio (no recuerdo cuál), lo que resulta ideal si estamos por la zona un día laboral y queremos comer algo bueno pero que no sea un menú de mediodía tradicional.

Una opción muy a tener en cuenta para esos días de antojo de ramen. Que ahora que viene el verano pues igual no son muchos, pero conociéndome no me extrañaría querer comerlos aún estando en agosto.

Teresa

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