¡Volvemos!

Hace muchos muchos meses que publiqué el último post en este blog.

Y desde entonces, me he mudado, me he casado, me he ido de viaje de novios y, básicamente, he vivido un poco la vida.

Pero a medida que iban pasando los meses sentía que necesitaba volver a hacer esto. Ya no únicamente escribir los posts sino, sacar tiempo para salir a comer fuera ya que, en los últimos meses, no hemos ido más lejos de la calle de al lado.

Porque los momentos en los que, un día cualquiera, descubrimos un nuevo restaurante que nos enamora son impagables.

Así que, con ganas, con energía y con ilusión, desde este próximo miércoles 16/01… ¡volvemos!

Teresa

Jornada de reflexión: El Amor (I)

Querida,

La felicidad, el verdadero sentido de la vida, no es aparentar que eres quién sabe qué. No es gastarte el poco o el mucho dinero que tienes en cosas absurdas que permitan que los demás crean que tienes cierto estatus.

No querida.

La felicidad es levantarte un lunes y que se te haga menos cuesta arriba cuando enciendes el móvil y te encuentras un mensaje de audio suyo diciéndote “Buenos días princesa”.

Es que un martes en el que apenas os vais a ver, te sostenga con ánimos la hora que disfrutáis juntos para comer.

Es que un miércoles no tengas que hacer planes más que decidir qué película ver y a qué cine ir porque es el día del espectador y es vuestra tradición.

Es que un jueves venga él a esperarte al trabajo con la mejor de sus sonrisas pese al calor y que deis paseos interminables para exprimir cada minuto.

Es que un viernes estés esperando con todas las ganas del mundo la hora en la que él sale de clase, le vayas a buscar y hagáis de una cena en cualquier restaurante, la cena más romántica del mundo.

Es que un sábado, que por fin tenéis libre los dos, hagáis mil planes, queráis hacer mil cosas y al final solamente hagáis un par de ellas, porque os basta y os sobra estar el uno con el otro.

Es que un domingo vayáis los dos a pasear cerca del mar, toméis el vermut y volváis a comer con la familia, la que siempre está.

Eso, querida, es el verdadero valor de la vida.

Lo demás son excusas y barreras absurdas que tú te pones por miedo.

Te compadezco. De verdad que sí.

Y te invito, de todo corazón a experimentar el poder absoluto del amor incondicional.

Teresa

 

¡Muévete!

¿Sabéis qué hacía yo cuando era pequeña y, por ejemplo, se me escapaba el balón jugando en el parque? Me tapaba las orejas en vez de salir corriendo a por él.

Imagino que de tanto oír a mi madre decirme: “¡pero corre tras la pelota!”, aprendí que desesperarse y quedarse quieto no sirve de nada y que para solucionar un problema hay que tomar acción.

Intuyo, pues, que todas esas personas que cuando ahora ocurren cosas indignantes en el mundo se quedan quietos lamentándose, no tuvieron la misma suerte que yo y nadie les dijo que para lograr algo, tienes que hacer algo.

Y claro, así nos luce el pelo.

Vivimos en una sociedad llena de gente inmóvil y de lengua muy suelta. ¿Sabéis como le llamo yo a eso? Cobardía.

Nos han hecho creer, no tengo muy claro quien; que decir nuestra opinión desde la comodidad de nuestra casa y desde el anonimato que nos confieren las redes sociales es ser valiente. Pero criticar y no hacer nada por cambiar las situaciones que nos parecen injustas es muy cobarde. No nos engañemos. Que no nos engañen.

O ¿cómo creen que se construyeron las sociedades en las que vivimos actualmente? Pues gracias a gente que no tuvo miedo, que antepuso lo mucho que tenían por lograr a cualquier temor a represalias. Vivimos en un mundo construido por valientes y ¿vamos a negarles a las generaciones venideras ese privilegio?

Tenemos que pasar a la acción sino nada de lo que deseamos va a suceder.

No se qué le pasa a mi generación y a las más jóvenes que, aún no teniendo nada (porque no nos engañemos, tenemos poco), no somos capaces de luchar por nuestros derechos, por aquello que nos pertenece, por lo que es justo.

Tenemos muchísimo más por ganar que por perder.

¡Dejad de quejaros! ¡Salid de casa! ¡Haced algo!

Que yo se que pretender cambiar el mundo es una meta muy grande, pero no hablo de cambiar lo que pasa a miles de kilómetros; hablo de cambiar lo que pasa en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro país.

Porque nos han vendido que no podemos. ¡Y joder si podemos!

Si no hacemos nada, ¿quién lo hará? ¿La pandilla de incompetentes que tenemos por gobierno y políticos? No lo creo.

Aprendamos de una vez por todas que si queremos algo, tenemos que actuar.

Nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres…todos lo hicieron en su momento. Lucharon defendiendo sus ideales, corrieron delante de la policía, se manifestaron enérgicamente por las calles sin parar. ¡Hagámoslo nosotros ahora! Que cuando nuestros hijos, en el futuro, miren atrás puedan estar orgullosos y decir que sus padres fueron unos valientes.

Quizás estoy pidiendo demasiado y como decía Amelie Poulain: “Son tiempos difíciles para los soñadores”; pero yo no me rindo. Yo creo que son tiempos difíciles para todos. Pero para los luchadores, los que imaginan un futuro mejor y actúan para lograrlo, para ellos las cosas no serán tan complicadas.

¿De qué lado queréis estar?

Teresa

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27 cosas que he aprendido en 27 años

Hoy cumplo 27 años siendo más consciente que nunca que cada año que uno cumple es un montón de lecciones que se lleva para su crecimiento personal.

27 años no son muchos y, si hay suerte, aún me queda mucho por aprender.

Pero creo que en estos 27 años de vida, algo he aprendido así que he decidido resumirlo en 27 lecciones vitales.

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  1. Hay tipos de personas a las que no soportarás jamás.
  2. Si el corazón te dice algo, escúchalo.
  3. Si quieres llorar, llora.
  4. Déjate llevar pero siempre con cabeza.
  5. La creatividad puede entrenarse.
  6. En situaciones límites, el cuerpo te sorprende.
  7. Estar soltera no es ninguna desgracia.
  8. Planifica todo lo que quieras pero no te olvides de vivir el presente.
  9. El amor que has dado es amor que nadie te quita.
  10. Confía únicamente en los cambios que tu puedes hacer.
  11. Soñar e idear es en lo mejor que puedes invertir tus pensamientos.
  12. Mamá siempre tiene razón.
  13. Si todo va mal, mamá y papá siempre estarán allí.
  14. Equivocarse es fundamental para crecer.
  15. Salir de fiesta está sobrevalorado.
  16. Probar comidas nuevas abre la mente.
  17. Ser exigente está muy bien y nadie te debe convencer de lo contrario.
  18. Hay que contar siempre hasta 10 antes de dar una opinión.
  19. Las relaciones de pareja serias no son un campo de rosas.
  20. Ir corriendo por la vida no es una buena actitud.
  21. No se debe decir nunca “no puedo”.
  22. Espera muy poco de la gente.
  23. A esta vida hemos venido a pasarlo bien.
  24. Un clavo no saca otro clavo (pero ir clavando mientras te recuperas es divertido).
  25. Escucha, se paciente, deja hablar a los demás antes de decir tu opinión.
  26. Quiérete mucho, por encima de todas las cosas.
  27. Lo mejor está siempre, siempre, por llegar.

Espero seguir aprendiendo mucho más y no dudéis que todo lo que aprenda, lo compartiré por aquí.

Teresa

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Septiembre… ¡Empezamos!

Siempre he sido más de inicio de curso que de inicio de año.

Supongo que en el fondo soy una nerd que disfrutaba empezando el cole y para la que el mejor momento del año era cuando tenía que estrenar una agenda nueva

Y eso ocurría en septiembre.

A medida que me he ido haciendo mayor, Septiembre ha sido siempre el mes en el que volvía al trabajo, aunque ahora hace 2 años que tengo vacaciones también en este mes, lo cual me da una sensación placentera pero extraña.

Aún así, cuando empieza este mes, me permito reflexionar, pensar lo que quiero lograr en el próximo “curso”, establecerme unos objetivos claros en varios aspectos de mi vida y marcarme metas que me ilusionen.

Y todo esto lo hago con las pilas cargadas porque en verano me he dado una buena dosis de mar. Para mí, es vital.

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Me enseña…

…que las cosas malas solo es cuestión de tiempo que desaparezcan.

…que la experiencia se adquiere superando adversidades.

…que la mayor belleza suele residir en las profundidades.

…que si hay ganas, no hay límites.

Así, sin límites, con nuevas ideas, nuevo contenido, energías renovadas y mejorías que iréis viendo poco a poco; empezamos nuevo curso en El Rinconcito de Teresa.

Teresa

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Volver. La pequeña crisis de los 26.

Es curioso observar las distintas etapas por las que pasa una persona.

Como, casi de la noche a la mañana, pasamos de sentir la necesidad de volar lejos del hogar a querer echar raíces y a sentir nostalgia de nuestros orígenes.

Y digo que es curioso porque creo, según mi propia experiencia y mi observación de las personas que me rodean, que el único factor que determina el momento de ese cambio es la edad. No hablo de momentos vitales que a todos nos pillan en distintas edades. Hablo de que, a determinado número de edad, yo diría que hacia los 26 por lo que he podido ver, uno empieza a notar la necesidad de lo que nuestras abuelas llamaban “sentar la cabeza”.

Lógicamente, con el cambio de los tiempos esa expresión ya no se refiere a que empezamos a querer casarnos y tener hijos, al menos no únicamente, sino que de repente sentimos un deseo muy fuerte de tener un lugar al que pertenecer, un lugar al que volver si tenemos que partir.

Porque transitamos de sentirnos de vuelta de todo, de sentirnos tan descaradamente jóvenes que podemos hacer lo que nos plazca; a una situación en la que, aunque seguimos manteniendo algunas cosas de esta etapa anterior, nuestras responsabilidades empiezan a ir en aumento, empezamos a ser más conscientes de que tenemos que medir mejor nuestros actos porque pueden tener consecuencias. Sentimos que la vida nos ha dado ya algún que otro palo y nos apetece sentir que pertenecemos a algo. Y es entonces cuando cobra sentido todo aquello que habíamos oído acerca de las raíces y de construir algo que sea nuestro.

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Pero el viajero que huye, tarde o temprano, detiene su andar

Porque la aventura está bien y querer explorar es la base del crecimiento y debe mantenerse siempre, pero a todos nos llega un momento en que inevitablemente sentimos la necesidad de detener nuestros pasos, de pararnos y pensar: ¿qué he conseguido hasta ahora? ¿qué quiero conseguir a partir de ahora?

Y la pregunta más importante de todas: ¿cómo quiero que sea mi futuro?

Periódicamente es necesario pararse y pensar en la propia vida, para poder detectar si se necesita reenfocarla.

Y cuando eso se hace, es muy reconfortante saber que tienes un lugar al que volver, unos brazos deseosos de abrazarte pase lo que pase.

Porque la sensación de emprender un viaje es indescriptible, pero con los años aprendes, que es igual de maravilloso el momento del regreso y la emoción de sentirte en casa.

Teresa

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Vive y deja vivir.

Tengo que dejar de escuchar la radio por las mañanas. O irme a vivir a una burbuja en medio del desierto.

Aún tengo que perfilar los detalles.

Lo cierto es que día sí, día también me encuentro con noticias que me hacen exasperar y pensar que el mundo necesita una restructuración total.

Y es que, aunque todas son acerca de distintos temas, hay un nexo común en todas ellas: el creerse possedores de la verdad absoluta.

Si tú piensas una cosa, es muy respetable y si quieres aplicarlo en tu caso personal, genial. Ahora bien, uno no puede andar por el mundo realizando afirmaciones absolutas.

Y no lo digo solo en los casos en los que mi opinión sea la contraria. En absoluto. Me parece mal la forma, no el contenido.

Si me quejo ante este tipo de declaraciones es porque me enerva sobremanera que venga alguien, sea quien sea, y me diga que lo que yo hago está mal (¡ojo! Siempre y cuando sean concepciones acerca del mundo, si viene alguien y se queja porque he matado a alguien, pues obviamente tiene todo el derecho y obligación del mundo).

¿Por qué? ¿Voy yo a decirle a otra persona que su idea de familia, que su manera de vestir, que sus preferencias alimentarias, están mal?

¿Por qué parece que la gente no es capaz de asumir que las personas tenemos opiniones diferentes y maneras de hacer diferentes y que, por muy mal que nos parezca, tenemos que dejar que lo hagan?

¿Qué más te dará a ti si me pongo una camiseta con rallas o con topos? ¿Qué más te dará a ti si como carne o como piedras?

Hakuna Matata, señoras y señores.

Si hay algo de todo el proceso de la producción de ropa o de la industria cárnica que te parece denunciable, hazlo. Pero a las autoridades, quéjate de las personas que son culpables de esas malas condiciones, no le digas a las personas que han decidido libremente hacer algo que eso está mal y que, ¡oh casualidades de la vida! Tu opción es la correcta y la adecuada.

Yo no me meto en lo que tú comes. Es más, por mí como si quieres comer cemento. Será más o menos de mi agrado y tendré mi opinión, pero jamás voy a hablar menospreciando tu opción y jamás te voy a criminalizar por hacer lo que haces.

Mientras a mí no me afecte o me haga daño lo que tú haces, adelante.
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Vive y deja vivir.

Hakuna matata, amigos.

Teresa

¡Fuera de mi regla! Normalidad sin retroceso

Una lee el periódico, escucha la radio por las mañanas, mira el telediario, porque quiere estar informada, quiere saber lo que pasa en el mundo y en su país. Pero os juro que cada vez me dan más ganas de coger una mochila con lo básico e irme a vivir a la montaña, a una isla desierta en medio del mar o a cualquier sitio que, como condición indispensable, no tenga acceso ni a internet ni a tdt ni a nada.

El mundo está loco. Eso es algo que sabemos todos desde hace mucho tiempo. Pero hay ocasiones que ocurren hechos que no hacen más que confirmarlo y, a mí particularmente, me indignan. Y que yo me indigne, así como estado permanente, es muy difícil; se me suele pasar rápido.

Resulta que la CUP de Manresa que, como no tenían nada mejor que hacer porque se ve que en Manresa no hay más problemas, se han dedicado a presentar una propuesta para fomentar entre las adolescentes métodos alternativos para usar durante la regla. A ver, que si solamente lees esto no te parece tan mal porque una va en pro del progreso y piensa: “¡Ah! A ver qué métodos proponen que igual me interesan”.

Copas menstruales, compresas de ropa, esponjas marinas y sangrado libre.

Y si no me creéis, os dejo aquí la noticia.

A ver una cosa, mujeres que habéis propuesto estas alternativas: ¿vosotras trabajáis fuera de casa y os pasáis el día haciendo recados de arriba a abajo, u os pasáis el día en vuestra casa cómodas y tranquilitas? Porque yo no paro en todo el día y os prometo que no estoy por la labor de tener que estar sufriendo todo el día e incómoda.

Y habrá quien piense: ¡oh pero te vendes a los intereses de las grandes marcas y es muy poco ecológico! Mira, a lo primero, lo siento en el alma pero estoy ya vendidísima y lo admito; y lo segundo, pues me sabe mal, porque amo mi planeta y creo que nos lo estamos cargando entre todos, pero resulta que me amo más a mí (¡qué egoísta que soy!) y prefiero la comodidad, el bienestar y el no tener que preocuparme por cosas que no lo necesitan.

Si utilizo los métodos más extendidos, puedo ocuparme por completo de hacer bien mi trabajo para lograr un buen futuro y tener independencia económica, puedo ocuparme de formarme continuamente para mejorar como profesional y como persona y me puedo ocupar de lo que me de la real gana, porque no me tengo que preocupar de nada más. Y eso no significa que esté negando mi realidad como mujer, simplemente estoy haciendo que mi menstruación sea lo menos molesta posible (porque lo es, os lo digo yo, que soy mujer y la sufro cada mes, y sé que no es un campo de rosas y algodones, no me vengáis con eufemismos) para que pueda seguir haciendo mi rutina con la mayor normalidad posible.

Claro que habrá gente que pueda permitirse estar cada dos por tres pendiente de su copa menstrual y vaciarla o que pueda andar lavando la compresa de ropa, si no digo yo que no. Pero no lo queramos vender como opciones factibles en todos los casos y mucho menos como opciones que nos permitan reivindicar una normalidad en cuanto a la menstruación.

Porque si a lo largo de la historia, la regla se ha convertido en tabú ha sido, entre otros factores, porque durante muchos años a las mujeres en los días de su período menstrual se las ha considerado infestadas, sufriendo múltiples dolores y quejándose constantemente. Es por eso que alcanzaremos la verdadera normalidad si podemos seguir haciendo nuestras vidas, sin importar si tenemos la regla o no, porque el mundo no se para por ello. Nada tiene que ver el método que utilicemos, pero usemos el que usemos lo primordial tiene que ser que nos permita seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas. Simplemente con algún dolor, pero yo he ido a trabajar o a la universidad con dolores de muelas mucho peores y he seguido haciendo mi vida. Esa es la normalidad. ¿Creéis que una mejor opción sería usar esas compresas de ropa que hay que ir lavando a menudo o el sangrado libre? No sé las demás, pero yo entonces debería quedarme en casa y para cualquier actividad que implicara desplazarme. Y eso no es igualdad.

Porque claro que eso nos diferencia de los hombres, pero no nos tiene que hacer diferentes en deberes y derechos.

No nos engañemos. No os engañéis.

Teresa

 

 

Besa mucho

Creer en algo está bien. Muy bien.

El problema reside en que, cuando aquello en lo que creemos falla, nuestro universo se tambalea.

Porque solemos creer en cosas materiales o en personas. Y ¿qué ocurre? Que esto puede decepcionarnos y, de hecho, lo hace muy a menudo.

Porque el mero hecho de poseer determinado objeto no nos va otorgar unas determinadas características de personalidad; y las personas hoy te pueden decir una cosa y mañana otra. O simplemente irse.

Y en el momento en que nos damos cuenta de esto nos frustramos, nos sentimos decepcionados y creemos que ya no merece la pena creer en nada ni en nadie.

¿La solución?

Empezar a creer en cosas que no nos defraudarán. O, en otras palabras, en conceptos abstractos que al no estar claramente delimitados por definición, podemos adaptar a nuestra medida y siempre van a encajar con lo que necesitemos.

Por ejemplo, yo creo en el poder de los besos.

Porque hay besos que te salvan la vida.

Y si te como a besos, tal vez, la noche sea más corta, no lo sé.

Desde pequeños hemos visto que en los cuentos, todas las princesas tienen como objetivo recibir ese beso de amor verdadero, que será el que ponga el final feliz a su historia dramática. Pero no nos engañemos, es una utopía.

Y cuando crecemos, vamos viendo que hay besos que se dan sin tanto sentimiento y que no están nada mal. Pero tampoco nos terminan de convencer.

Hasta que llega ese que es el definitivo. El que te hace volver a creer en el amor. El que te despierta de ese letargo. El que te hace volver a por más.

Y ¿qué mosca me ha picado a mí hoy?

Resulta que el miércoles se celebra el día internacional del beso y aunque me parezca una soberana tontería y no sepa si los besos son la salvación o la respuesta a todos nuestros males, hay que besar. Besar mucho. Con toda el alma. Hasta que duelan los labios. Sino quizás mañana sea tarde.

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Bésame.

Bésame porque así lo sientas.

Dame un beso en la frente para que me sienta segura, me sienta en casa.

Bésame, aunque sea porque toca, en la mejilla.

Sé un caballero y bésame la mano para que pueda sentirme tu dama.

Cállame con un beso cuando me pierdo entre palabras inconexas por los nervios.

Dame un besito suave, dulce y cálido mientras me abrazas porque estoy rota de dolor para que sepa que estás conmigo.

Róbame un beso furtivamente mientras estamos paseando hablando de nada en concreto.

Cógeme de la cintura por sorpresa, mírame a los ojos y dame un beso de película.

Hazlo como sientas, pero por lo que más quieras, no dejes nunca de besarme.

Aquél beso, aquél 8 de junio, me salvó la vida.

¡Feliz día internacional del beso!

Teresa

 

 

 

 

 

 

 

¿Vives en el pasado o en el presente?

Vivo en una dicotomía. Me encanta recordar hechos pasados que me transportan a estados de felicidad, pero no soporto instalarme en la nostalgia por un largo período de tiempo.

Es muy peligroso entrar en el círculo vicioso de los pensamientos pretéritos. Puedes empezar por un recuerdo bonito, a saber, un momento feliz jugando en el parque con tu abuela o una buena noche de fiesta que pasaste con tus amigos; sin embargo la memoria, que es muy traicionera, te va a acabar llevando a recuerdos que quizás no fueron tan felices, como una discusión con tu mejor amiga o una ruptura sentimental.

Y a pesar de que sabemos todo esto, solemos embarcarnos a menudo en este viaje por la memoria y, lógicamente, lo finalizamos con algún rasguño emocional. Porque recordar es adictivo, es como una droga.

Hasta que aprendemos que, como en todo, la clave está en el equilibrio.

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Todos pasamos por etapas en las que, por alguna razón, porque no nos sentimos bien con lo que vivimos en el momento, nos pasamos gran parte del tiempo recordando momentos pasados que fueron, en nuestra opinión, mejores. Y digo en nuestra opinión, porque seguramente no eran ni mejores ni peores, simplemente nuestras circunstancias en ese momento no eran las mismas. No podemos comparar nuestro yo actual, adulto, con responsabilidades; con nuestro yo pasado en el que teníamos menos preocupaciones, no éramos responsables de tanto y nos creíamos invencibles. El baremo de comparación no es el mismo y si no somos capaces de darnos cuenta de esto, nos quedaremos anclados en la falacia de que el pasado era mejor. Y no lo era. Era distinto.

No digo que esté mal volver con la mente a años atrás, simplemente recomiendo precaución.

Tal y como yo lo veo, hay que disfrutar el presente. Quien me conoce sabe que a veces esto lo digo un poco por decir, porque siempre estoy planeando cosas, pero realmente soy consciente de que no todo en esta vida es susceptible de ser planificado y que hay que dejar que el día te sorprenda. Que quizás no todo lo que habías organizado sale como pensabas pero ¿qué más da? La vida es imprevisible y esa es la mayor aventura que uno puede vivir día tras día.

Por supuesto que hay que guardar los bellos recuerdos que se han vivido y, de vez en cuando, sacarlos de ese cajón en el que los hemos dejado para admirarlos; pero no podemos hacer de eso nuestro modo de vida. Porque entonces no vamos a disfrutar de lo que nos suceda.

Y no se si será mejor o peor que lo anterior, pero lo que si se es que lo único que tenemos de verdad en cada momento es el presente.

Teresa