Jornada de reflexión: El Amor (I)

Querida,

La felicidad, el verdadero sentido de la vida, no es aparentar que eres quién sabe qué. No es gastarte el poco o el mucho dinero que tienes en cosas absurdas que permitan que los demás crean que tienes cierto estatus.

No querida.

La felicidad es levantarte un lunes y que se te haga menos cuesta arriba cuando enciendes el móvil y te encuentras un mensaje de audio suyo diciéndote “Buenos días princesa”.

Es que un martes en el que apenas os vais a ver, te sostenga con ánimos la hora que disfrutáis juntos para comer.

Es que un miércoles no tengas que hacer planes más que decidir qué película ver y a qué cine ir porque es el día del espectador y es vuestra tradición.

Es que un jueves venga él a esperarte al trabajo con la mejor de sus sonrisas pese al calor y que deis paseos interminables para exprimir cada minuto.

Es que un viernes estés esperando con todas las ganas del mundo la hora en la que él sale de clase, le vayas a buscar y hagáis de una cena en cualquier restaurante, la cena más romántica del mundo.

Es que un sábado, que por fin tenéis libre los dos, hagáis mil planes, queráis hacer mil cosas y al final solamente hagáis un par de ellas, porque os basta y os sobra estar el uno con el otro.

Es que un domingo vayáis los dos a pasear cerca del mar, toméis el vermut y volváis a comer con la familia, la que siempre está.

Eso, querida, es el verdadero valor de la vida.

Lo demás son excusas y barreras absurdas que tú te pones por miedo.

Te compadezco. De verdad que sí.

Y te invito, de todo corazón a experimentar el poder absoluto del amor incondicional.

Teresa

 

¡Muévete!

¿Sabéis qué hacía yo cuando era pequeña y, por ejemplo, se me escapaba el balón jugando en el parque? Me tapaba las orejas en vez de salir corriendo a por él.

Imagino que de tanto oír a mi madre decirme: “¡pero corre tras la pelota!”, aprendí que desesperarse y quedarse quieto no sirve de nada y que para solucionar un problema hay que tomar acción.

Intuyo, pues, que todas esas personas que cuando ahora ocurren cosas indignantes en el mundo se quedan quietos lamentándose, no tuvieron la misma suerte que yo y nadie les dijo que para lograr algo, tienes que hacer algo.

Y claro, así nos luce el pelo.

Vivimos en una sociedad llena de gente inmóvil y de lengua muy suelta. ¿Sabéis como le llamo yo a eso? Cobardía.

Nos han hecho creer, no tengo muy claro quien; que decir nuestra opinión desde la comodidad de nuestra casa y desde el anonimato que nos confieren las redes sociales es ser valiente. Pero criticar y no hacer nada por cambiar las situaciones que nos parecen injustas es muy cobarde. No nos engañemos. Que no nos engañen.

O ¿cómo creen que se construyeron las sociedades en las que vivimos actualmente? Pues gracias a gente que no tuvo miedo, que antepuso lo mucho que tenían por lograr a cualquier temor a represalias. Vivimos en un mundo construido por valientes y ¿vamos a negarles a las generaciones venideras ese privilegio?

Tenemos que pasar a la acción sino nada de lo que deseamos va a suceder.

No se qué le pasa a mi generación y a las más jóvenes que, aún no teniendo nada (porque no nos engañemos, tenemos poco), no somos capaces de luchar por nuestros derechos, por aquello que nos pertenece, por lo que es justo.

Tenemos muchísimo más por ganar que por perder.

¡Dejad de quejaros! ¡Salid de casa! ¡Haced algo!

Que yo se que pretender cambiar el mundo es una meta muy grande, pero no hablo de cambiar lo que pasa a miles de kilómetros; hablo de cambiar lo que pasa en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro país.

Porque nos han vendido que no podemos. ¡Y joder si podemos!

Si no hacemos nada, ¿quién lo hará? ¿La pandilla de incompetentes que tenemos por gobierno y políticos? No lo creo.

Aprendamos de una vez por todas que si queremos algo, tenemos que actuar.

Nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres…todos lo hicieron en su momento. Lucharon defendiendo sus ideales, corrieron delante de la policía, se manifestaron enérgicamente por las calles sin parar. ¡Hagámoslo nosotros ahora! Que cuando nuestros hijos, en el futuro, miren atrás puedan estar orgullosos y decir que sus padres fueron unos valientes.

Quizás estoy pidiendo demasiado y como decía Amelie Poulain: “Son tiempos difíciles para los soñadores”; pero yo no me rindo. Yo creo que son tiempos difíciles para todos. Pero para los luchadores, los que imaginan un futuro mejor y actúan para lograrlo, para ellos las cosas no serán tan complicadas.

¿De qué lado queréis estar?

Teresa

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27 cosas que he aprendido en 27 años

Hoy cumplo 27 años siendo más consciente que nunca que cada año que uno cumple es un montón de lecciones que se lleva para su crecimiento personal.

27 años no son muchos y, si hay suerte, aún me queda mucho por aprender.

Pero creo que en estos 27 años de vida, algo he aprendido así que he decidido resumirlo en 27 lecciones vitales.

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  1. Hay tipos de personas a las que no soportarás jamás.
  2. Si el corazón te dice algo, escúchalo.
  3. Si quieres llorar, llora.
  4. Déjate llevar pero siempre con cabeza.
  5. La creatividad puede entrenarse.
  6. En situaciones límites, el cuerpo te sorprende.
  7. Estar soltera no es ninguna desgracia.
  8. Planifica todo lo que quieras pero no te olvides de vivir el presente.
  9. El amor que has dado es amor que nadie te quita.
  10. Confía únicamente en los cambios que tu puedes hacer.
  11. Soñar e idear es en lo mejor que puedes invertir tus pensamientos.
  12. Mamá siempre tiene razón.
  13. Si todo va mal, mamá y papá siempre estarán allí.
  14. Equivocarse es fundamental para crecer.
  15. Salir de fiesta está sobrevalorado.
  16. Probar comidas nuevas abre la mente.
  17. Ser exigente está muy bien y nadie te debe convencer de lo contrario.
  18. Hay que contar siempre hasta 10 antes de dar una opinión.
  19. Las relaciones de pareja serias no son un campo de rosas.
  20. Ir corriendo por la vida no es una buena actitud.
  21. No se debe decir nunca “no puedo”.
  22. Espera muy poco de la gente.
  23. A esta vida hemos venido a pasarlo bien.
  24. Un clavo no saca otro clavo (pero ir clavando mientras te recuperas es divertido).
  25. Escucha, se paciente, deja hablar a los demás antes de decir tu opinión.
  26. Quiérete mucho, por encima de todas las cosas.
  27. Lo mejor está siempre, siempre, por llegar.

Espero seguir aprendiendo mucho más y no dudéis que todo lo que aprenda, lo compartiré por aquí.

Teresa

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¿Vives en el pasado o en el presente?

Vivo en una dicotomía. Me encanta recordar hechos pasados que me transportan a estados de felicidad, pero no soporto instalarme en la nostalgia por un largo período de tiempo.

Es muy peligroso entrar en el círculo vicioso de los pensamientos pretéritos. Puedes empezar por un recuerdo bonito, a saber, un momento feliz jugando en el parque con tu abuela o una buena noche de fiesta que pasaste con tus amigos; sin embargo la memoria, que es muy traicionera, te va a acabar llevando a recuerdos que quizás no fueron tan felices, como una discusión con tu mejor amiga o una ruptura sentimental.

Y a pesar de que sabemos todo esto, solemos embarcarnos a menudo en este viaje por la memoria y, lógicamente, lo finalizamos con algún rasguño emocional. Porque recordar es adictivo, es como una droga.

Hasta que aprendemos que, como en todo, la clave está en el equilibrio.

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Todos pasamos por etapas en las que, por alguna razón, porque no nos sentimos bien con lo que vivimos en el momento, nos pasamos gran parte del tiempo recordando momentos pasados que fueron, en nuestra opinión, mejores. Y digo en nuestra opinión, porque seguramente no eran ni mejores ni peores, simplemente nuestras circunstancias en ese momento no eran las mismas. No podemos comparar nuestro yo actual, adulto, con responsabilidades; con nuestro yo pasado en el que teníamos menos preocupaciones, no éramos responsables de tanto y nos creíamos invencibles. El baremo de comparación no es el mismo y si no somos capaces de darnos cuenta de esto, nos quedaremos anclados en la falacia de que el pasado era mejor. Y no lo era. Era distinto.

No digo que esté mal volver con la mente a años atrás, simplemente recomiendo precaución.

Tal y como yo lo veo, hay que disfrutar el presente. Quien me conoce sabe que a veces esto lo digo un poco por decir, porque siempre estoy planeando cosas, pero realmente soy consciente de que no todo en esta vida es susceptible de ser planificado y que hay que dejar que el día te sorprenda. Que quizás no todo lo que habías organizado sale como pensabas pero ¿qué más da? La vida es imprevisible y esa es la mayor aventura que uno puede vivir día tras día.

Por supuesto que hay que guardar los bellos recuerdos que se han vivido y, de vez en cuando, sacarlos de ese cajón en el que los hemos dejado para admirarlos; pero no podemos hacer de eso nuestro modo de vida. Porque entonces no vamos a disfrutar de lo que nos suceda.

Y no se si será mejor o peor que lo anterior, pero lo que si se es que lo único que tenemos de verdad en cada momento es el presente.

Teresa