Quiero ser mía. Siempre mía.

No soy la princesita de nadie.

No estoy al servicio de ningún hombre.

No valgo en proporción a mi escote.

No soy propiedad de nadie.

Ni yo ni ninguna mujer.

Tú no tienes ningún derecho a decirme lo que puedo y no puedo hacer. No puedes decidir por mí bajo ningún concepto.

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Estamos en 2016 y que aún vea a chicas adolescentes con actitudes parecidas a las de las mujeres sumisas de antaño, me parece aberrante.

¿Cuándo hemos olvidado la lucha de todas la mujeres que nos han precedido?

¿De verdad no nos damos cuenta del mensaje que estamos dando a las mujeres del futuro? Les estamos diciendo (y se lo decimos por todos lo medios posibles, porque vivimos en la era de la comunicación masiva y global) que lo correcto es ponerse al servicio del hombre. Que mientras más carne enseñen y menos hablen mejor. Que sí, que pueden estudiar e ir teniendo una carrera más o menos exitosa, pero la gran meta en la vida tiene que ser encontrar pareja. Que los hombres tienen necesidades que ellas deben cubrir porque sino estos las abandonarán por otra que sí lo haga.

Como decía Mafalda…”Paren el mundo que me quiero bajar”.

Así no avanzamos. Así vamos a estar lamentando casos de violencia doméstica, violencia sexual contra la mujer y vejaciones diarias contra nosotras, durante mucho tiempo.

Digamos a las niñas y chicas que deben tener objetivos, metas y sueños, que claro que tendrán que trabajar duro para alcanzarlos, por supuesto, pero que será la única manera de no tener que depender de nadie. Que ellas mismas tienen que ser capaces de proporcionarse todo lo que necesitan.

Porque si no lo hacen, pueden encontrarse con alguien que se aproveche de ellas, que las anule como personas, que las haga dependientes. Estos hombres que piensan que las mujeres son su posesión, les prometerán la luna con palabras bonitas y adulaciones y después, sin ellas darse cuenta, acaban convirtiéndose en meros floreros sin aspiraciones más allá de su hombre dedicadas a su cuidado y placer.

Y llamadme loca pero creo firmemente en 2016 no podemos permitirnos que ni una mujer termine de esta manera.

Ni una sola.

Una mujer

 

Harta del machismo encubierto

Cada día estoy más harta de esta sociedad machista. De que un día salga un obispo diciendo que si hay mujeres maltratadas es porque estas piden el divorcio. De que para fin de año presente las campanadas una chica medio desnuda haciendo el papel de tonta. De que consideremos normal ver a mujeres semidesnudas en la televisión y en anuncios “porque vende y a los hombres heterosexuales siempre les van a poner las mujeres desnudas”.
Pues no me da la gana. No me da la gana aceptar que vivo en una sociedad así de enferma. Y menos aún que me tenga que oír que me aguante porque esto va a ser siempre así.
Sí claro. Va a ser siempre así, porque vosotros, los hombres que pronunciáis estas frases, no os da la gana aceptar que sois unos machistas, porque ya os va bien ver carnaza, vivís bajo la ley del mínimo esfuerzo y para qué hacer algo.
¡Basta ya! De vivir en una sociedad en la que el cuerpo de la mujer es otro instrumento más para el marketing. Joder… ¡calentaros la cabeza! ¡Intentad buscar otro reclamo publicitario!
Pero claro, ya podemos la gran mayoría de nosotras dejarnos la vida tratando de que se nos valore por nuestras capacidades en vez de por nuestro físico, que siempre habrá la borrega de turno que aceptará seguir el juego y entonces las demás nos fastidiamos.
No me quiero poner épica y empezar a decir aquello de “y ¿dónde quedan todos los años de lucha feminista, todas las mujeres que nos precedieron y batallaron para que ahora nosotras disfrutemos de la igualdad que tantos se merecían ellas y nosotras?”. Pero no queriendo, lo digo.
¿Se piensan estas chicas “modernas e independientes “que somos tontos? ¿Creen que soltando una excusa tipo “la cadena no me ha obligado a vestirme así”, nos lo vamos a creer? ¡Oh claro! ¡Tú te pones medio en bolas en diciembre en Madrid porque te ha dado la real gana!

Vale, quizás me esté dejando llevar. Puede que sí, que las mujeres que aceptan según qué cosas realmente quieran y que acepten venderse por unos días de estar en boca de todos. Sea como fuere, que queréis que os diga, flaco favor nos hacen al resto de mujeres con esos actos tan machistas (¡ojo! ¡Qué digo que lo machista son los actos, no las chicas, no las conozco como para opinar tan a la ligera!).
Me parece bien que queráis estar en boca de todo el mundo y que os merezca más la pena que el haceros valer y respetar. Vale, es vuestra opción. Pero, a ver, un poco de sentido de género. No nos perjudiquéis al resto de mujeres. En esta sociedad en la que vivís y que os aplauden como borregos que salgáis casi desnudas, también hay niños, niñas y adolescentes a los que alguien les debería advertir que eso no es normal. Que no es normal que una chica tenga que mostrar su cuerpo para que le hagan caso. Que no es en absoluto normal tener que hacerse la tonta para resultar más simpática, caer mejor a la gente y que los hombres se fijen en ti.

Porque luego todos nos ponemos las manos a la cabeza cuando vemos casos de adolescentes que sufren bullying con consecuencias extremadamente graves. Pero no somos capaces de ver donde puede nacer el problema y menos aún somos capaces de decir: “¡ostia arreglémoslo!, tratemos de cambiar de mentalidad, por dignidad”.

Que ya sabemos que ser mujer joven es muy jodido, que nos bombardean constantemente con cremas para “parecer más joven”, maquillaje para “estar más bella” o ropa que “te hará ver más delgada”. Pero…ya basta ¿no? Favorezcamos la aceptación personal del físico, mostremos distintos tipos de mujeres en televisión y publicidad. Cambiemos, de una vez por todas, el prototipo de mujer joven y tonta como el ideal para vender. No nos hipotequemos como sociedad a las marcas. No vendamos el futuro de nuestras mujeres a los intereses comerciales.
Teresa