Perrachica. Brunch con clase en Madrid.

Si hay un sitio de Madrid que me moría de ganas por probar, ese era Perrachica.

Me habían hablado muy bien de él y que era alucinante tanto para cenar como para brunch, y como no pudimos reservar para cenar porque estaba llenísimo, fuimos el domingo a tomar el brunch.

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Como era muy pronto y estaba prácticamente vacío, pudimos apreciar su fantástica decoración en todo su esplendor.

La entrada es súper colorida y nos transmite a un entorno casi tropical y con mucha alegría.

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El interior es ligeramente diferente, con un toque más clásico, más glamouroso y sobrio, todo en madera, con pinceladas industriales y barrocas que a mi me encantaron y me fascinaron.

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Ambos espacios tienen mucho encanto y merece la pena fijarse en cada detalle porque cada rincón es fuente de inspiración.

El servicio en general fue correcto, pero me veo en la obligación de mencionar que una de las camareras nos hizo ponernos un poco nerviosos en algún momento. Iba muy lenta, no estaba atenta a los clientes, le costaba enterarse de lo que le decíamos y el trato con los clientes no era especialmente amable. Por suerte, un compañero suyo tenía la suficiente capacidad de reacción y vino a nuestra mesa rápidamente a intentar solucionar los líos de la pobre chica.

Pero como yo siempre soy de quedarme con lo bueno y olvidar lo malo, vamos a lo mejor: la comida. Tomamos una ensalada de frutas para compartir, que estaba riquísima, y para variar del brunch anterior, tomamos unos Latin Eggs Benedict con base de arepa, huevos poché, aguacate, jamón ibérico y salsa holandesa, que estaban espectaculares y que a mí me gustaron mucho más que los normales.

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Fue una muy buena experiencia en general, no nos defraudó y, aunque quizás no es la opción más económica del mundo,estoy segura que la próxima vez que vayamos a Madrid repetiremos y probaremos de ir a cenar ya que por la noche debe haber un ambiente muy romántico.

Teresa

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El Columpio. Romanticismo divertido en Madrid.

Siempre que voy a Madrid, me gusta pasear por el barrio donde vivía y recordar lo bonita que fue aquella época.

Esta vez, decidimos que la última cena que hiciéramos en Madrid sería allí y por eso nos decidimos por El Columpio. La verdad es que fue muy buena idea.

¿Dónde está?

Encontramos El Columpio en la calle Caracas 10, muy cerca del metro Alonso Martínez, en el barrio de Chamberí.

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¿Cómo es la decoración?

El local está decorado de manera sencilla, en madera con toques de color conformando un ambiente muy romántico y delicado.

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¿Cómo nos trataron?

El personal fue muy amable en todo momento, a pesar de la gran cantidad de gente que tenían. Puede que fuera casualidad, pero nos dieron una mesa en una parte del local en la que únicamente había mesas de parejas, alejadas de la zona de grupos; de manera que estuvimos más tranquilos. El único problema fue que había tan poca luz para que fuera más íntimo que me las vi y desee para que salieran bien las fotos; ahora bien, para el momento pareja fue de 10.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un Wok de setas, brotes de soja, espárragos y pimientos que estaba espectacular y era una muy buena opción para compartir; y una Causa limeña, un plato típico de la gastronomía peruana a base de papa amarilla peruana, ají y limón y que nos llamó la atención porque no lo habíamos probado nunca. La verdad es que no estaba mal y tenía un sabor peculiar porque uno no se espera el toque del limón; pero a mí no me entusiasmó demasiado (pero bueno, las cosas están para probarlas).

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Después cada uno pedimos un plato principal. David pidió un Arroz con setas que probé y estaba riquísimo; y yo me decanté por el Tártar de atún rojo con aguacate que cada vez que lo tomo me gusta más.

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Como postre y ya que estábamos bastante llenos, decidimos tomar dos sorbetes de mandarina con un toque de licor que fueron el final perfecto.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo nos costó 77,5€, es decir, 38,75€ por persona incluyendo 4 platos, 2 postres y una botella de vino. Barato no es y, en mi opinión, la relación calidad-precio resulta un poco cara ya que todo estaba muy rico pero en comparación con otro restaurantes que hemos probado, pues los hemos visto mejores a mejor precio.

Valoración global

No es un mal restaurante en absoluto y, de hecho, pasamos una noche romántica fantástica cenando allí. La decoración nos encantó y la comida nos gustó mucho también.

Quizás por el precio no repetiríamos cada fin de semana, pero es una buena opción para un plan especial.

Teresa

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Una noche en Malasaña

Una de mis cosas favoritas de mis escapadas a Madrid es quedar con mi amiga Paloma y que me lleve o por La Latina o por Malasaña, a los sitios que ella quiera. Quizás es porque así no tengo que pensar yo donde ir; pero sobretodo es porque adoro los sitios que ella conoce y, por encima de todo, la adoro a ella.

Así que he decidido que podía ser buena idea contaros a donde nos llevó esta última vez, ya que nos descubrió rincones muy chulos y fuimos también a grandes clásicos.

Empezamos la noche en La Tita Rivera, en calle Pérez Galdós 4, tomando unas sidras granizadas que David y yo no habíamos probado nunca y que nos encantaron por lo diferentes y sorprendentes que eran. Además el lugar nos gustó mucho aunque estaba llenísimo.

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Después, había que comer algo y Paloma nos convenció de donde ir con un: “os voy a llevar al sitio al que fueron los U2 a comer croquetas”. Tras el segundo de colapso mental, nos dejamos llevar y aparecimos en la puerta de Casa Julio, en calle de la Madera 37, un local de los de toda la vida, lleno hasta los topes y con las paredes repletas de personajes famosos que han ido allí a probar sus croquetas. Como buenamente pudimos, nos acercamos a la barra y pedimos unas copas de vino y unas croquetas. Estaban deliciosas y, aunque a mi siempre me asustan porque depende de como me sientan mal, no eran nada pesadas.

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Al salir de allí, y siendo conscientes que necesitábamos comer un poco más, empezamos a andar buscando algún sitio y, tras dejar atrás muchos sitios que estaban hasta la bandera, encontramos Bocadillo de jamón y champán, en calle Pez 36. Antes de probar nada, ya nos encantó el estilo del local y, claro, beber champán es siempre una buena idea.

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“Solo bebo champán en dos ocasiones. Cuando estoy enamorada y cuando no.” Coco Chanel

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Como somos muy obedientes, si el restaurante se llama Bocadillo de jamón y champán, nosotros pedimos eso. ¡Qué rico estaba ese bocadillo de jamón para compartir!

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Y para finalizar la noche, fuimos a uno de los locales míticos de la noche madrileña, el Penta, en calle de la Palma 4, para bailar música ochentera (y no tan ochentera) hasta que no pudiéramos más.

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Si os gusta la música de los 80 y de todo el movimiento de la movida, os lo recomiendo mucho. Disfruté muchísimo. Además, entrar allí es teletransportarse en la historia de este país, es rendir homenaje a grandes músicos que nos hicieron vibrar y cuyo legado es eterno.

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“Dime que es mentira todo, un sueño tonto y no más”             Antonio Vega – Lucha de gigantes

Espero que os haya gustado esta idea de noche por Malasaña. Es un barrio con mil sitios a los que ir y a la gracia está en ir a uno distinto cada noche que se pasa allí.

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Ahora bien, también es verdad que mi Malasaña es especial porque está ella. Paloma hace de Madrid un lugar mejor; ella hace que tenga siempre ganas de volver.

Ella es mi rincón favorito de Madrid.

Teresa

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Dray Martina. Brunch con mucho estilo en Madrid.

Creo firmemente que el brunch es uno de los mejores inventos de la sociedad moderna. Y claro, estando un fin de semana en Madrid, tenía que aprovechar al máximo varias opciones para tomarlo.

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El primer sitio al que fuimos fue a Dray Martina. Tenía muchísimas ganas de probarlo y lo cierto es que a pesar de las altas expectativas, no me defraudó en absoluto.

Está en la calle Argensola 7, en el barrio de Chueca, y es un espacio encantador y lleno de rincones mágicos.

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La decoración es de ensueño. Es preciosa. Yo no podía dejar de mirar cada detalle; estaba maravillada y tomando buena nota mental de ideas decorativas. La madera le da ese toque de calidez tan especial y las sillas rollo antiguas le dan un aire vintage muy bonito. También cabe destacar lo preciosa que era la vajilla; colorida, con dibujos marinos muy monos pero sin ser demasiado cargada.

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Tomamos una ensalada de fruta para compartir y, cómo no, unos huevos benedict; porque sin ellos un brunch no es brunch.

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Todo, la comida más dos cafés, nos costó 24€. No me parece mal precio. Claro está que no es una opción barata pero por la calidad del producto que ofrecen, lo bonito y especial del local y la buena atención; me parece un precio bastante adecuado.

Toda la comida estaba deliciosa y, como he dicho antes, no nos defraudó en absoluto y salimos de allí súper felices y con las pilas cargadas de energía para poder pasear y turistear el resto de la mañana.

Teresa

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La Bola. Auténtico cocido en Madrid.

La primera vez (o de las primeras veces) que uno va a Madrid, tiene que comer cocido madrileño. Porque creo firmemente que para entender bien una sociedad, se deben probar sus platos más típicos ya que dicen mucho de ellos.

Así que decidí que, para que David entendiera un poco más la sociedad madrileña, era una buena idea que probara el cocido madrileño; así que le lleve al restaurante al que fui a comerlo la primera que estuve en Madrid con 12 años: La Bola, un sitio en el que desde 1870 se sirve este plato.

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¿Dónde está?

Encontramos La Bola en la calle de la Bola 5, muy cerca de Gran Vía y de Plaza de Oriente.

¿Cómo es la decoración?

Clásica y llena de historia.

Todo el local está decorado en madera rojiza y en tonos verdes y rojos que le dan un encanto clásico. Además, gracias a las distintas fotos que cuelgan en ellas, en sus paredes se nota el largo recorrido de este restaurante y siendo parte de su enorme magia.

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¿Cómo nos trataron?

Se nota que los camareros están más que acostumbrados a recibir mucha gente, de todas las procedencias y de todo tipo, ya que fueron muy amables y muy rápidos en el servicio.

¿Qué comimos?

En esta ocasión sobra decirlo; obviamente, cocido. Lo especial o llamativo es el ritual con el que nos lo sirvieron.

Primero, nos trajeron a la mesa una jarra de barro en la que está todo lo que nos íbamos a comer; y a continuación un plato vacío, únicamente con fideos.

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Después, no vertieron el contenido de la misma en el plato para que pudiéramos comernos la deliciosa sopa, tan característica con ese color rojizo.

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Una vez nos la terminamos, nos sirvieron el resto del contenido, es decir, los garbanzos, la carne (pollo, chorizo…) y nos preguntaron si queríamos col o no para servirnosla también. Estaba todo delicioso y era un espectáculo para los sentidos.

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Al lado, en un recipiente a parte, nos sirvieron una salsa de tomate riquísima para que pudiéramos ir acompañandolo todo. He de decir, que aunque estabamos llenos a más no poder, aún íbamos teniendo un rinconcito para ir mojando en la salsa un poco de pan. Era un vicio.

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He de confesar que ninguno de los dos pudimos terminarnos el plato entero. Disfrutamos como niños pero la ración era tan abundante que no hubo manera de acabarnosla.

Y…¿cómo está de precio?

Cada cocido cuesta 21€. Aquí sí que no hay duda; por la cantidad y la calidad de lo que te ofrecen es muy buen precio.

Valoración global

Fue una experiencia muy especial para nosotros. Poder ir viendo como David probaba algo que jamás había tomado fue algo bonito.

Además, todo estaba muy bueno y lo cierto es que salimos del restaurante llenísimos y directos a dormir la siesta, pero felices y satisfechos de haber tomado un buen producto.

Recomendadísimo para cualquier persona que vaya a Madrid y quiera probar el típico cocido madrileño y de calidad, y rodearse de un ambiente lleno de historia y tradición. Eso sí, hay que ir mentalizado a que a La Bola se va a comer y mucho.

Y si me preguntáis, aún no he llegado a ninguna conclusión certera acerca de lo que el cocido dice sobre la gente de Madrid. Sigo reflexionando.

Teresa

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