La cuina de l’Uribou. Cocina japonesa de calidad en Barcelona.

Uno de los primeros restaurantes de los que David me habló cuando empezamos a salir fue La cuina de l’Uribou. Y siempre me contaba que una profesora de japonés de su hermano se lo había recomendado y que a ellos les encantaba y que teníamos que ir.

Lo que a mí no deja de sorprenderme, es que desde entonces solamente habíamos ido una vez. Así que este fin de semana pasado, fuimos a ponerle remedio.

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¿Dónde está?

Encontramos La cuina de l’Uribou en la calle Taquígraf Serra 26, cerca de la parada de metro Entença.

¿Cómo es la decoración?

Muy sencilla y sobria, nada espectacular pero cuidada.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El camarero que nos atendió fue muy amable y nos explicó detalladamente cada plato que nos sirvió. Además nos aconsejó excelentemente sobre lo que queríamos pedir.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado sobre las 14:30h. Cuando llegamos había mesas ocupadas pero también mesas libres. El único “pero” que le encontraría es que las distintas mesas estaban muy pegadas entre ellas y había poca intimidad.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos Shumai, unos saquitos de masa wonton con langostino y cerdo cocidos al vapor, servidos con dos salsas. Estaban riquísimos, con un sabor muy intenso y una textura excelente.

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David también decidió pedir una ostra natural porque hacía mucho tiempo que no comía una. Vamos, lo normal, que le encantó.

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Como platos principales, David pidió la tempura de cangrejo de caparazón blando con huevo a baja temperatura. A él le encantó y le pareció que tenía una textura de lo más peculiar y un sabor delicioso y bien marítimo. Yo el cangrejo no pude probarlo porque me daba repelús solo mirarlo, pero la salsa con el huevo a baja temperatura sí y me pareció deliciosa y muy original.

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Yo pedí unos makis que el camarero nos comentó que tenía aunque no constaban en la carta, de pato y foie. Claro, yo al oir la palabra foie es que ni me lo pensé. Y menos mal. Estaban deliciosos, suaves de sabor pero muy equilibrados. Lo único es que el camarero no me advirtió de que llevaban espárragos y yo no los soporto, por suerte se quitaban fácilmente y David se los comió encantado.

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Como David se quedó con un poco de hambre y había visto unos erizos de mar que le habían llamado la atención, decidió pedir uno en sashimi. Jamás había comido uno pero le encantó sobre todo por el intenso sabor a mar que a él tanto le gusta.

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Y como estábamos contentos porque era el primer fin de semana libre que teníamos los dos a la vez en bastante tiempo, decidimos darnos un gusto con un meloso de chocolate espectacular y de vicio.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una copa de vino y una cerveza) nos costó 65€.

Valoración global

A David ya le tenían convencido, obviamente, y a mí me han ganado esta vez por el trato ofrecido y por el producto de calidad que sirven.

Quizás, para mi gusto personal, es un restaurante al que si voy 2 o 3 veces ya he probado todos los platos que soy capaz de comer porque hay algunas opciones en carta que no están hechas para mi paladar (erizos, ostras, cangrejo…) pero aún así, sé que hay platos que podría comer una y otra vez porque están deliciosos. Además, quién sabe si en una de las visitas me animo y empiezo a probar algunas cosas nuevas.

Muy recomendado para ocasiones especiales con acompañantes que sepáis que les gusta este estilo de comida.

Teresa

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Family Room. Cafetería familiar en Barcelona.

Vivo en la constante búsqueda de bares o cafeterías monos a los que ir una tarde a tomar algo y recargar energías al salir del trabajo. Además, hay que sumarle que me apasiona descubrir nuevas zonas por las que no suelo pasear tanto y descubrir rincones por los que perderme e inspirarme.

Hace poco, en una de estas tardes fuimos paseando hasta la plaza de la Concòrdia, en el barrio de Les Corts, y nos vimos contagiados por el ambiente tan familiar que se vive allí. Y de pronto recordé que había visto unas fotos de una cafetería muy bonita que estaba cerca y decidimos acercarnos a hacer una parada técnica en nuestro paseo y recuperar energía.

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Family Room Café está en la calle Joan Gamper 13, cerca del centro comercial L’Illa Diagonal.

La entrada al local es muy discreta y uno se tiene que fijar que la cafetería está allí pero, como siempre, lo importante y lo bueno está en el interior.

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La decoración es sencilla pero extremadamente acogedora, con tonos muy claros y con unos toques de madera que le dan un halo muy hogareño al local.

Pero uno de los puntos más atractivos de Family Room es que, como podemos intuir por el nombre, es un espacio pensado para que ningún miembro de la familia se sienta excluido. Así, en un rincón de la cafetería, encontramos un espacio bastante grande con varios juguetes, construcciones de madera, pizarra y mesas bajas para que los más pequeños puedan sentirse a gusto allí.

No tengo hijos ni primos pequeños con los que me vea en situación de tener que entretenerles, pero sí he vivido años atrás el estar en un bar con un crío pequeño y tener que echar mano de imaginación para que no se aburriera o se sintiera fuera de lugar; así que me parece genial que existan este tipo de espacios en los que los mayores pueden tomar algo relajadamente y los niños pueden estar jugando y socializar con otros en un espacio pensado específicamente para ellos.

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¿Y qué podemos tomar en Family Room? Pues lo que nos apetezca. Una copa de vino, una cerveza, un refresco, un zumo…realmente, lo que queramos. Nosotros nos decidimos por un hummus riquísimo y bastante abundante, porque era ya bastante tarde y estábamos hambrientos. Para acompañarlo, a David se le antojó una cerveza y yo vi que tenían unos zumos muy apetecibles y me pedí uno.

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Un detalle que creo que tengo que destacar, porque me llamo positivamente la atención, fue que mi zumo llevaba manzana y se les habían terminado. En muchos otros sitios me hubieran dicho que no me podían hacer ese zumo y punto; sin embargo, el chico que nos atendió me dijo que iba a tardar un poco más porque su compañera había ido a por manzanas. Me pareció todo un detalle que, sin duda, marca la diferencia con otros locales en los que no harían eso jamás.

Así que si estáis dando una vuelta por Les Corts y os apetece tomar algo sencillo en un lugar mono o si vais con niños pequeños y queréis que estén también a gusto, os recomiendo que os paséis por Family Room. Seguro que os gusta.

Teresa

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Hidden Café. Para tomar café y matcha en Barcelona.

¿Sabéis como se encuentran los mejores sitios, no? Efectivamente. Por casualidad.

Un sábado, trasteando por Instagram (¡cómo no! ¿que hacía yo con mis ratos muertos antes?), encontré una foto de un delicioso matcha latte que me dejó obsesionada el resto de día y me puse pesada con que quería ir a probarlo. Así que investigué un poco (porque a mí cuando se me pone algo entre ceja y ceja, no paro) y vi que esa maravilla la hacían en Hidden Café (c/ Constança esquina Déu i Mata), una cafeteria/teteria/y mucho más que abrió a principios de junio, y que, de primeras, tenía muy buena pinta.

Y allá que fuimos a pasar la tarde.

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Lo cierto es que en Hidden Café se respira un aire especial, muy tranquilo, para relajarse, y en el que se nota que las personas que trabajan en él y que lo han creado, realmente, aman lo que hacen.

El local está decorado casi por completo con madera clarita, lo que le da un aire muy acogedor y resulta muy inspirador.

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Están especializados en cafés, de los que disponen una gran variedad, y también tienen una carta bastante buena de matchas, lo cual fue una grata sorpresa y algo que le añade mucho valor.

Yo, por supuesto, pedí el Matcha Latte que tanto deseaba y que no me decepcionó en absoluto, pero hay muchas más opciones para tomar: café, zumos naturales, bocadillos riquísimos, cerveza…lo que queráis; por ejemplo, David pidió un zumo reset para volver a poner a punto el organismo.

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La verdad es que nos pareció un lugar muy mono para ir una tarde a merendar, una mañana de fin de semana a desayunar o en cualquier otra ocasión que queráis disfrutar de manera relajada y tranquila.

Además, tiene el añadido que está muy cerca del centro comercial L’Illa Diagonal por lo que resulta también una opción estupenda para ir a descansar después de una jornada intensa de compras.

Os lo recomiendo mucho y tiene el añadido de que, por la zona, hay pocos sitios de ese estilo y eso le suma valor. Nosotros, repetiremos.

Teresa

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