Juanita Lalá. Diversión y buenos cócteles en Barcelona.

El verano es diversión y colorido, y encontrar sitios que aúnen estos dos conceptos es siempre una satisfacción. Por eso, cuando una mañana paseando cerca de la Barceloneta descubrimos Juanita Lalá, decidimos que esa misma noche acudiríamos allí a cenar porque nos parecía un restaurante muy interesante.

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¿Dónde está?

Encontramos Juanita Lalá en la Plaça Pau Vila 1, 08039 Barcelona. Muy cerca del mar, lo cual incrementa su encanto y cerca de una zona sumamente agradable para pasear mientras se disfruta de la brisa marina.

¿Cómo es la decoración?

Aunque desde fuera parece que vaya a ser un local más tropical, más hawaiano por llamarlo de algún modo, lo cierto es que es una mezcla algo extraña entre una estética industrial con pinceladas concretas de color y reminiscencias playeras que no está nada mal. Eso sí, para mi gusto le faltaba un poco de luz.

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¿Cómo nos trataron?

El personal fue encantador. A pesar de que estaban hasta los topes de gente, nos trataron extremadamente bien, se preocuparon por nosotros en todo momento y nos fueron aconsejando sobre los platos.

¿Qué comimos?

Empezamos con uno de nuestros clásicos: el Hummus. Por alguna razón nos encanta probarlo en todos los distintos sitios a los que vamos. En Juanita Lalá lo sirven de 2 colores (normal y de remolacha) con una especie de pan de pita. Estaban ambos muy buenos y se notaba que eran naturales.

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Como plato principal, David pidió el Pulpo a la parrilla que estaba delicioso, tierno y fresquísimo; y yo me decanté por una Hamburguesa veggie que, aunque de sabor estaba espectacular era un poco seca y para mi gusto le faltaba algún tipo de salsa que la hiciera algo más melosa.

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Para terminar, y aunque no íbamos a tomar postre, el simpático camarero nos tentó y nos aconsejó tomar las Croquetas de chocolate. Suerte que le hicimos caso porque estaban muy buenas y fueron un postre muy diferente que merece la pena descubrir y al que la foto no le hace justicia.

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Aunque sin ninguna duda, lo que más nos sorprendió y de lo que más disfrutamos fue de los cócteles. Yo tomé un Margarita Blue espectacular y David un Mojito Jagger a base de Jaggermeister. Potente, potente. Lo cierto es que había tantas opciones que fue lo que más nos costó elegir, mucho más que la comida.

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Y…¿cómo está de precio?

En mi opinión, un poco caro para lo que es.

Todo nos costó 67,45€ y, aunque es cierto que tomamos varias bebidas, creo que en este caso no está justificado el precio elevado, o no en todos los platos. Por ejemplo, el pulpo era el plato más caro (casi 18€) y es cierto que estaba muy bueno y con producto de gran calidad; pero pagar casi 14€ por la hamburguesa veggie me pareció excesivo.

Valoración global

Aunque seguramente no es un sitio al que acudiríamos cada fin de semana a cenar, probablemente sí que repitamos para tomar un cóctel ya que nos gustaron muchísimo y tienen una gran variedad. La comida nos gustó pero no nos entusiasmó como debería haberlo hecho. Aún así, he oído que el brunch está muy bien, de modo que es muy probable que le demos una segunda oportunidad. Siempre hay que darlas.

Teresa

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Green Spot. Comida vegetariana con estilo en Barcelona.

Estaba claro. Una vez metidos de lleno en esta espiral de vida sana en la que llevamos ya algún tiempo, teníamos que ir a Green Spot, sí o sí.

¡Y qué buena decisión!

Fue una magnífica experiencia que os detallo a continuación.

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¿Dónde está?

Encontramos Green Spot en una ubicación excepcional, muy cerquita del Born, en la calle Reina Cristina 12. Bastante céntrico y con muchas opciones de ocio al salir de cenar.

¿Cómo es la decoración?

Sencilla, minimalista y mágica.

Predomina el blanco y la madera dotando al espacio de un aire rural pero con estilo. Además con la luz tenue, impregna al comensal de un estado de tranquilidad ideal para cenar relajadamente y disfrutar del momento.

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¿Cómo nos trataron?

Muy bien.

Todo el personal estuvo muy atento a nuestras necesidades, resolvieron nuestras dudas cuando las tuvimos y, aunque estaban realmente atareados porque el restaurante estaba lleno, no nos desatendieron en ningún momento, únicamente tuvimos que esperar más.

¿Qué comimos?

Decidimos que, ya que era nuestra primera vez y estábamos comprometidos con el objetivo de probar el mayor número de platos posibles, compartiríamos la mayoría de los platos para hacernos una idea más global del restaurante.

Empezamos tomando una Muhammara de pimientos rojos y nueces con pan de pita y crudités de apio y zanahoria que estaba muy rica y conformaba un entrante ideal.

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Después tomamos el Curry Spot con arroz negro, un plato sorprendente, muy bien presentado, bastante suave para ser curry y muy bueno.

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También probamos el Carpaccio de kohlrabi, espirulina, pistachos y vinagreta de tamarindo, presentado de manera muy bella y que estaba delicioso; y unos Tacos de berenjena y calabacín que aunque era un plato muy sencillo, estaban muy ricos.

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Y cómo no, teníamos que probar su famosa Pizza negra de carbón activado (sí, sí, negra). La verdad es que es un plato sorprendente, que al menos yo no había visto en otros sitios y espectacular. Además de la masa tan especial, lleva calabaza, chalotas caramelizadas, queso de cabra y pistachos, y todos estos ingredientes juntos construyen una mezcla de sabores diferente y deliciosa. 100% recomendable si vais a Green Spot.

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Lo cierto es que no pudimos parar ahí y nos dejamos llevar por la carta de postres porque queríamos vivir la experiencia hasta el final.

Probamos el Crumble de ruibarbo, fresa y salsa de vainilla, el Brownie vegano y la Tarta de chocolate negro; todos ellos deliciosos, de otro mundo.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo nos salió por 96,95€ y, dado que éramos 4 personas, nos salió por 24,2€ por persona. La verdad es que la relación calidad-precio es excelente y en cuanto a cantidades también está muy bien, es ideal para compartir platos.

Valoración general

Magnífica.

Personalmente me encantó y es muy probable que repitamos para probar otros platos (las ensaladas me han quedado pendientes…).

Sin duda es un restaurante que tiene muy merecida la fama y el “hype” que tiene actualmente. Muy recomendable a todas aquellas personas amantes de probar cosas nuevas constantemente y de dejarse sorprender por los sitios.

Creo que es necesario que existan lugares así en los que comer de manera sana e incluso siguiendo una alimentación vegetariana, con un estilo exquisito y con una alta calidad.

Teresa

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Sushiraku. Sushi de autor en Barcelona.

Todos sabemos que lo que más funciona a la hora de descubrir nuevos restaurantes es el boca a boca. O leer posts sobre ellos en blogs (autobombo así porque sí…jejeje).

Pues bien, hace unos días, una de mis mejores amigas, y otra amante de los buenos restaurantes, nos descubrió hace unos días el restaurante Sushiraku, un pequeño local muy auténtico y tranquilo en el que descubrir de primera mano la comida japonesa.

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¿Dónde está?

Encontramos Sushiraku en la calle Londres 84 (sí, ya sé que parece que no haya más zonas en Barcelona, prometo que próximamente ampliaremos el radio de acción).

Céntrico, bastante bien comunicado y cerca de un montón de opciones de ocio nocturno para después de cenar.

¿Cómo es la decoración?

Si, como es mi caso, uno nunca ha visitado Japón, cuando entra en el restaurante tiene la sensación de estar adentrándose en un auténtico restaurante japonés.

La decoración, en la que predomina la madera y los colores burdeos y blancos, es muy sencilla, sin grandes estridencias pero muy efectiva a la hora de crear una atmósfera de tranquilidad.

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¿Cómo nos trataron?

El servicio fue excelente. La chica que nos atendió estuvo pendiente en todo momento y nos indicó como debíamos comer cada plato, si teníamos que mojarlo en salsa de soja o no, que elementos combinaban mejor e incluso nos enseño como enrollar tartar de atún con una hoja de lechuga con los palillos al puro estilo japonés. De 10.

¿Qué comimos?

Nuestra idea inicial era pedir cada uno un plato pero, al ser varias personas, terminamos picando todos de todo así que disfrutamos muchísimo más.

Empezamos con nuestros entrantes favoritos siempre que vamos a un restaurante japonés, unos Gyoza riquísimos y diferentes a los que habíamos probado hasta ahora, y unos sencillos pero deliciosos Edamame a los que me estoy aficionando mucho últimamente.

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A David se le antojó un tataki de atún con erizo que, según él, estaba delicioso, y unos Rainbow Maki para completar; y yo, ante tanto plato extraño para mí, para no arriesgar demasiado me decanté por unos fideos Udon con tempura de langostino que estaban francamente buenos.

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Mis amigas pidieron unos makis (de cuyo nombre no puedo acordarme, disculpad) muy bien presentados y muy sabrosos.

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Pedimos también un tartar de atún para compartir entre todos que estaba delicioso, pero imagino que el ansia por comérnoslo, nos impidió hacer la foto.

Y para rematar, terminamos con un mochi de té verde que estaba sublime. De verdad os digo que de los mejores mochis que he probado.

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Y…¿cómo está de precio?

Bastante bien. Nos salió por unos 25€ aproximadamente por persona.

La verdad es que la relación calidad-precio está francamente bien. Ofrecen un muy buen producto, cocinado de manera tradicional y artesana y con un servicio excelente; de modo que, al menos para mí, merece la pena pagar ese precio.

Valoración global

Como siempre me pasa con este tipo de restaurantes, me cuesta hacer una valoración extremadamente buena porque no son de mis favoritos. Sin embargo, creo que se apreciar la calidad cuando la veo y en Sushiraku la encontré.

Me encantó el hecho de que, al ser un restaurante medio desconocido para el gran público y al estar un poco escondido, el ambiente era muy tranquilo y muy relajado, ideal para disfrutar de una cena con amigos relajada en la que poder conversar tranquilamente.

Si a eso, le sumamos que nos atendieron fenomenal, fueron muy amables en todo momento y que la comida estaba muy buena, el resultado es una experiencia extraordinaria y 100% repetible.

Personalmente, recomiendo Sushiraku a todos/as aquellos/as amantes del sushi y de la comida japonesa en general que quieran un pequeño oasis de Japón en medio de Barcelona.

Teresa

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Bendita Helena. Una joya saludable en Barcelona.

Estoy entregadísima a la vida sana. Es un hecho.

Y además he descubierto un concepto que desconocía hasta el momento y que me ha enamorado: el flexitarianismo. Consiste, en rasgos generales, en ser flexible con la alimentación y aunque se basa en una alimentación vegetariana, contempla el consumo de carne de manera ocasional.

¿Y cómo lo descubrí? Pues porque en mis búsquedas habituales de viernes en El Tenedor, apareció el restaurante Bendita Helena, que se define como restaurante flexitariano, diferente, orgánico y basado en el comfort food.

Con esta declaración de intenciones, ¿cómo no íbamos a probarlo?

¿Dónde está?

Encontramos Bendita Helena en la calle Galileu 261 de Barcelona, y está un pelín escondido, como todo lo que merece la pena buscar.

También les podéis encontrar en Facebook y en Instagram.

¿Cómo es la decoración?

Nada más entrar mis palabras fueron: “¡parece de cuento!” Y es que, con una decoración sencilla, consigue atraparnos y crear un ambiente romántico y relajado. Esas mesas de mármol, esas sillas de modelos dispares, esos azucareros vintage…es todo perfecto para crear un ambiente muy acogedor.

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¿Cómo nos trataron?

Las chicas que nos atendieron fueron muy amables. Estuvieron por nosotros, nos aconsejaron bien y lo hicieron todo con la mejor de sus sonrisas. ¡Así da gusto!

¿Qué comimos?

Empezamos con la Paleta Degustación, una combinación de varios aperitivos (humus, olivas, mash de aguacate, curd de remolacha, haloumi al grill, queso roquefort, mermelada de calabaza y pan artesano) que estaba muy bien presentada (realmente era una paleta de pintor con sus espátulas), deliciosa e ideal para probar una pincelada de todo.

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Como plato principal, David optó por los Huevos Camperos con Salmón que tenían muy buena pinta y, según él, estaban muy ricos; y yo me decanté por los Zucchini Noodles con pesto vegano, que eran una auténtica delicia y cada vez que tomo estos spaguetti de calabacín me doy más cuenta que son ideales para saciar el deseo de comer pasta sin comerla.

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Para terminar, nos dejamos tentar deliberadamente por la chica, que nos sugirió probar el Raw Super Cake, una tarta de chocolate con una base de frutos secos y con frutos rojos, que estaba espectacular.

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Y… ¿cómo está de precio?

Genial.

Todo nos costó 47,4€, es decir, 23,7€ por persona; y teniendo en cuenta que comimos y bebimos bastante es muy buen precio para una cena.

Además, la relación calidad-cantidad-precio es excelente.

Valoración global

Bendita Helena ha sido todo un descubrimiento.

Todos los detalles nos han cautivado. Desde la localización en una calle donde no te esperas que haya una joyita así hasta la comida deliciosa y extremadamente bien presentada, pasando por el ambiente juvenil y delicado que ofrece.

Como ya he dicho al principio, cada vez estoy más entregada a la comida sana, que no necesariamente vegetariana, y descubrir restaurantes que ofrecen alternativas saludables, de calidad y a buen precio es siempre un placer.

Una joya totalmente recomendable.

Teresa

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Monster Sushi

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Una semana más, no sabíamos dónde comer y acudimos de nuevo a El Tenedor para inspirarnos. Monster Sushi nos llamó la atención por las fotos de los platos, por las buenas puntuaciones y por la zona en la que está situado, así que nos decidimos y fuimos.

Aquí va nuestra experiencia:

¿Dónde está?

Encontramos Monster Sushi en la Plaça de Gal·la Placídia, 25 (Barcelona).

Podéis consultar más en su web y reservar mediante El Tenedor (recomiendo reservar porque se llena mucho).

¿Cómo es la decoración?

El local tiene una decoración bastante minimalista en la que predominan los tonos negros, grises y tierra. Combinan muy bien un estilo japonés más rústico con pequeñas piezas más modernas que hacen que el local tenga mucho encanto y yo cogí algunas ideas decorativas.

Ahora bien, el pez del logo me parece una patata y no pega para nada con el rollo que le quieren dar al restaurante. Ya está, ya lo he dicho.

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¿Cómo nos trataron?

El trato fue correcto, sin más. Hubiera agradecido un poco más de amabilidad por parte de la chica que nos atendió, que parecía que le supiera mal volver a traernos la carta, pero se compensó un poco con el camarero que nos aconsejó acertadamente sobre los postres.

¿Qué comimos?

Decidimos empezar compartiendo una ensalada de mango bastante abundante con pollo salteado y un aderezo de miel y mostaza delicioso, y unos gyoza que son nuestra debilidad allá donde vamos y que estaban buenos, pero sinceramente no son los mejores que he probado (y he probado muchos).

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Como plato principal, David pidió unos Uramaki Nikkei a base de langostino en tempura, aguacate, atún y salsa leche de tigre; yo en cambio, me decanté por el pollo salteado con salsa Teriyaki sobre arroz. Ambos platos estaban realmente buenos y aunque a David el suyo le supo a poco, compensó terminándose lo que yo no pude del mío.

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De postre, pedimos unas fresas a la pimienta con vodka y helado de vainilla para compartir que estaban deliciosas.

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Y…¿cómo está de precio?

Es caro.

Todo nos costó 62,4€ y es de esos restaurantes de los que sales pensando que has pagado demasiado por algo que en otro sitio te hubiera salido por menos y con la misma calidad.

De cantidad es aceptable tirando a justa y en algunos casos como el postre, se les ha ido la cabeza, o al menos yo no veo normal cobrar 7,9€ por unas fresas que, estarán todo lo maceradas en vodka que queráis, pero no dejan de ser fresas.

Valoración global

No ha sido una mala experiencia en absoluto, pero si yo pago el precio que pagué en Monster Sushi busco excelencia y pido que la relación calidad-precio-cantidad sea excepcional, cosa que no encontramos.

¿Lo recomiendo? Mal ya habéis visto que no se come, ahora bien, no es un restaurante que le indicaría a un amigo para que fuera.

No creo que repitamos, porque hay muchos sitios similares en Barcelona por probar y descubrir.

Teresa

 

Ceviche 103

Hay días que te despiertas y piensas: ¡hoy quiero probar algo distinto!

Y en ese caso El Tenedor es mi mejor amigo para sacar ideas acerca de dónde ir a comer y reservar, y en esta ocasión me encontré con Ceviche 103, un restaurante de cocina peruana por el que había pasado algunas veces y que nunca me había llamado la atención en exceso pero que tenía muy buenas puntuaciones, así que nos decidimos a probar.

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¿Dónde está?

Podéis encontrarlo en c/Londres 103 (Barcelona).

Podéis echar un vistazo en su web o buscarlos en redes sociales, y reservar a través de El Tenedor.

¿Cómo es la decoración?

Nada más entrar, sentí muy buenas vibraciones. La decoración del local es vibrante y colorida y transmite alegría en cada rincón, no llegando a ser en ningún momento vulgar o sobrecargado. Como la loca de las frases con mensaje que soy, destaco los numerosos cuadros con citas inspiradoras o que te hacen pensar, me fascinó.

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¿Cómo nos trataron?

Uno de los puntos a destacar es el servicio ya que cada vez es más difícil encontrar uno excelente. Cuando pedimos, como el camarero nos vio un pelín perdidos porque había platos que no sabíamos muy bien qué eran, nos los explicó detalladamente y cada plato que nos traía, nos lo describía para que pudiéramos saber en todo momento que estábamos comiendo.

¿Qué comimos?

Para empezar, pedimos y me atreví con un Tiradito, un plato a base de pescado crudo cortado en forma de sashimi y que, en este caso, estaba acompañado de una salsa deliciosa maracuyá. No os puedo decir que estaba delicioso porque a mí no me gusta el pescado en exceso, pero estoy en la filosofía de probar comida que se encuentre fuera de mi zona de confort. Pero estaba bastante bueno.

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Como platos principales, David eligió un Ceviche Mixto con la típica base y que, además, llevaba langostinos, pulpo y sepia marinado todo en leche de tigre. Desde luego la pinta era buenísima, él lo disfruto muchísimo y estaba rico.

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Yo en cambio, como la carnívora que soy, me decanté por el Lomo saltado al wok, con solomillo de buey troceado y flambeado con cebolla, tomate y salsa de soja que estaba espectacular, de las mejores carnes que he probado.

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Y como siempre, caímos con postre, porque somos así y somos unos golosos. Tomamos un Lemon Pie sublime y exquisitamente presentado. ¡Qué bonito!

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¿Y…cómo está de precio?

En total, todos los platos más dos copas de vino blanco, nos salió por unos 60€. Barato no es. Pero es uno de los mejores restaurantes a los que he ido últimamente y la relación calidad-cantidad-precio está totalmente justificada.

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Valoración global

Creo que es un restaurante excelente, lleno de color y vitalidad que alegra el ánimo de cualquier persona que entre, ideal para ir en pareja, con amigos o en familia, que es cierto que el precio es elevado pero que la experiencia gastronómica es muy buena.

Si queréis y podéis daros el caprichito, os lo recomiendo totalmente.

Teresa

 

Casa Trampa

Las reuniones familiares alrededor de una mesa compartiendo buena comida y buena bebida, son uno de los momentos más bellos que uno puede vivir (siempre que haya buena relación, sino pueden ser un infierno) y una de las mejores ocasiones para conocer realmente a las personas con las que disfrutas ese momento, contribuyendo a la unión y a la cohesión.

Hay restaurantes que parecen propicios para ello y Casa Trampa es uno de ellos.

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Plaza de Vallvidrera 3 08017 Barcelona.

Ubicado en Vallvidrera, es un restaurante que hay que conocer porque uno no se tropieza con él porque sí.

Por el aspecto exterior uno diría que es un bar de toda la vida en el que simplemente tomarse un café. Sin embargo, nada más poner un pie dentro, te das cuenta de que estás entrando en un restaurante con historia detrás; hecho que queda plasmado en las numerosas fotografías colgadas en las paredes que recogen hechos históricos del restaurante y la ciudad, y personajes famosos que se han sentado en sus mesas.

Con una decoración tradicional y sin grandes fornituras, el local ofrece un ambiente hogareño y cálido que te permiten sentirte cómodo a pesar de estar rodeado de gente, y pese a ser un espacio más bien pequeño está bien aprovechado, ya que el personal se encarga de colocar las mesas de forma estratégica según el número de comensales para maximizar el espacio sin que éstos se encuentren incómodos.

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Pero, como siempre, un restaurante no sería nada sin la comida que se sirve en él y aquí, sin duda alguna, es el punto fuerte.

Nos ofrecen una comida tradicional, sin rarezas, de toda la vida, para que sepas en todo momento lo que vas a comer. Además, algunos de sus platos ofrecen la opción de pedir o bien una ración entera o bien media ración, opción muy útil para aquellos que no comen tanto o que quieren compartir y probar varios platos. Nosotros empezamos con una ración y media de guisantes con jamón, una de las especialidades de la casa, y media ración de macarrones, un clásico de toda la vida que nos transporta a nuestra infancia cuando nuestra alimentación se basaba en base a ellos.

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De segundo, pedimos conejo con setas, que incluso a mí que no me apasiona el conejo y no suelo comerlo me pareció muy rico, y las famosas albóndigas con sanfaina, enormes y que están deliciosas.

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Para rematar, y ya que nos tentaron pasando por la mesa con la bandeja de tartas, no nos pudimos resistir a probar la Sacher, que aunque no era la mejor que haya probado estaba bastante buena (cosa que se puede deducir del hecho que no nos diera tiempo a sacar una foto de ella).

¿Y por cuánto salió todo esto? Pues éramos 4 personas y nos costó 77€ (comida, bebidas, postre y cafés) así que comimos por menos de 20€ por persona. La verdad es que por la calidad ofrecida y la cantidad de cada ración, es un muy buen precio.

Como habéis podido ver, no es un restaurante con grandes lujos ni gran decoración ni una gran presentación visual de los platos, pero es acogedor y uno se siente muy cómodo que al fin y al cabo es lo que uno busca para ocasiones familiares. La única cosa que hay que tener en cuenta es que, al ser un restaurante tan familiar, suelen reunirse en él familias más bien numerosas con muchos niños que hacen aumentar bastante los decibelios del local; de modo que si vuestra idea es una comida romántica e íntima, pues no sería la mejor opción. Pero para situaciones más informales, como una comida con la familia o con amigos, es una elección ideal y yo, sin ninguna duda, repetiré en ocasiones que así lo requieran.

Teresa

 

 

 

Dionisos

Solía ser muy poco aventurera respecto a probar restaurantes que ofrecen gastronomías de otros países, pero supongo que tener al lado alguien que disfruta intensamente comiendo y que constantemente quiere probar nuevas experiencias gastronómicas, influye en que me deje llevar y quiera también experimentar.

Por eso, cuando el pasado sábado íbamos andando sin saber dónde ir a comer pasamos por delante de Dionisos , nos dió un arrebato de atrevimiento gastronómico y como habíamos pasado por delante infinidad de veces y teníamos muchas ganas de ir, nos decidimos a hacer una introducción a la cocina griega.

Dionisos es una cadena de restaurantes repartidos por Barcelona, Madrid y Valencia, que ofrecen una variedad de platos típicos de la gastronomía griega a un precio bastante razonable. Nosotros fuimos concretamente a Dionisos Aribau, un local acogedor en pleno centro de Barcelona.

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Nada más entrar, nos encantó la decoración sencilla y con altas estanterías repletas de productos griegos y botellas de retsina que le dan un encato especial y hacen del restaurante un espacio muy tranquilo, en el que poder disfrutar de los platos sin prisas ni agobios disfrutando de la compañía.

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No fue fácil elegir qué probar, y más aún siendo la primera vez, pero creo que acertamos plenamente en nuestras elecciones ya que nos permitieron hacernos una idea global del estilo de cocina.

Para empezar, nos decidimos por un Pikilía megali, un surtido de tapas griegas deliciosas hecho especialmente para compartir dos personas, servido con pan pita calentito para acompanyarlas. Nos pareció ideal para hacernos una idea de las distintas salsas típicas y no llenarnos demasiado nada más empezar. Aún así a mí me costó terminarme mi parte, ya no por cantidad sino por contundencia del plato.

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Pikilía megali para 2 = 14,25€

Para los platos principales, David eligió unas Dolmades, una especie de rollitos de hojas de para rellenos de arroz y carne, que aunque son pequeñas bombas alimenticias el toque de menta que llevan las hacen más ligeras a la hora de comerlas.

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Dolmades = 8,75€

Yo no me pude resistir a la Mousaka, una especie de lasagna en las capas son de berengena y patata. Estaba riquísima pero no pude terminarla y me tuvieron que ayudar.

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Mousaka = 10,30€

Y si por todo lo que habíamos comido no era ya suficiente y aunque ya estábamos llenos, aún nos atrevimos a pedir postre. Eso sí, seguimos con la dinámica de compartir y cogimos un Pikilía de postres para poder probar también varios a la vez.

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Pikilía de postres = 8,75€

Fue una muy buena experiencia. Comimos bien y el personal fue muy amable, nos atendieron rápido y nos explicaban los platos cuando no sabíamos de qué se trataba o necesitábamos una aclaración. Además, el precio es excelente ya que todo lo que os he explicado nos salió por 26€/persona.

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Hemos intentando buscarle un punto negativo, pero la verdad es que comimos tan bien y salimos tan satisfechos que no hemos dado con él. Simplemente que tengáis en cuenta que es comida contundente y que, si os decidís a probar, cuando salgáis deis un buen paseo para compensar un poco.

Os lo recomiendo y sin duda repetiremos para probar alguna otra especialidad.

Teresa

Bimba’s

Que me gustan los restaurantes sofisticados, sencillos y elegantes no es un secreto para nadie que me conozca, y es por ello que Bimba’s estaba en mi wishlist desde hacía muchos meses y finalmente encontramos la ocasión perfecta para ir.

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Ubicado en la zona alta de Barcelona, definiría Bimba’s como un espacio íntimo, con clase y relajante.

Tiene dos salas, una a pie de calle y una en un piso inferior, muy espaciosas y decoradas exquisitamente, con sutiles puntos de luz para no molestar a los comensales y dotarlo de un ambiente muy romántico; y una terraza ideal para tomar una copa.

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Hay que advertir que es un poco laberíntico. Me explico. Tiene dos entradas, lo cual te desubica un poco al principio (ya se sabe, casa de dos puertas mala es de guardar). Nosotros accedimos por la entrada de la Diagonal y no había nadie, ni siquiera se dieron cuenta de que habíamos entrado hasta que subimos al comedor principal. Nos dijeron que los dos accesos son buenos; pero es verdad que el otro, el de la calle Flos i Calcat, está mejor habilitado. No es que sea nada relevante, pero más vale prevenir que curar y no acabar desconcertado.

El personal es muy atento, está en todo momento pendiente de las necesidades de los comensales y ofrecen un servicio muy rápido y ágil.

El punto fuerte, a parte del ambiente, es sin duda la carta, tanto de comida como de vinos. Es muy extensa y para todos los gustos.

La sorpresa fue cuando mi chico quiso pedir sushi y el camarero nos explicó que ni los domingos ni los lunes disponen de él. No es un gran agravio, pero si eres amante del sushi y vas sabiendo que quieres pedirlo, no estaría de más una mención en la carta para no encontrarte con el chasco y tener de decidirte otra vez rápido y corriendo con la presión de tener al camarero tomando nota.

Empezamos con unos calamares a la andaluza y una ensalada césar con parmesano (sí, lo sé, soy la loca de las ensaladas césar, no lo puedo evitar, un día haré un ranking de las mejores). Los calamares estaban deliciosos, muy finos, y la ensalada, no estaba mal, no tiene mucho misterio, pero sinceramente he probado ensaladas mejores por mucho menos precio y la verdad es que para ser del restaurante que es la presentación era un poco pobre y dejaba mucho que desear.

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Calamarcitos a la andaluza

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Ensalada César con parmesano

Luego tomamos un tartar de atún con guacamole y pallarda de pollo con rúcula y pomodorini. Tengo que decir que el pollo estaba muy bueno aunque es un plato sin muchas complicaciones, sin embargo, probé el tartar que pidió mi chico y a mí, que soy de las personas que menos les gusta el pescado que conozco, me encantó; es una combinación muy suave y creo que si repetimos, ya sé que voy a pedir.

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Tartar de atún con guacamole

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Pallarda de pollo con rúcula y pomodorini

Y terminamos con unas tartas deliciosas. David cayó con la tarta de chocolate y yo no me pude resistir al postre estrella, el delicioso New York cheesecake con frutos rojos. Son de pecado. ¡Qué delicia! De lo mejorcito.

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New York Cheesecake

¿Y como está de precio? Bueno, ya sabíamos que no iba a ser barato. En total, comida más dos copas de vino y agua, nos salió por 68,8€, es decir, menos de 35€ por persona, que por la ubicación y la calidad de la comida, no me parece demasiado desorbitado.

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La cena nos gustó mucho a pesar del regusto amargo de no haber podido tomar ni sushi ni pink mojito (no tenían ese día), y el restaurante está magníficamente decorado. Ahora bien, creo que no es para tanto. Hay restaurantes gastronómicamente mejores por un precio parecido. Aún así, ¿repetiremos? Probablemente sí. Merece una segunda oportunidad.

Teresa

 

 

 

 

Flash Flash. Los clásicos nunca fallan.

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Entrar en Flash Flash (c/ de la Granada del Penedès 25 Barcelona) es sentirse teletransportado a otra época. Una en la que en Barcelona se respiraba intelectualidad por los cuatro costados, ganas de pasarlo bien y de modernidad. Y sin teletransportarse también, porque parece que ahí dentro el tiempo no haya pasado. ¡Ojo! Que no es nada malo en este caso pues los valores que rigen este peculiar restaurante deberían, en mi opinión, imperar en cualquier negocio de restauración.

Inaugurado en 1970 por Alfonso Milà y Leopoldo Pomés, amantes del buen comer, y situado en la zona alta de Barcelona, Flash Flash tiene unos principios muy definidos dejando bien patente que sus creadores buscaban la excelencia en todos sus platos y en todos los detalles, y que esa búsqueda ha perdurado hasta la actualidad.

Sin ningún tipo de duda, el punto fuerte de Flash Flash es su ambientación. Un local blanco y limpio en el que se respira elegancia e intimidad. No importa que haya familias con niños o un grupo de amigas cenando un sábado o una cena de parejas que hacía tiempo que no se veían; si tu vas con la intención de tener una cita romántica, vas a poder perfectamente. Ni te darás cuenta de que hay más gente en el restaurante.

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Los camareros son otro de sus rasgos característicos. Perfectamente formados, con una educación exquisita y estando atentos sin molestar al cliente que no quiere que se le agobie.

La carta de Flash Flash es extensa y decidirse resulta difícil. Sin embargo, partimos de la base de que es una tortillería por lo que, si es la primera vez que vais, es un “must” pedir una de las múltiples tortillas que ofrecen. Nosotros elegimos unas opciones sencillas pero deliciosas.

Empezamos compartiendo unas “Falsas bravas”. Sin entrar a discutir la autenticidad de las bravas, hay que decir que con ésto nunca se falla para compartir mientras esperas las tortillas y hablas de cualquier cosa. El clásico de los clásicos.

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Las “falsas” bravas

Rápidamente, al minuto de habernos terminado el entrante, nos sirvieron las tortillas, una “A la catalana” de butifarra blanca y alubias, y una “A la forastera” de jamón ibérico y setas. Espectaculares. Es verdad que a priori puede parecer que el asunto no tiene mucho secreto pero, como todo, las tortillas hay que saber hacerlas. Los ingredientes de cada una habían sido elegidos a la perfección para que combinaran bien y estaban en la justa cantidad. En cuanto a la cocción, para mí estaban perfectas pero sí es verdad que a mi pareja, que le gusta el huevo bien cuajado, no le terminó de convencer la textura porque son tortillas jugosas. No creo que sea nada que no se solucione indicándolo al camarero que toma nota o pidiendo uno de los otros múltiples platos (tenemos pendiente probar las hamburguesas…) pero sí hay que tenerlo en cuenta dependiendo de los gustos de cada uno.

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Tortillas “A la catalana” y “A la forastera”

Para redondearlo todo, y a pesar de que no suelo pedir postre en restaurantes, nos pudo una deliciosa tarta de chocolate que devoramos tan buen punto apareció en la mesa y no nos dio tiempo a sacarle una foto, pero que fue el final perfecto para la cena.

Pero a lo que nos importa, ¿por cuánto nos salió la broma? Pagamos 44€ por dos copas de vino blanco, unas bravas, dos tortillas y dos postres. Barato barato no es, pero por la ubicación, la ambientación, el servicio y la comida, me parece un precio más que razonable.

Te ofrecen una buena experiencia gastronómica sin complicaciones pero de calidad y sales queriendo repetir para no perderte ningún plato.

Teresa