Kobu. Un restaurante japonés escondido en Barcelona.

¿Cómo ha surgido la chispa que ha prendido de nuevo las ganas de volver a escribir por aquí? Pues cuando he encontrado, de manera inesperada, un restaurante que me ha vuelto a sorprender y con un buen producto.

¿Dónde está?

Encontramos Kobu en la calle Poeta Cabanyes 19, muy cerca de la parada de metro Paral·lel.

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¿Cómo es la decoración?

Bastante minimalista, nada recargada. Toda en madera de distintas tonalidades y negro.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien. A pesar de que era viernes por la noche, que tenían el local lleno y que, según nos contaron, contaban con un camarero menos; nos sirvieron muy amablemente y bastante bien teniendo en cuenta las circunstancias anteriores. También es cierto que fuimos sin prisa y con calma, por lo que el hecho de que tardaran un poco, no nos estresó en absoluto.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo el Kakiage de verduras, unas tiras de verduras frescas en tempura. Deliciosas. Las tiras era muy finitas y la tempura muy ligera por lo que el sabor de las verduras era más notable en cada bocado. Además, las sirven con sal de té matcha que les da un toque original y les añade un puntito de sabor delicioso.

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También compartimos unos gyozas buenísimos, un poco demasiado blandos para mi gusto, pero se me olvidó sacarles la foto. La falta de costumbre supongo.

Después, yo pedí un Tataki Uramaki, con langostino crujiente, aguacate, queso crema y recubierto de láminas de atún con salsa ají e hilos de chile. Estaba delicioso. Estos rolls los he comido en varias ocasiones en distintos restaurantes y estos estaban realmente buenos, con el langostino crujiente de verdad y con buenas cantidades de los ingredientes, lo cual siempre es un bonus.

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David pidió un Spider Futomaki, con cangrejo de concha blanda en tempura, huevos de masago, mayonesa de ajo-miel y cebollino que le fascinó. El sabor era espectacular y, según sus propias palabras, uno de los mejores platos con este tipo de cangrejo que ha probado.

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Para completar el plato, David pidió un nigiri de anguila. Sencillo pero sabroso. El capricho perfecto.

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Como era el primer viernes noche libre que teníamos los dos juntos en mucho tiempo, nos regalamos con unos postres que tenían muy buena pinta. David pidió el mochi de gota lluvia con kinako y kuromitsu. Un postre muy diferente a cualquier otro. Indescriptible. El mochi tenía una textura gelatinosa muy especial, con un sabor dulce sin ser empalagoso y que, combinado con los otros dos ingredientes que lo acompañaban estaba espectacular y bastante adictivo, la verdad.

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Yo pedí un postre algo más clásico pero igualmente delicioso, el cheesecake japonés con salsa de caramelo de miso. Muy suave, nada pesado y servido con una porción ideal para no terminar demasiado llena.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botella de vino nos costó 67,6€.

Valoración global

Como ya he dicho al principio del post, salimos de Kobu enamorados.

Nos encantó que fuera un local pequeño, con encanto, con buen trato y buen ambiente y, sobretodo, con buen producto.

La única pega fue que al ir sin reserva, tuvimos que cenar en la barra. Pero ni tan mal. Nos gustó mucho poder ir viendo como los cocineros iban preparando los platos.

Si os gusta la comida japonesa, tenéis que probarlo. Seguro que os gustará.

Teresa

Izakaya. Ramen informal en Barcelona.

Hace unas semanas (quizás pocos meses) vi que habían abierto un nuevo restaurante cerca de casa en el que, junto al nombre, ponía Ramen House. Lógicamente me emocioné enormemente porque los ramen son uno de mis platos favoritos en el mundo.

Aprovechando que hace unos días el tiempo se volvió loco e hizo frío otra vez, fuimos a probar Izakaya.

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¿Dónde está?

Encontramos Izakaya en Ronda Sant Pau 7, muy cerca de la parada de metro Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

Bastante sencilla. Lo cierto es que Izakaya ha heredado la decoración con toques industriales del restaurante que había anteriormente en el local, así que para los que ya lo conocíamos no nos viene de nuevas.

Aún así, destaca un gran dibujo de un pulpo gigante y muy colorido en una de las paredes de justo la entrada.

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¿Cómo nos atendieron?

Bien. Los camareros que nos sirvieron fueron amables pero dentro de una normalidad.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un festivo sobre las 14h y la verdad es que cuando llegamos no había nadie y tampoco llegó demasiada gente mientras estubimos allí.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos gyozas y una tempura de verduras. Dos clásicos pero que, según nuestra teoría elaborada un poco sobre la marcha, ya te dice mucho sobre si el restaurante es bueno o no.

La verdad es que la tempura era bastante normalita e incluso el rebozado era demasiado grueso para nuestro gusto, pero los gyozas estaban muy buenos y tenían un sabor muy auténtico e intenso.

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Después, lógicamente, pedimos cada uno un bol de ramen.

David pidió un ramen Shoyu, de salsa de soja y caldo de pollo y cerdo con huevo, cebolleta, maíz, cha-shu, alga nori, natuti wakame y ajo quemado. Además él le añadió más alga porque le gusta mucho y el camarero se lo recomendó porque pegaba mucho. Le gustó mucho y el sabor era muy intenso.

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Yo, en cambio, pedí el ramen Miso de caldo de pollo y cerdo con salsa de miso y el resto de ingredientes igual que el anterior. Le añadí un huevo extra porque me vuelven loca. Lo cierto es que, aunque seguramente haya comido ramen mejores, el sabor era muy bueno, muy intenso y con un toque diferente a los que había probado hasta ahora.

Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (2 cervezas) nos costó 32,55€.

Valoración global

Quizás no sea el mejor restaurante que tenemos en el barrio, pero me parece una opción genial para esos días que no sabes dónde ir.

Los platos que ofrecen son muy buenos y con raciones muy generosas y, aunque no hay una gran variedad ni mucha innovación, es suficiente para que todo el mundo, tenga las preferencias que tenga, encuentre su opción perfecta.

El precio es muy asequible y además hacen menús de mediodía con los mismos platos que ofrecen en carta y a muy buen precio (no recuerdo cuál), lo que resulta ideal si estamos por la zona un día laboral y queremos comer algo bueno pero que no sea un menú de mediodía tradicional.

Una opción muy a tener en cuenta para esos días de antojo de ramen. Que ahora que viene el verano pues igual no son muchos, pero conociéndome no me extrañaría querer comerlos aún estando en agosto.

Teresa

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Ají. Cocina nikkei excelente en Barcelona.

Teníamos pendiente ir a Ají desde hace 2 años, pero ya se sabe que a veces, por H o por B, las cosas se complican.

Pero, por fin, este viernes pasado decidí que era un buen momento para darnos un gusto y aprovechando la Restaurant Week de El Tenedor fuimos a Ají.

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¿Dónde está?

Encontramos Ají en la calle de la Marina 19, en el Casino de Barcelona, cerca de la parada de metro Ciutadella Vila Olímpica.

¿Cómo es la decoración?

Muy simple. Toda en madera y en tonos verdes. Sencilla pero muy elegante.

¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. Las dos camareras que nos atendieron fueron muy simpáticas y estuvieron muy atentas a nosotros.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes a las 22h. Como queríamos probar el menú de la Restaurant Week, reservamos previamente. Menos mal que lo hicimos porque cuando llegamos estaban todas las mesas ya llenas o reservadas.

El público eran sobre todo parejas aunque también había grupos de amigos e incluso alguna familia con 4 niños. Así que, a pesar de que es un restaurante ideal para ir en plan romántico, tened en cuenta que quizás el ruido ambiental es un poco más elevado de lo deseado.

¿Qué comimos?

Como ya os he dicho, fuimos a probar el menú especial de la Restaurant Week de El Tenedor. Este menú constaba de 3 aperitivos, un plato principal y un postre.

El primer aperitivo era un ceviche clásico de corvina en leche de tigre tradicional. Estaba riquísimo. Súper refrescante y con un sabor muy intenso.

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Después nos sirvieron unos makis acevichados con aguacate, vieira, atún y salsa cevichera, muy diferentes y deliciosos; y un niguiri a lo pobre con lomo de wagyu, huevo de codorniz y reducción de soja, riquísimo también y toda una explosión de sabores en la boca.

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Después, como plato principal había dos opciones, una de carne y una de pescado. Como nos debemos a la causa de enseñarlo todo bien y ya nos iba bien por nuestras preferencias, cada uno pedimos uno distinto.

David pidió la lubina nikkei al vapor con salteado de verduras y salsa oriental. La encontró riquísima, al punto de cocción y con unos sabores increíbles.

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Yo pedí el solomillo de ternera con cebolla, tomate, patatas y reducción de soja. Espectacular. La carne estaba muy tierna y los sabores muy bien integrados.

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Y para cerrar la cena, el postre era un coulant de chocolate al pisco con helado de jengibre. El coulant estaba delicioso aunque quizás para mi gusto personal le faltaba un punto de calor (manías personales) pero qué gran descubrimiento que fue el helado de jengibre. No lo habíamos probado nunca y nos pareció sorprendente, muy intenso de sabor y combinado con el chocolate el resultado era fabuloso.

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Y…¿cómo está de precio?

Como ya os he dicho antes, fuimos con un menú cerrado que valía 25€ por persona. Las bebidas iban a parte y cada cóctel nos costó 7€.

Valoración global

Ají nos ha encantado.

Nos habían hablado muy bien de él y todo lo que habíamos visto online nos había gustado, pero de verdad, que la experiencia in situ es muchísimo mejor.

La comida es espectacular (sobre todo las mezclas de sabores inesperadas y deliciosas), la atención por parte del personal es muy buena y el ambiente en general es muy sofisticado.

Ideal para cenas románticas más informales pero especiales. Nosotros repetiremos seguro.

Teresa

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Big Kokka. Cocina nikkei con ambiente pomposo en Barcelona.

El pasado mes de agosto descubrimos Kokka y nos fascinó. Tanto que cuando descubrimos que tenía un “hermano mayor” decidimos buscar la ocasión especial para ir. Hace unos sábado, ocasión especial no había pero por motivos internos, David tenía que invitarme a cenar y no se nos ocurrió mejor lugar que ir a Big Kokka.

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¿Dónde está?

Encontramos Big Kokka en Passatge Mercantil 1, cerca de la parada de metro Barceloneta y al lado del Parc de la Ciutadella.

¿Cómo es la decoración?

Lujosa es la primera palabra que me vino a la mente cuando entramos por la puerta. Ya luego, una vez sentados (en unos sillones de terciopelo que no serían el súmum de la comodidad) y observando cada detalle, la sensación fue de pomposidad, como si hubiesen cogido todo aquello que, decorativamente, se pueda asociar al lujo y lo hubiesen puesto junto.

Muchos espejos, paredes empapeladas con mucho estampado, elementos dorados y una gran lámpara colgante que me encantó, me la quería llevar a mi casa.

Admito que podía llegar a rozar lo kitsch pero a mí ese rollo me gusta, incluso me divierte.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. A pesar de que estaban llenos, nos atendieron muy rápido y nos explicaron los platos que pedimos muy bien.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un sábado sobre las 22h. Habíamos reservado y menos mal porque estaba muy lleno.

Ya sabéis que a nosotros que el ambiente pueda llegar a ser ruidoso no nos importa demasiado, nos abstraemos sin problema, pero si eso os importa tened en cuenta que al haber tanta gente, estar las mesas tan pegadas

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un ceviche clásico de corvina con leche de tigre erizo. Lo cierto es que me puse muy pesada en pedirlo porque por alguna razón extraña me apetecía un montón y menos mal porque nos gustó muchísimo. Nos resultó muy ligero y súper refrescante; ideal para empezar la cena y preparar el paladar. Que no sirva de precedente, pero me lo hubiese comido yo sola.

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Como plato principal, David pidió el Arroz Chaufa negro con pato que le encantó. Era muy sabroso y le gustó mucho la combinación de los ingredientes. Además, al ser un plato que llena un poco más que cualquier otro, a él y su hambre perpetua le vino muy bien.

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Yo pedí los uramakis Maguro con atún, aguacate, cebollino y salsa teriyaki. Muy clásica y poco arriesgada pero no quería experimentar demasiado. Estaban muy buenos y aunque eran sencillos, tenían un sabor ideal y no llenaban ni cansaban mucho.

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Y por supuesto, todo esto lo regamos con unos pisco sour, porque nos encantan y es, junto con los margaritas, nuestro cocktail favorito. Yo pedí el clásico y David experimentó con uno que llevaba un toque de wasabi. Exquisitos los 2.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos nos costó 58,5€.

Valoración global

Si Kokka ya nos había gustado, Big Kokka también. Era de cajón.

El producto que ofrecen es muy bueno y para todos los gustos, aunque si sois amantes del pescado, disfrutaréis muchísimo.

El precio final nos sorprendió porque por alguna razón (y porque debimos hacer los cálculos mentales muy mal) nos lo esperábamos mucho más caro. No es un restaurante al que iríamos cada fin de semana, pero para alguna ocasión especial en la que no nos importe gastar un pelín más, sí lo vemos una opción muy viable.

Aún así, si tenemos que elegir, creo que repetiríamos con Kokka, pues nos parece más tranquilo y un pelín más íntimo.

Pese a todo, y conociéndonos, creo que por Big Kokka nos verán más de una vez y seguramente con algunas amigas amantes también de la cocina nikkei y del pisco sour.

Teresa

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Bao Bao. Street food asiático en plena ciudad de Barcelona.

No es ninguna novedad que me encantan los restaurantes asiáticos ¿verdad?

Pues esta semana, en uno de estos sábados en los que tenemos poco tiempo para vernos, hemos descubierto uno que nos ha gustado bastante: Bao Bao.

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¿Dónde está?

Encontramos Bao Bao en la calle Riego 23, cerca de la parada de metro Plaça de Sants.

¿Cómo es la decoración?

El local está ambientado como si fuera la calle de una ciudad asiática (grafitis, mesas altas, elementos urbanos…) dándole un aire muy informal y curioso.

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¿Cómo nos atendieron?

La camarera que nos sirvió fue muy amable en todo momento y estuvo bastante pendiente de nosotros sin agobiarnos.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 13h. Al ser tan pronto, no había nadie en el local. Poco a poco fueron llegando algunas personas pero cuando nos fuimos, sobre las 14h, aún se estaba muy tranquilo y había muchas mesas libres.

¿Qué comimos?

Obviamente queríamos probar los baos así que, para no pasarnos pedimos uno para cada uno.

David pidió el Bao Confucius, con cerdo, zanahoria escabechada, nabo daikon, cilantro, cacahuetes y pepino; y yo el Bao Ho Chi Minh, con ternera a la citronela, verduras escabechadas, cilantro, menta y mayonesa de ajo tostado. Estaban buenísimos, la textura del bao era perfecta y los rellenos eran deliciosos. Los sabores de los distintos ingredientes se integraban muy bien entre ellos y formaban un todo riquísimo.

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Y como plato principal, pedimos un bol de ramen cada uno.

David pidió el Mi Vit, con magret de pato, pak choy, shitake y hierbas aromáticas.

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Yo pedí el Mi Chai, vegetariano de verduras tostadas y setas con huevo, daikon y tofu frito.

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Ambos estaban riquísimos y tenían un sabor muy intenso que, con este frío que está haciendo últimamente, nos vino muy bien para entrar en calor. Sin duda, muy buen plato para pedir en este restaurante y en esta época.

Y…¿cómo está de precio?

Lo que comimos más una copa de vino y un refresco nos costó 30,3€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho. Nos ha parecido una muy buena opción para una comida si se está por la zona.

La carta no es muy amplia, pero sí podemos encontrar opciones para todos los gustos. Los baos están muy buenos y los ramen que ofrecen, a pesar de que únicamente tienen dos tipos, están también deliciosos.

El ambiente es muy divertido e informal y la música que ponen es muy buena, lo que hace de Bao Bao un restaurante ideal para ocasiones relajadas con amigos o en pareja.

Volveremos seguro porque ofrecen un tipo de comida bastante rápida y solemos movernos por esa zona cuando vamos justos de tiempo.

Teresa

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Last Monkey. Cocina asiática deliciosa en Barcelona.

Que nos gusta la comida asiática es un hecho. Y descubrir sitios nuevos más aún.

Así que este fin de semana juntamos las dos cosas y nos fuimos a ver qué tal estaba Last Monkey.

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¿Dónde está?

Encontramos Last Monkey en la calle Comte Borrell 70, cerca de la parada de metro Sant Antoni.

¿Cómo es la decoración?

Sencilla pero elegante y moderna. Mezcla elementos más actuales como unas tiras de luces de neón por el techo con elementos más clásicos que dan un resultado muy efectivo y simple.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien para el trabajo que tenía el pobre camarero. Estaba él solo para todo el restaurante que, aunque es pequeño, estaban todas las mesas llenas. El chico nos explicó la carta muy bien pero sin perder un segundo.

Algo que aprecié mucho fue que nos dijo que le disculpáramos porque igual tardaba en traernos los platos, y lo cierto es que al final no nos hizo esperar demasiado. Prefiero eso a que no me adviertan, aún ellos sabiéndolo. Porque me pongo muy nerviosa. Y hay testigos.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 14:30h habiendo reservado el día anterior por El Tenedor.

Como ya he dicho, estaba lleno hasta la bandera por lo que si queréis ir, reservad antes.

El ambiente era bastante ruidoso porque había un grupo grande y las mesas están muy juntas porque no hay más espacio, el local es pequeño. A mí no me importa y no me suele molestar, pero si os fijáis en estos aspectos, tenedlo en cuenta.

¿Qué comimos?

La carta está basada en tapas diseñadas especialmente para compartir y el camarero nos recomendó unas 4-5 tapas para 2 personas.

Empezamos con unos edamame con aceite picante sichuan y chalota crujiente. Riquísimos, con un toque especial y aunque en la carta indicaba que era muy picante, a mí no me lo parecieron en absoluto. ¿Será que se me está acostumbrando el paladar?

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Pedimos también los gyozas de carne y setas cocinados en caldo oscuro de cardamomo negro, soja y aceite de chili.  Cuando trajeron el plato, mi primera impresión fue que sería una sopa súper aceitosa pero lo cierto es que, al probarla, no se nota en absoluto. El sabor del caldo era increíble, muy intenso y para mí, delicioso; igual que los gyozas que eran también muy buenos.

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También comimos uno de los platos estrella de la casa, como nos recomendó el camarero, la berenjena confitada en soja y aceite con salsa de chili dulce. Espectacular. Muy dulce, eso sí. Para aquellos que no os gusten las cosas muy empalagosas, quizás no sea vuestro plato; pero a mí me encantó. La berenjena estaba muy blandita y con la salsa hacían una combinación increíble.

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Otro de los platos que pedimos fueron las alitas de pollo glaseadas al sweetchili y vinagre negro estilo Hong Kong. Estaban riquísimas, muy sabrosas y con ese toque dulce que forma un poco el común denominador de los platos que pedimos. Eso sí, hay que comerlas con las manos y son pringosas, pero se disfrutan un montón.

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Y la última tapa que pedimos fue la costilla adobada con miel y especias. Deliciosas, de otro mundo. La carne estaba súper tierna, muy sabrosa gracias precisamente a todas las especias y es un plato muy recomendable si, como nosotros, sois carnívoros de corazón.

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Nosotros habríamos terminado aquí, pero el camarero nos tentó con un pastel de chocolate y nos dejamos tentar de mala manera. Estaba espectacular. Caliente, con una masa tipo coulant y la salsa de cacahuete que llevaba por encima combinaba muy bien.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una copa de vino y un pisco china recomendadísimo y espectacular) costaba 36€. Como habíamos reservado con la oferta del 20% de El Tenedor pagamos 28,8€.

Valoración global

Disfrutamos muchísimo y para nosotros ha sido el primer gran descubrimiento de 2018. Y además tan cerca de casa… ¡esto puede ser la ruina!

La comida está espectacular, todos los platos que pedimos estaban deliciosos y la combinación de sabores en los distintos casos era súper acertada.

No es un restaurante tranquilo ya que al ser tan pequeño a lo poco que se llene se nota el bullicio, pero para una comida informal en pareja o para una cena con amigos, de ésas bulliciosas.

Muy recomendable si tenéis el paladar curioso y queréis probar platos asiáticos en un espacio moderno y cool.

Teresa

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Balmes Petit Bangkok. Cocina tailandesa deliciosa en Barcelona.

No es que sea una persona especialmente apasionada por la comida exótica, pero de vez en cuando me gusta conocer nuevas gastronomías y sorprender al paladar.

Así que el pasado fin de semana, decidimos ir a Balmes Petit Bangkok, un restaurante tailandés del que habíamos leído maravillas.

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¿Dónde está?

Encontramos Petit Bangkok en la calle Balmes 106, cerca del metro Diagonal y de la parada de ferrocarril Provença.

También tienen un local en la calle Vallirana 29, cerca de la parada de metro Lesseps.

¿Cómo es la decoración?

Muy colorida pero no demasiado recargada. Con bastantes pinceladas de color, hacen que el local sea bastante alegre a la vez que acogedor.

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¿Cómo nos trataron?

Todo el personal que nos atendió fue bastante amable aunque el camarero que nos sirvió el vino, la verdad es que nos trajo la botella y no nos la sirvió en las copas. A ver, a nosotros no nos importa demasiado, pero hay detalles a los que hay que prestar atención, por muy lleno que tengas el restaurante.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un sábado a las 22:30h. Si queréis ir, os recomiendo reservar porque estaba llenísimo.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos Pho Pia Kai, unos rollitos de pollo con verduras y fideos finos de soja que estaban muy buenos; y unos Karee Puff, unas empanadillas de pollo a la pimienta y curry con verduras muy sabrosas. Ambos entrantes iban acompañados de unas salsas dulzonas que les daban un toque de contraste perfecto. Además me sorprendió que, a pesar de ser fritos, no resultaron demasiado cargantes.

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Después, como plato principal, David pidió un curry verde de cerdo. Es el más picante que tienen. A él le encantó, le pareció riquísimo y ya se lo ha recomendado a todo el mundo que se ha cruzado. Yo apenas probé un bocado pequeño y casi me ahogo. Pica un montón pero si sois amantes de los sabores fuertes os va a enamorar.

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Yo, pedí un plato menos intenso (no quería acabar llorando…) pero muy sabroso por la salsa que lleva, el wok Pad Hed con pollo, cuya característica es que la carne va acompañada de un surtido de setas. Aunque aparentemente es un plato bastante sencillo, estaba delicioso y a mi que me encantan las setas en todas sus variedades me pareció el paraíso.

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Y… ¿cómo está de precio?

Lo que comimos y bebimos (una botella de vino) nos costó 48,8€.

Valoración global

Petit Bangkok nos ha encantado. Incluso a mí, que no soy muy de experimentos exóticos, me ha enamorado y ya tengo ganas de volver y probar más platos.

También es cierto que, personalmente, no tengo ni idea de comida tailandesa y no se como tiene que ser para que sea “auténtica”. Pero se lo que me gusta y lo que no, y esto me ha gustado mucho.

Además, nos sorprendió gratamente el precio ya que esperábamos que todo lo que pedimos nos costara algo más.

Muy recomendable por mi parte e ideal para ir con un grupo de amigos que sepamos que son aventureros y les gusta probar nuevos sabores.

Teresa

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Robata. Sushi y brasa japonesa de calidad en Barcelona.

Robata estaba en mi lista de restaurantes pendientes desde hace mínimo medio año. Pero por una cosa o por otra no habíamos ido, hasta que el domingo pasado, aprovechando que los dos teníamos el día libre y que los virus estomacales ya se habían alejado, decidimos ir a probarlo.

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¿Dónde está?

Encontramos Robata en la calle Enric Granados 55, cerca de la parada de metro Diagonal y de la parada de ferrocarril Provença.

¿Cómo es la decoración?

Elegante es, sin duda, lo primero que pensé al entrar.

El local es bastante oscuro (vamos a tener en cuenta que el día que fuimos llovió bastante y por tanto, la luz natural era más bien escasa), con las paredes y mesas en negro y madera oscura, que le dan esa elegancia que comentaba. Sin grandes elementos decorativos, sí encontramos pequeñas ilustraciones orientales que decoran las paredes y le dan un toque de distinción.

Mencionar también las bonitas ilustraciones y estampados que cubren las cartas.

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¿Cómo nos trataron?

Muy amablemente. Todo el personal fue muy agradable con nosotros y nos sirvieron muy rápido y con una sonrisa en todo momento.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un domingo a las 14h. Habíamos reservado previamente y el local estaba lleno. A pesar del poco espacio que hay entre mesa y mesa, a mí no me resultó demasiado agobiante; íntimo tampoco pero a mí no me molestó.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo nuestros entrantes favoritos en este tipo de restaurantes, porque hay costumbres que no deben perderse. Pedimos unos Spicy Edamame, muy tiernos y sabrosos, que aunque al principio no nos parecieron muy picantes, a medida que los íbamos comiendo más lo notamos.

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También compartimos unos gyozas de pollo y verduras muy buenos aunque quizás al relleno le faltaba un punto de sabor.

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Después, David pidió el Crispy Duck, una pierna de pato caramelizada y crocante. Le gustó mucho, sobretodo la salsa que lo acompañaba y que con ese punto dulce hacía que el sabor fuera muy especial.

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Yo en cambio pedí unos top rolls Nikkei con langostino y aguacate cubierto de atún y salsa de leche de tigre. Estaban riquísimos. Aunque tenían un punto picante, éste no era demasiado exagerado y le daba ese toque más especial.

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Y para rematar, por si durante las fiestas navideñas no habíamos comido suficiente, nos pedimos una porción pastel de chocolate con helado de vainilla. ¿Típico japonés? No. ¿Delicioso? Sí.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más 3 bebidas nos costó 65,5€.

Valoración global

Nos ha enamorado. Nos ha parecido un restaurante muy especial y con un producto 10.

Como nos lo habían recomendado unas amigas que sabemos que tienen un gusto gastronómico parecido al nuestro, sabíamos que nos iba a gustar y que íbamos sobre seguro. Además, como ya nos advirtieron de que el precio era más bien elevado, el susto de la cuenta no fue tanto.

Los platos son muy buenos, con sabores muy auténticos y con unas raciones correctas que, aunque ya sabemos que normalmente en este tipo de restaurantes las sirven justas, no están nada mal.

Una opción perfecta para una comida o una cena más especial ya que, aunque intimidad del plan “parece que estemos tu y yo solos aquí” no hay, el ambiente es muy elegante y con mucha clase y eso, en mi opinión, siempre le da ese toque único.

Teresa

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Madame Ramen. Comida asiática confortable en Barcelona.

Hace unos días nos entró un antojo de ramen que tuvimos que solucionar, y buscando las diferentes opciones que había en la ciudad dimos con Madame Ramen, un restaurante que ya me había llamado la atención anteriormente pero que, por la zona en la que está, no me hacía mucha gracia ir. No juzguéis un libro por la portada. Moraleja de la semana.

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¿Dónde está?

Encontramos Madame Ramen en la calle Robador 22, cerca de la parada de metro Liceu.

Sinceramente, no es ni la mejor zona ni la mejor calle de Barcelona, por lo que al salir del local el ambiente no seria glamouroso precisamente.

¿Cómo es la decoración?

Original.

Todo el local está lleno de elementos muy diferentes y peculiares: sillas amontonadas con cubertería encima, paraguas colgando del techo… y todo ello con iluminación tenue que crea un ambiente muy acogedor.

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¿Cómo nos trataron?

El chico que nos atendió fue súper amable. Nos explicó muy bien la carta y nos hizo recomendaciones muy acertadas.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un festivo a las 14h. El local no estaba lleno al llegar pero poco a poco fue llegando más gente. A pesar de que durante la comida había bastante gente en el restaurante, el ambiente no era excesivamente ruidoso y se estaba bastante tranquilo.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos entrantes, por un lado uno que estaba fuera de carta y que nos recomendó el camarero a base de pulpo preparado como si fueran chicharrones, y unos gyozas de cerdo al punto de jengibre. Ambos estaban muy bien, pero los gyozas estaban deliciosos, tenían un sabor a jengibre muy sutil pero que les daba ese punto diferente.

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Después, por supuesto, pedimos unos ramen para cada uno. David pidió los Thai con leche de coco que llevaban, además del caldo de carne; marisco, leche de coco y curry. El sabor era especial y solamente apto para aquellos paladares que les gusten los platos exóticos. Yo, por ejemplo, no podría ni por asomo comerme un bol entero; pero David lo disfrutó muchísimo.

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Yo pedí el Doble miso, con carne de cerdo, huevo encurtido, wakame, nabo encurtido y alga nori. Estaba riquísimo, con ese sabor tan característico de los ramen auténticos y que te deja con una sensación de hogar fantástica.

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También comimos de postre, un helado de té verde aunque se nos pasó hacer la foto.

Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos nos costó 41,6€.

Valoración global

Madame Ramen nos ha enamorado.

Los platos son excelentes, muy bien preparados y con unas combinaciones de sabores muy originales.

Cierto es que, como he dicho antes, no está en la mejor zona de Barcelona; pero si yo he ido (y soy la persona más precavida y prudente que conozco) podéis ir, además cerca encontramos la Filmoteca de Catalunya, La Monroe, el hotel Barceló Raval, el nuevo Casa Leopoldo, es decir, que no es que esté Madame Ramen ahí abandonado. Eso sí, mi recomendación particular es que vayáis a comer y no a cenar.

Ideal para ir en pareja o en grupo pequeño de amigos íntimos para compartir confidencias y sensación hogareña.

Un gran descubrimiento al que volveremos.

Teresa

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Ikibana. Deliciosa fusión en Barcelona.

¡Qué gran invento los menús degustación! Son una manera muy cómoda de probar restaurantes nuevos, básicamente porque nos ahorra el tener que pensar qué platos pedir y pensar: “¿habré elegido bien?”.

Por eso, iniciativas como la Japan Restaurant Week de Atrápalo me parecen ideales. En esta ocasión nos decidimos por Ikibana, un restaurante de fusión brasileño-japonesa al que teníamos muchísimas ganas de ir desde hacía mucho tiempo.

Si queréis aprovechar la promoción tenéis hasta el 26 de noviembre, tanto en Barcelona como en Madrid. Podéis consultar los restaurantes que ofrecen menús aquí.

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¿Dónde está?

Ikibana tiene 3 locales, uno en Paral·lel, otro en Sarrià y otro en el Born. Al que nosotros fuimos fue al de Avenida Paral·lel 148, cerca de la parada de metro Poble Sec.

¿Cómo es la decoración?

Preciosa, delicada y elegante. Muchos toques de madera, florales y tonos azulados y verdosos que aportan mucha serenidad.

ikibana-decoracion

¿Cómo nos trataron?

Fenomenal. Todo el personal que nos atendió fue extremadamente simpático, nos explicaron todos los platos al detalle y se preocuparon mucho por que nos gustara todo.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 14:30h. Al entrar no estaba lleno pero se fue llenando en seguida. Aún así, a pesar de que había bastante gente, en ningún momento notamos sensación de agobio o demasiado ruido.

¿Qué comimos?

Como he mencionado anteriormente, fuimos a Ikibana con el menú degustación de la Japan Restaurant Week de Atrápalo y por tanto los platos que comimos estaban definidos de antemano.

Primero nos sirvieron unos entrantes basados en tres platos:

Unos edamame bode ligeramente picantes por la salsa de pimienta de Goias. Pese a ser picantes, no lo eran demasiado; solamente tienen ese punto más sabroso pero que no es en absoluto agobiante al paladar. Muy buenos.

ikibana-edamame-picante

Unos “dadinhos” de tapioca y mozzarella con soja texturizada y salsa de pimiento agridulce. Estaban buenos y muy sabrosos sobretodo al mojarlos en la salsa, sin embargo, me resultaron un poco pesados por el queso y, de los 3 entrantes, el que menos me gustó.

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Y unos usuzukuri de salmón marinado con aguacate y cítricos (naranja, pomelo…). Sabéis que a mí no me gusta el salmón, no suelo comerlo más que nada porque el sabor y el olor me echan para atrás (traumas de épocas pasadas oigan…), pero este plato me sorprendió muchísimo. ¿La razón? Que al estar marinado con los cítricos, éstos le matan mucho el sabor al salmón y le dotan de uno nuevo que, en mi opinión, es mucho mejor. Lógicamente, a aquellos a los que el salmón os gusta por el sabor que tiene, este plato no os entusiasmará demasiado; pero si vais dadle una oportunidad porque está riquísimo.

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Después nos sirvieron 3 tipos diferentes de uramakis:

Unos Gunkan Tobiko Black, con huevas de tobiko negro (pez volador) envuelto en salmón y salsa ponzu. Lamento decir que estos dos se los comió David porque a mí la combinación salmón y huevas no me atrae en absoluto. Pero a él le encantaron y le gustó mucho la combinación de los sabores del pescado con los cítricos.

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Los otros fueron unos Bubaloo Uramaki, de atún tempurizado, tartar de atún, fresa y rebozados en peta-zetas ; y unos Ikibana Uramaki, de tempura de langostinos, aguacate y mayonesa picante envuelto de huevas de pez volador.

Hice un esfuerzo y me comí mi correspondiente parte de los que llevaban huevas. El sabor global era muy rico pero a mí la textura crujiente de las huevas estallando mientras las mastico no me convence en absoluto. Pero es un gusto personal.

En cambio, los de atún y fresa me encantaron, sobretodo por lo original del rebozado de peta-zetas que le dan al uramaki un mordiente distinto. Además el sabor global del atún con ese piquito de fresa es espectacular.

ikibana-uramaki-atun-langostino

Y después llegaron los platos principales. Primero nos sirvieron un arroz yakimeshi con huevo a baja temperatura, verduras de temporada, cebolla y salsa yakimeshi. Estaba espectacular. Al romper el huevo, el sabor resultante de integrar todos los ingredientes es muy intenso y delicioso.

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Y finalmente, nos sirvieron una picaña de ternera con salsa de lima y jengibre y plátano frito. Delicioso también. Las texturas de la carne y la seta hacían un contraste maravilloso con la del plátano frito y todos los sabores combinados daban un resultado espectacular.

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Finalmente, nos sirvieron el postre consistente en una mousse de maracuyá, jalea de frutos rojos y crujiente de merenge. Muy dulce pero delicioso. Nos enamoró el sabor.

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Y…¿cómo está de precio?

El menú, por la promoción que he mencionado al principio, costaba 25€ (sin IVA, ojo) por persona. Las bebidas tampoco estaban incluídas.

Me parece un buen precio para el sitio que era (que es un poco caro) y mi recomendación es que si no queréis pasaros mucho del precio, vigiléis con las bebidas.

Valoración global

Ikibana nos ha gustado muchísimo y no nos ha defraudado.

Teníamos muchas ganas de conocerlo y probar la comida que ofrecen y lo cierto es que el producto, la manera de prepararlo y la atención recibida merecen muchísimo la pena.

Cierto es que es un restaurante caro pero creo que la relación calidad-precio es muy adecuada, bajo mi punto de vista.

Aún así, lógicamente, es un restaurante al que no iríamos cada fin de semana a comer o cenar; pero para celebrar algo o para acudir en una ocasión especial sí os lo recomiendo, pues seguro que salís encantados y satisfechos.

Teresa

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