¡Muévete!

¿Sabéis qué hacía yo cuando era pequeña y, por ejemplo, se me escapaba el balón jugando en el parque? Me tapaba las orejas en vez de salir corriendo a por él.

Imagino que de tanto oír a mi madre decirme: “¡pero corre tras la pelota!”, aprendí que desesperarse y quedarse quieto no sirve de nada y que para solucionar un problema hay que tomar acción.

Intuyo, pues, que todas esas personas que cuando ahora ocurren cosas indignantes en el mundo se quedan quietos lamentándose, no tuvieron la misma suerte que yo y nadie les dijo que para lograr algo, tienes que hacer algo.

Y claro, así nos luce el pelo.

Vivimos en una sociedad llena de gente inmóvil y de lengua muy suelta. ¿Sabéis como le llamo yo a eso? Cobardía.

Nos han hecho creer, no tengo muy claro quien; que decir nuestra opinión desde la comodidad de nuestra casa y desde el anonimato que nos confieren las redes sociales es ser valiente. Pero criticar y no hacer nada por cambiar las situaciones que nos parecen injustas es muy cobarde. No nos engañemos. Que no nos engañen.

O ¿cómo creen que se construyeron las sociedades en las que vivimos actualmente? Pues gracias a gente que no tuvo miedo, que antepuso lo mucho que tenían por lograr a cualquier temor a represalias. Vivimos en un mundo construido por valientes y ¿vamos a negarles a las generaciones venideras ese privilegio?

Tenemos que pasar a la acción sino nada de lo que deseamos va a suceder.

No se qué le pasa a mi generación y a las más jóvenes que, aún no teniendo nada (porque no nos engañemos, tenemos poco), no somos capaces de luchar por nuestros derechos, por aquello que nos pertenece, por lo que es justo.

Tenemos muchísimo más por ganar que por perder.

¡Dejad de quejaros! ¡Salid de casa! ¡Haced algo!

Que yo se que pretender cambiar el mundo es una meta muy grande, pero no hablo de cambiar lo que pasa a miles de kilómetros; hablo de cambiar lo que pasa en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro país.

Porque nos han vendido que no podemos. ¡Y joder si podemos!

Si no hacemos nada, ¿quién lo hará? ¿La pandilla de incompetentes que tenemos por gobierno y políticos? No lo creo.

Aprendamos de una vez por todas que si queremos algo, tenemos que actuar.

Nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres…todos lo hicieron en su momento. Lucharon defendiendo sus ideales, corrieron delante de la policía, se manifestaron enérgicamente por las calles sin parar. ¡Hagámoslo nosotros ahora! Que cuando nuestros hijos, en el futuro, miren atrás puedan estar orgullosos y decir que sus padres fueron unos valientes.

Quizás estoy pidiendo demasiado y como decía Amelie Poulain: “Son tiempos difíciles para los soñadores”; pero yo no me rindo. Yo creo que son tiempos difíciles para todos. Pero para los luchadores, los que imaginan un futuro mejor y actúan para lograrlo, para ellos las cosas no serán tan complicadas.

¿De qué lado queréis estar?

Teresa

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¡Fuera de mi regla! Normalidad sin retroceso

Una lee el periódico, escucha la radio por las mañanas, mira el telediario, porque quiere estar informada, quiere saber lo que pasa en el mundo y en su país. Pero os juro que cada vez me dan más ganas de coger una mochila con lo básico e irme a vivir a la montaña, a una isla desierta en medio del mar o a cualquier sitio que, como condición indispensable, no tenga acceso ni a internet ni a tdt ni a nada.

El mundo está loco. Eso es algo que sabemos todos desde hace mucho tiempo. Pero hay ocasiones que ocurren hechos que no hacen más que confirmarlo y, a mí particularmente, me indignan. Y que yo me indigne, así como estado permanente, es muy difícil; se me suele pasar rápido.

Resulta que la CUP de Manresa que, como no tenían nada mejor que hacer porque se ve que en Manresa no hay más problemas, se han dedicado a presentar una propuesta para fomentar entre las adolescentes métodos alternativos para usar durante la regla. A ver, que si solamente lees esto no te parece tan mal porque una va en pro del progreso y piensa: “¡Ah! A ver qué métodos proponen que igual me interesan”.

Copas menstruales, compresas de ropa, esponjas marinas y sangrado libre.

Y si no me creéis, os dejo aquí la noticia.

A ver una cosa, mujeres que habéis propuesto estas alternativas: ¿vosotras trabajáis fuera de casa y os pasáis el día haciendo recados de arriba a abajo, u os pasáis el día en vuestra casa cómodas y tranquilitas? Porque yo no paro en todo el día y os prometo que no estoy por la labor de tener que estar sufriendo todo el día e incómoda.

Y habrá quien piense: ¡oh pero te vendes a los intereses de las grandes marcas y es muy poco ecológico! Mira, a lo primero, lo siento en el alma pero estoy ya vendidísima y lo admito; y lo segundo, pues me sabe mal, porque amo mi planeta y creo que nos lo estamos cargando entre todos, pero resulta que me amo más a mí (¡qué egoísta que soy!) y prefiero la comodidad, el bienestar y el no tener que preocuparme por cosas que no lo necesitan.

Si utilizo los métodos más extendidos, puedo ocuparme por completo de hacer bien mi trabajo para lograr un buen futuro y tener independencia económica, puedo ocuparme de formarme continuamente para mejorar como profesional y como persona y me puedo ocupar de lo que me de la real gana, porque no me tengo que preocupar de nada más. Y eso no significa que esté negando mi realidad como mujer, simplemente estoy haciendo que mi menstruación sea lo menos molesta posible (porque lo es, os lo digo yo, que soy mujer y la sufro cada mes, y sé que no es un campo de rosas y algodones, no me vengáis con eufemismos) para que pueda seguir haciendo mi rutina con la mayor normalidad posible.

Claro que habrá gente que pueda permitirse estar cada dos por tres pendiente de su copa menstrual y vaciarla o que pueda andar lavando la compresa de ropa, si no digo yo que no. Pero no lo queramos vender como opciones factibles en todos los casos y mucho menos como opciones que nos permitan reivindicar una normalidad en cuanto a la menstruación.

Porque si a lo largo de la historia, la regla se ha convertido en tabú ha sido, entre otros factores, porque durante muchos años a las mujeres en los días de su período menstrual se las ha considerado infestadas, sufriendo múltiples dolores y quejándose constantemente. Es por eso que alcanzaremos la verdadera normalidad si podemos seguir haciendo nuestras vidas, sin importar si tenemos la regla o no, porque el mundo no se para por ello. Nada tiene que ver el método que utilicemos, pero usemos el que usemos lo primordial tiene que ser que nos permita seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas. Simplemente con algún dolor, pero yo he ido a trabajar o a la universidad con dolores de muelas mucho peores y he seguido haciendo mi vida. Esa es la normalidad. ¿Creéis que una mejor opción sería usar esas compresas de ropa que hay que ir lavando a menudo o el sangrado libre? No sé las demás, pero yo entonces debería quedarme en casa y para cualquier actividad que implicara desplazarme. Y eso no es igualdad.

Porque claro que eso nos diferencia de los hombres, pero no nos tiene que hacer diferentes en deberes y derechos.

No nos engañemos. No os engañéis.

Teresa