Vive tu vida como tú quieras. Equívocate.

Llega un punto en la vida en el que cada uno debe plantearse si lo que está haciendo le hace feliz e, inevitablemente, debe reflexionar acerca de lo que la felicidad es para él.

Y no es tan fácil con los miles de mensajes que recibimos diariamente que intentan decirnos cómo lograrla: ¡Viaja! ¡Sal de fiesta! ¡Quédate en casa! ¡Ve a cenar a un restaurante! ¡Date un masaje!

De locura.

Lo cierto es que en ningún lado está escrito cómo uno debe vivir su vida, y lo que a uno le puede satisfacer, a otro le puede parecer una tontería. La clave está en no dejarnos influenciar por comentarios ajenos acerca de lo que debemos hacer para ser felices.

¿Qué sabrán ellos de lo que ti te hace sonreír?

Cada uno de nosotros ha vivido experiencias distintas que nos hacen ser diferentes, por tanto, aconsejar sobre lo que una persona debe o no debe hacer para ser feliz es un tema complicado.

Pero si me permitís un consejo pequeñito os diré que viváis. Mucho. Intensamente.

Sí amigos, hay que estar en el agujero para salir del agujero, hay que vivirlo todo, pero hasta el fondo, a tope; aunque a veces duela, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu puta vida, para que cuando te llegue el momento, puedas gritar a boca llena: sí, amigos, yo he vivido.”

Hay que exprimir cada instante, pensando a lo grande, ilusionándose por cada pequeña cosa de la vida, apreciando en cada momento aquello que tenemos. Porque incluso en los momentos más jodidos habrá algo bueno y esa cosa buena, por más pequeña que sea, será lo que nos mantenga vivos, lo que haga nos merezca la pena seguir adelante.

370031c1bc2f40fa9dc5617378f6b5b3

Y sobre todo, tenemos que equivocarnos. Y aprender que tendremos que recorrer caminos oscuros y tortuosos, que quizás jamás hubiéramos pensado que andaríamos, para llegar a lo bueno; pero que la vida son altos y bajos, y únicamente mediante nuestros errores lograremos encontrar quien realmente somos, lo que realmente queremos ser y lo que nos hace verdaderamente felices.

Teresa

¡Fuera de mi regla! Normalidad sin retroceso

Una lee el periódico, escucha la radio por las mañanas, mira el telediario, porque quiere estar informada, quiere saber lo que pasa en el mundo y en su país. Pero os juro que cada vez me dan más ganas de coger una mochila con lo básico e irme a vivir a la montaña, a una isla desierta en medio del mar o a cualquier sitio que, como condición indispensable, no tenga acceso ni a internet ni a tdt ni a nada.

El mundo está loco. Eso es algo que sabemos todos desde hace mucho tiempo. Pero hay ocasiones que ocurren hechos que no hacen más que confirmarlo y, a mí particularmente, me indignan. Y que yo me indigne, así como estado permanente, es muy difícil; se me suele pasar rápido.

Resulta que la CUP de Manresa que, como no tenían nada mejor que hacer porque se ve que en Manresa no hay más problemas, se han dedicado a presentar una propuesta para fomentar entre las adolescentes métodos alternativos para usar durante la regla. A ver, que si solamente lees esto no te parece tan mal porque una va en pro del progreso y piensa: “¡Ah! A ver qué métodos proponen que igual me interesan”.

Copas menstruales, compresas de ropa, esponjas marinas y sangrado libre.

Y si no me creéis, os dejo aquí la noticia.

A ver una cosa, mujeres que habéis propuesto estas alternativas: ¿vosotras trabajáis fuera de casa y os pasáis el día haciendo recados de arriba a abajo, u os pasáis el día en vuestra casa cómodas y tranquilitas? Porque yo no paro en todo el día y os prometo que no estoy por la labor de tener que estar sufriendo todo el día e incómoda.

Y habrá quien piense: ¡oh pero te vendes a los intereses de las grandes marcas y es muy poco ecológico! Mira, a lo primero, lo siento en el alma pero estoy ya vendidísima y lo admito; y lo segundo, pues me sabe mal, porque amo mi planeta y creo que nos lo estamos cargando entre todos, pero resulta que me amo más a mí (¡qué egoísta que soy!) y prefiero la comodidad, el bienestar y el no tener que preocuparme por cosas que no lo necesitan.

Si utilizo los métodos más extendidos, puedo ocuparme por completo de hacer bien mi trabajo para lograr un buen futuro y tener independencia económica, puedo ocuparme de formarme continuamente para mejorar como profesional y como persona y me puedo ocupar de lo que me de la real gana, porque no me tengo que preocupar de nada más. Y eso no significa que esté negando mi realidad como mujer, simplemente estoy haciendo que mi menstruación sea lo menos molesta posible (porque lo es, os lo digo yo, que soy mujer y la sufro cada mes, y sé que no es un campo de rosas y algodones, no me vengáis con eufemismos) para que pueda seguir haciendo mi rutina con la mayor normalidad posible.

Claro que habrá gente que pueda permitirse estar cada dos por tres pendiente de su copa menstrual y vaciarla o que pueda andar lavando la compresa de ropa, si no digo yo que no. Pero no lo queramos vender como opciones factibles en todos los casos y mucho menos como opciones que nos permitan reivindicar una normalidad en cuanto a la menstruación.

Porque si a lo largo de la historia, la regla se ha convertido en tabú ha sido, entre otros factores, porque durante muchos años a las mujeres en los días de su período menstrual se las ha considerado infestadas, sufriendo múltiples dolores y quejándose constantemente. Es por eso que alcanzaremos la verdadera normalidad si podemos seguir haciendo nuestras vidas, sin importar si tenemos la regla o no, porque el mundo no se para por ello. Nada tiene que ver el método que utilicemos, pero usemos el que usemos lo primordial tiene que ser que nos permita seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas. Simplemente con algún dolor, pero yo he ido a trabajar o a la universidad con dolores de muelas mucho peores y he seguido haciendo mi vida. Esa es la normalidad. ¿Creéis que una mejor opción sería usar esas compresas de ropa que hay que ir lavando a menudo o el sangrado libre? No sé las demás, pero yo entonces debería quedarme en casa y para cualquier actividad que implicara desplazarme. Y eso no es igualdad.

Porque claro que eso nos diferencia de los hombres, pero no nos tiene que hacer diferentes en deberes y derechos.

No nos engañemos. No os engañéis.

Teresa

 

 

Libros imprescindibles

 Después de leer un libro, uno ya no vuelve a ser el mismo.

Para crecer, evolucionar y abrir la mente, siempre nos han dicho que lo mejor es viajar. Sin embargo, no todos nos podemos permitir estar constantemente de un país para otro, y es por eso que los libros son también una excelente opción para ver otros mundos. Leer nos permite conocer otras maneras de ver la vida sin movernos de donde estemos.

Este próximo sábado es el Día Internacional del Libro y por ello, me ha parecido la excusa perfecta para hacer una compilación de mis libros favoritos, para los lectores veteranos y para los principiantes que no saben por donde empezar.

Definamos primero mi perfil como lectora: soy una devoradora de libros a la que le encanta leer desde pequeña y, no solo eso, sino que, en lo referente a los libros, el tamaño sí que importa: cuanto más largos y extensos mejor.

La siguiente recopilación la he dividido en 4 categorías para que sea más fácil para todos ubicarnos.

P1040669_Fotor

Libros épicos

Son esos libros que cuando los estas leyendo sabes que tienes algo grande entre manos, que un montón de gente se ha emocionado con esa gran historia y que son atemporales. Son libros que son una totalidad: tienen amor, drama, misterio, aventura, dolor, pasión… y por esa razón llegan al corazón, porque seguro que entre todos esos elementos, hay alguno que conecta contigo y que te hace recordarlo siempre.

P1040655_Fotor

 

“Alguien me dijo una vez que en el momento en el que te paras a pensar si quieres a una persona, ya has dejado de quererla para siempre”

La sombra del viento – Carlos Ruiz Zafón

“La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón es uno de mis libros favoritos de todos los tiempos y que representa muy bien esta categoría. Combina a la perfección esos elementos que comentaba: una trama repleta de misterio y suspense, una gran historia de amor, una pincelada de novela histórica y, en mi caso concreto, al estar la acción se situada en Barcelona, en paisajes familiares para mí, ese es el elemento que hace que conecte más con el libro.

“El ocho” de Katherine Neville me parece una obra muy completa. Es un libro que además de tenerlo todo (amor, misterio, aventura…), tiene una estructura narrativa que te engancha y te hace estar atento en todo momento para no perderte ni un detalle.

“El médico” de Noah Gordon, para mi fue un caso raro ya que, al empezarlo, no me gustó nada, se me hacía pesado y tuve que hacer un gran esfuerzo para seguir leyendo. Pero poco a poco, no se si porque yo me lo tomé con otra actitud o porque el libro se puso más interesante, me fue cautivando más hasta llegar al punto de que no podía dejar de leerlo y me parece una gran obra muy completa y de lectura más que recomendada.

Libros para pensar

Hay libros que aparecen en el momento preciso y con el mensaje adecuado para hacernos reflexionar acerca de lo que leemos y aprender de ello, usando aquello más útil para nosotros. Pero ¡ojo! no estoy hablando de los llamados libros de autoayuda. A los que me refiero pueden ser cualquier tipo de novela, la única particularidad que deben tener es que, por alguna razón, lleguen al corazón del lector, conecten con él  y le hagan extraer algún aprendizaje aplicable a su vida.

P1040659_Fotor

“Se trata de inventar de nuevo la rueda, el fuego, la música, el canto… de olvidar la masificación y la búsqueda. De aceptar el dolor y la tristeza. De no formar parte de ninguna regla que den por establecida”

El mundo azul. Ama tu caos – Albert Espinosa

En mi caso son los libros de Albert Espinosa. Todas sus novelas me cautivan. Tiene una manera que tiene de contar las historias, con tanta sencillez, mostrando siempre la realidad por muy cruda que sea pero con ese toque de vitalidad, de amor a la vida, que hace que mi cerebro vaya a mil por hora para intentar absorber todo lo que va leyendo y que conecta muchísimo con mi filosofía vital y la complementa a la perfección. Cierto es que no son libros necesariamente alegres pero transmiten un mensaje plenamente optimista y alentador que ayudan a querer mejorar cada instante de nuestra existencia para hacerla plena y memorable.

Libros para enamorarse

No me gusta la novela romántica al uso. A mí, las historias pastelosas me parecen un tostón. Sin embargo, me fascinan los que cuentan historias de amor reales, crudas, sin tanta floritura, vamos, los que acaban mal.

P1040661_Fotor

“La vio acercarse a él como si realmente fuese a su encuentro, buscándole sin conocerle, escribiendo su nombre a cada paso”

Últimas tardes con Teresa – Juan Marsé

Uno de mis favoritos de este estilo es “Últimas tardes con Teresa” de Juan Marsé. Cuenta la historia de amor complicada y tortuosa entre dos personas de clase social completamente opuesta que se empeñan en encajar pero que en el fondo saben que eso no es posible. El autor define tan bien a los personajes y los escenarios por los que transcurre la acción, que cuando estas leyendo, quedas atrapado y empatizas a la perfección con los personajes.

“¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma […] Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.”

Desayuno con diamantes – Truman Capote

Y como no, “Desayuno con diamantes” de Truman Capote. ¡Cuántas veces me he sentido un poco Holly Golightly! Quizás este es el libro menos de amor al uso de todos, pero para mí es un libro de amor a uno mismo (o de la falta de éste) y también del miedo a enamorarse de verdad, a entregar todos los sentimientos a otra persona. Recomendado 100%.

Libros placer culpable

Y en esta última categoría encontramos aquellos libros que, como los lee todo el mundo, no queda muy intelectual decir que los has leído o que te gustan. Pero como en ningún sitio está escrito que aquello de mayor alcance popular, tenga peor calidad; yo admito que los leo y que me gustan.

P1040665_Fotor

“¿Cómo he llegado hasta aquí? Me pregunto cuándo comenzó mi declive; en qué momento podría haberlo interrumpido. ¿Dónde tomé el camino equivocado?”

La chica del tren – Paula Hawkins

He leído muchos y por mis manos han pasado varios, pero en mi corazón siempre estará “El código Da Vinci” de Dan Brown. ¡Cuántos años hace ya que me lo leí! Pero me encantó. Y después vinieron “Ángeles y Demonios”, “La Conspiración”, “Fortaleza Digital”, “Inferno”…vamos, todos los de Dan Brown. Quizás no sean lo mejor de la literatura ni están escritos en el estilo más depurado de todos pero cumplen lo que prometen: entretenernos y enfrascarnos en una aventura de la que no podemos escapar tan fácilmente.

Cómo no, también sucumbí al fenómeno “Millenium” de Stieg Larsson (en mi defensa diré que mucho antes de que se masificara) y me leí los 3 de una vez (sí, 3, no pienso leerme el 4 por muy póstumo y homenaje que me lo quieran vender). Me apasionó el modo de relatar la acción y, cómo no, el rollo de Lisbeth Salander me enamoró. Por cierto, si queréis ver la película de “Los hombres que no amaban a las mujeres” en vez de leer el libro, mirad la sueca, la original; la hollywoodiense me parece un petardo.

Y el último libro que he leído, y que se engloba en esta categoría, ha sido “La chica del tren” de Paula Hawkins. Lo había leído todo el mundo y a mí me picaba la curiosidad. Y lo cierto es que no me decepcionó para nada. Me enganchó, me gustó mucho la estructura narrativa y el personaje principal, Rachel, es una joya psicológica de las que me encantan.

¡Feliz día internacional del libro! Y a leer.

Teresa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Besa mucho

Creer en algo está bien. Muy bien.

El problema reside en que, cuando aquello en lo que creemos falla, nuestro universo se tambalea.

Porque solemos creer en cosas materiales o en personas. Y ¿qué ocurre? Que esto puede decepcionarnos y, de hecho, lo hace muy a menudo.

Porque el mero hecho de poseer determinado objeto no nos va otorgar unas determinadas características de personalidad; y las personas hoy te pueden decir una cosa y mañana otra. O simplemente irse.

Y en el momento en que nos damos cuenta de esto nos frustramos, nos sentimos decepcionados y creemos que ya no merece la pena creer en nada ni en nadie.

¿La solución?

Empezar a creer en cosas que no nos defraudarán. O, en otras palabras, en conceptos abstractos que al no estar claramente delimitados por definición, podemos adaptar a nuestra medida y siempre van a encajar con lo que necesitemos.

Por ejemplo, yo creo en el poder de los besos.

Porque hay besos que te salvan la vida.

Y si te como a besos, tal vez, la noche sea más corta, no lo sé.

Desde pequeños hemos visto que en los cuentos, todas las princesas tienen como objetivo recibir ese beso de amor verdadero, que será el que ponga el final feliz a su historia dramática. Pero no nos engañemos, es una utopía.

Y cuando crecemos, vamos viendo que hay besos que se dan sin tanto sentimiento y que no están nada mal. Pero tampoco nos terminan de convencer.

Hasta que llega ese que es el definitivo. El que te hace volver a creer en el amor. El que te despierta de ese letargo. El que te hace volver a por más.

Y ¿qué mosca me ha picado a mí hoy?

Resulta que el miércoles se celebra el día internacional del beso y aunque me parezca una soberana tontería y no sepa si los besos son la salvación o la respuesta a todos nuestros males, hay que besar. Besar mucho. Con toda el alma. Hasta que duelan los labios. Sino quizás mañana sea tarde.

dia-internacional-beso

Bésame.

Bésame porque así lo sientas.

Dame un beso en la frente para que me sienta segura, me sienta en casa.

Bésame, aunque sea porque toca, en la mejilla.

Sé un caballero y bésame la mano para que pueda sentirme tu dama.

Cállame con un beso cuando me pierdo entre palabras inconexas por los nervios.

Dame un besito suave, dulce y cálido mientras me abrazas porque estoy rota de dolor para que sepa que estás conmigo.

Róbame un beso furtivamente mientras estamos paseando hablando de nada en concreto.

Cógeme de la cintura por sorpresa, mírame a los ojos y dame un beso de película.

Hazlo como sientas, pero por lo que más quieras, no dejes nunca de besarme.

Aquél beso, aquél 8 de junio, me salvó la vida.

¡Feliz día internacional del beso!

Teresa

 

 

 

 

 

 

 

¿Vives en el pasado o en el presente?

Vivo en una dicotomía. Me encanta recordar hechos pasados que me transportan a estados de felicidad, pero no soporto instalarme en la nostalgia por un largo período de tiempo.

Es muy peligroso entrar en el círculo vicioso de los pensamientos pretéritos. Puedes empezar por un recuerdo bonito, a saber, un momento feliz jugando en el parque con tu abuela o una buena noche de fiesta que pasaste con tus amigos; sin embargo la memoria, que es muy traicionera, te va a acabar llevando a recuerdos que quizás no fueron tan felices, como una discusión con tu mejor amiga o una ruptura sentimental.

Y a pesar de que sabemos todo esto, solemos embarcarnos a menudo en este viaje por la memoria y, lógicamente, lo finalizamos con algún rasguño emocional. Porque recordar es adictivo, es como una droga.

Hasta que aprendemos que, como en todo, la clave está en el equilibrio.

P1030127_Fotor

Todos pasamos por etapas en las que, por alguna razón, porque no nos sentimos bien con lo que vivimos en el momento, nos pasamos gran parte del tiempo recordando momentos pasados que fueron, en nuestra opinión, mejores. Y digo en nuestra opinión, porque seguramente no eran ni mejores ni peores, simplemente nuestras circunstancias en ese momento no eran las mismas. No podemos comparar nuestro yo actual, adulto, con responsabilidades; con nuestro yo pasado en el que teníamos menos preocupaciones, no éramos responsables de tanto y nos creíamos invencibles. El baremo de comparación no es el mismo y si no somos capaces de darnos cuenta de esto, nos quedaremos anclados en la falacia de que el pasado era mejor. Y no lo era. Era distinto.

No digo que esté mal volver con la mente a años atrás, simplemente recomiendo precaución.

Tal y como yo lo veo, hay que disfrutar el presente. Quien me conoce sabe que a veces esto lo digo un poco por decir, porque siempre estoy planeando cosas, pero realmente soy consciente de que no todo en esta vida es susceptible de ser planificado y que hay que dejar que el día te sorprenda. Que quizás no todo lo que habías organizado sale como pensabas pero ¿qué más da? La vida es imprevisible y esa es la mayor aventura que uno puede vivir día tras día.

Por supuesto que hay que guardar los bellos recuerdos que se han vivido y, de vez en cuando, sacarlos de ese cajón en el que los hemos dejado para admirarlos; pero no podemos hacer de eso nuestro modo de vida. Porque entonces no vamos a disfrutar de lo que nos suceda.

Y no se si será mejor o peor que lo anterior, pero lo que si se es que lo único que tenemos de verdad en cada momento es el presente.

Teresa

Quiero ser mía. Siempre mía.

No soy la princesita de nadie.

No estoy al servicio de ningún hombre.

No valgo en proporción a mi escote.

No soy propiedad de nadie.

Ni yo ni ninguna mujer.

Tú no tienes ningún derecho a decirme lo que puedo y no puedo hacer. No puedes decidir por mí bajo ningún concepto.

Untitled_Fotor.jpg

Estamos en 2016 y que aún vea a chicas adolescentes con actitudes parecidas a las de las mujeres sumisas de antaño, me parece aberrante.

¿Cuándo hemos olvidado la lucha de todas la mujeres que nos han precedido?

¿De verdad no nos damos cuenta del mensaje que estamos dando a las mujeres del futuro? Les estamos diciendo (y se lo decimos por todos lo medios posibles, porque vivimos en la era de la comunicación masiva y global) que lo correcto es ponerse al servicio del hombre. Que mientras más carne enseñen y menos hablen mejor. Que sí, que pueden estudiar e ir teniendo una carrera más o menos exitosa, pero la gran meta en la vida tiene que ser encontrar pareja. Que los hombres tienen necesidades que ellas deben cubrir porque sino estos las abandonarán por otra que sí lo haga.

Como decía Mafalda…”Paren el mundo que me quiero bajar”.

Así no avanzamos. Así vamos a estar lamentando casos de violencia doméstica, violencia sexual contra la mujer y vejaciones diarias contra nosotras, durante mucho tiempo.

Digamos a las niñas y chicas que deben tener objetivos, metas y sueños, que claro que tendrán que trabajar duro para alcanzarlos, por supuesto, pero que será la única manera de no tener que depender de nadie. Que ellas mismas tienen que ser capaces de proporcionarse todo lo que necesitan.

Porque si no lo hacen, pueden encontrarse con alguien que se aproveche de ellas, que las anule como personas, que las haga dependientes. Estos hombres que piensan que las mujeres son su posesión, les prometerán la luna con palabras bonitas y adulaciones y después, sin ellas darse cuenta, acaban convirtiéndose en meros floreros sin aspiraciones más allá de su hombre dedicadas a su cuidado y placer.

Y llamadme loca pero creo firmemente en 2016 no podemos permitirnos que ni una mujer termine de esta manera.

Ni una sola.

Una mujer

 

Harta del machismo encubierto

Cada día estoy más harta de esta sociedad machista. De que un día salga un obispo diciendo que si hay mujeres maltratadas es porque estas piden el divorcio. De que para fin de año presente las campanadas una chica medio desnuda haciendo el papel de tonta. De que consideremos normal ver a mujeres semidesnudas en la televisión y en anuncios “porque vende y a los hombres heterosexuales siempre les van a poner las mujeres desnudas”.
Pues no me da la gana. No me da la gana aceptar que vivo en una sociedad así de enferma. Y menos aún que me tenga que oír que me aguante porque esto va a ser siempre así.
Sí claro. Va a ser siempre así, porque vosotros, los hombres que pronunciáis estas frases, no os da la gana aceptar que sois unos machistas, porque ya os va bien ver carnaza, vivís bajo la ley del mínimo esfuerzo y para qué hacer algo.
¡Basta ya! De vivir en una sociedad en la que el cuerpo de la mujer es otro instrumento más para el marketing. Joder… ¡calentaros la cabeza! ¡Intentad buscar otro reclamo publicitario!
Pero claro, ya podemos la gran mayoría de nosotras dejarnos la vida tratando de que se nos valore por nuestras capacidades en vez de por nuestro físico, que siempre habrá la borrega de turno que aceptará seguir el juego y entonces las demás nos fastidiamos.
No me quiero poner épica y empezar a decir aquello de “y ¿dónde quedan todos los años de lucha feminista, todas las mujeres que nos precedieron y batallaron para que ahora nosotras disfrutemos de la igualdad que tantos se merecían ellas y nosotras?”. Pero no queriendo, lo digo.
¿Se piensan estas chicas “modernas e independientes “que somos tontos? ¿Creen que soltando una excusa tipo “la cadena no me ha obligado a vestirme así”, nos lo vamos a creer? ¡Oh claro! ¡Tú te pones medio en bolas en diciembre en Madrid porque te ha dado la real gana!

Vale, quizás me esté dejando llevar. Puede que sí, que las mujeres que aceptan según qué cosas realmente quieran y que acepten venderse por unos días de estar en boca de todos. Sea como fuere, que queréis que os diga, flaco favor nos hacen al resto de mujeres con esos actos tan machistas (¡ojo! ¡Qué digo que lo machista son los actos, no las chicas, no las conozco como para opinar tan a la ligera!).
Me parece bien que queráis estar en boca de todo el mundo y que os merezca más la pena que el haceros valer y respetar. Vale, es vuestra opción. Pero, a ver, un poco de sentido de género. No nos perjudiquéis al resto de mujeres. En esta sociedad en la que vivís y que os aplauden como borregos que salgáis casi desnudas, también hay niños, niñas y adolescentes a los que alguien les debería advertir que eso no es normal. Que no es normal que una chica tenga que mostrar su cuerpo para que le hagan caso. Que no es en absoluto normal tener que hacerse la tonta para resultar más simpática, caer mejor a la gente y que los hombres se fijen en ti.

Porque luego todos nos ponemos las manos a la cabeza cuando vemos casos de adolescentes que sufren bullying con consecuencias extremadamente graves. Pero no somos capaces de ver donde puede nacer el problema y menos aún somos capaces de decir: “¡ostia arreglémoslo!, tratemos de cambiar de mentalidad, por dignidad”.

Que ya sabemos que ser mujer joven es muy jodido, que nos bombardean constantemente con cremas para “parecer más joven”, maquillaje para “estar más bella” o ropa que “te hará ver más delgada”. Pero…ya basta ¿no? Favorezcamos la aceptación personal del físico, mostremos distintos tipos de mujeres en televisión y publicidad. Cambiemos, de una vez por todas, el prototipo de mujer joven y tonta como el ideal para vender. No nos hipotequemos como sociedad a las marcas. No vendamos el futuro de nuestras mujeres a los intereses comerciales.
Teresa

¿Te atreves a soñar?

seachange

Si de algo hemos oído hablar, la mayoría de nosotros, es de la motivación. Nos han dicho que debemos encontrar en nuestra rutina habitual esas cosas que nos impulsen a levantarnos de la cama cada mañana, aquello que nos haga vibrar y sonreír, en definitiva, que nos haga ser felices. Y está muy bien. Pero yo prefiero hacer otras cosas.

Yo prefiero soñar y crear mi realidad tal y como yo la quiero.

Si hay algo en tu vida que no te da ese impulso necesario, que no te hace sentir esas cosquillas en el estómago; entonces suéñalo.

Si no te motiva el lugar en el que te encuentras, cámbialo. Siempre, sin excepción. Busca aquello que te haga ser feliz. Suéñalo. Hazlo real.

Porque el cambio es la única constante, la única certeza que tenemos en nuestra existencia. Nada permanece eterno. Y somos nosotros los que debemos decidir si nos adaptamos o si preferimos establecernos en un estado de nostalgia estéril en el que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Al principio, nos asustará. No sabremos si el destino será mejor que el punto de partida. Pero no importa tanto el resultado sino el cambio de mentalidad.

Desde que nacemos, nos enseñan a hacer las cosas de una manera concreta, pero ¿qué pasa cuando lo que sabemos no sirve? ¿Qué pasa cuando lo aprendido queda obsoleto?

A mi generación le ha tocado vivir una época cambiante, llena de incertidumbre. Las maneras de encontrar trabajo, de enamorarse, de gobernar, de liderar; todo ha cambiado.

Y, o bien podemos seguir haciendo lo que hacíamos hasta el momento y estancarnos, o tratar de innovar para alcanzar nuestros objetivos.

Este cambio debe empezar desde dentro, desde uno mismo. Nadie puede imponer a otro que cambie. Pero uno sí puede empezar e intentar servir de ejemplo para el que vendrá después y provocar una reacción en cadena.

“Sólo obtendrás de la vida aquello que estés dispuesto a poner en ella”

Sueña. Actúa.

¡Bienvenidos!

Teresa