Negro. Cocina internacional con estilo en Barcelona.

Hablando el otro día con unos amigos sobre el blog, me vino un pensamiento a la cabeza que definió muy bien mi visión: “a mi me gustan más los restaurantes que la comida”. Y es que, aunque estoy empezando a disfrutar de la comida y a saborearla y valorarla, suelo enamorarme más del entorno en el que me la sirven. Por eso le presto tanta atención a la decoración de los restaurantes, porque es lo que más me llama la atención y lo que muchas veces determina mis elecciones.

Con Negro eso me pasó al 100%. También es verdad que al ser de Grupo Tragaluz, del cual hemos ido ya a varios restaurantes, sabía que la comida sería buena por lo que me dejé llevar por el estilo y fuimos a probar.

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¿Dónde está?

Encontramos Negro en la Av. Diagonal 640 justo en frente del centro comercial L’Illa.

¿Cómo es la decoración?

Muy sencilla y nórdica, con predominancia de colores oscuros y cálidos y de madera clara. Con poca luz creando un ambiente íntimo.

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¿Cómo nos trataron?

Muy bien. La verdad es que todo el personal iba a mil por hora porque tenían mucha gente y aún así, se tomaron el tiempo necesario para atendernos bien.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes habiendo reservado el día anterior. Os lo digo porque muchas veces que había intentado reservar anteriormente, como se me había ocurrido hacerlo el mismo día, había sido imposible.

Había mucha gente.

Es un restaurante muy mono, con cierta fama y al que va bastante gente. Solos no estareis pero sabiéndolo uno ya va mentalizado.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un rollito de verduras con salsa thai delicioso e ideal para compartir porque aunque es contundente, entre dos personas resulta más llevadero. Además la salsa thai no era nada picante (tenía ese puntito, pero nada exagerado) y tenía un toque muy refrescante perfecto para contrarestar un poco la pesadez de la fritura del rollito.

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También compartimos un huevo de pato estrellado con patatas y jamón ibérico espectacular. Tenía un sabor muy intenso y, de nuevo, al ser para compartir no resultó demasiado pesado.

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Como plato principal, David pidió el pulpo con patata y kimchi que le fascinó. Según él, el pulpo estaba muy bien cocinado y muy tierno y con un sabor muy auténtico.

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Yo me vine muy arriba y decidí pedirme la pizza de ragú de ternera y parmesano. ¡De otro mundo! A pesar de que no soy muy de pizzas, no pude resistirme ya que el ragú es una de mis maneras favoritas (y más sabrosas) de guisar la carne y el parmesano es mi queso favorito del mundo; así que esa combinación tenía que probarla. Me encantó la pizza porque era extremadamente fina, ideal para no terminar demasiado llena, y los dos sabores combinaban a la perfección y a pesar de ser muy intensos ambos no se pisaban el uno al otro. Vamos, que me enamoré de la pizza.

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Para terminar, pedimos un coulant con helado de chocolate blanco para compartir (del que no hay foto porque somos unos ansias) que estaba espectacular.

Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botella de vino y una de agua con gas nos costó 79,3€.

Valoración global

Nos ha encantado.

Como ya conocíamos otros restaurantes de grupo Tragaluz, no nos ha sorprendido que Negro nos gustara.

Ofrecen un producto de calidad, bien elaborado y en un ambiente informal pero con estilo que lo hace ideal para múltiples ocasiones. Bien es cierto que el precio es un poco elevado, aunque en mi opinión la relación calidad-cantidad-precio es excelente.

Nos ha parecido un restaurante ideal para ir en pareja una noche que queramos que sea especial. Eso sí, quizás para una cita extremadamente romántica no, pues aunque sí tiene ese halo especial, por la cantidad de gente que hay no es el restaurante más íntimo del mundo. También puede ser ideal, si buscáis un restaurante al que ir un grupo de amigos a empezar una noche de esas que se alargan hasta tarde (o temprano por la mañana) por lo informal, moderno y joven del local.

Seguramente repetiremos y muy probablemente probaremos en Rojo, su local hermano que se encuentra en la parte de abajo de Negro y que ofrece especialidades japonesas.

Teresa

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Pepa Tomate. Nuevo local de tapas en Sant Antoni, Barcelona.

La calle Parlament parece infinita, siempre hay espacio para un local de restauración más. Uno de los más nuevos que han abierto, se llama Pepa Tomate y como espíritus curiosos que somos allá que fuimos a ver qué se cocía.

Como ya he dicho, Pepa Tomate está en la calle Parlament 35, pero podéis encontrar más restaurantes del mismo grupo repartidos por Barcelona.

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El local está decorado como los típicos bares de tapas, un poco más modernizado, pero con bastante encanto.

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Las opciones para comer y tapear son muy variadas pero nosotros decidimos empezar por unas patatas con allioli de mortero muy ricas, sobretodo el allioli, y unas croquetas de setas, nuestras favoritas, que estaban deliciosas.

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Después, David pidió las costillas de cerdo American Route 66 que estaban espectaculares, con la carne super tierna y sabrosa aunque, como bien nos indicó el camarero cuando pedimos, la ración es muy escasa; y más aún por el precio que tiene el plato.

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Yo en cambio, pedí una ensalada tíbia de pasta fresca, tomates, piñones, alcaparras, ajo negro y parmesano. Estaba muy buena, bastante refrescante y con los sabores muy bien integrados y combinados. Todo un placer para el paladar.

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Como nos quedamos con un pelín de hambre, decidimos pedir unos postres. Yo, por recomendación del camarero, pedí el tiramisú casero que estaba espectacular aunque os recomiendo compartirlo porque es bastante pesado (es lo que tiene el tiramisú); y David pidió un pastelito llamado Gemma Floral, que es un pastelito vegano de fresa, lima y cilantro súper rico y refrescante.

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Nos gustó bastante, sobretodo la comida ya que nos parece que ofrecen un producto de gran calidad, muy bien presentado y muy bien elaborado.

El precio global no era excesivamente caro (47,4€), o mejor dicho, no lo sería si las raciones fueran más espléndidas ya que salimos con la sensación de que habíamos pagado demasiado por unas raciones más bien escasas o justas. Dentro de lo malo, lo bueno es que el personal que nos atendió ya nos iba advirtiendo de que platos eran más pequeños, lo qual se agradece y demuestra honestidad por su parte.

Creo que puede ser una buena opción para ir a tomar unas copas de vino o unas cañas y unas tapas (2 o 3) para picar algo, sin embargo, para comer propiamente, uno puede quedarse con un poco de hambre.

Aún así, el ambiente que se respira es bueno y, aunque cuando nosotros fuimos era un festivo al mediodía y había bastante gente, es una buena opción más que ha nacido en el barrio.

Teresa

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Florida. Cocina tradicional y cosmopolita en Barcelona.

El restaurante del que os vengo a hablar hoy lleva abierto ya bastante tiempo en el barrio y, aunque por delante hemos pasado infinidad de veces, siempre nos pillaba de paso y nunca entrábamos. Hasta que decidimos ir a cenar a Florida y probar sus platos y su ambiente.

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¿Dónde está?

Encontramos Florida en la calle Floridablanca 119, cerca de la parada de metro Sant Antoni.

¿Cómo es la decoración?

No tiene nada especial, todo el local está decorado con elementos de madera, mimbre y de color blanco, y con copas y botellas dispuestas en varias estanterías; pero el conjunto que conforman es muy acogedor.

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¿Cómo nos atendieron?

El chico que nos atendió fue muy amable y el servicio fue muy rápido.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a Florida a cenar un viernes no demasiado tarde. Habíamos reservado para las 21h y a menos 10 ya estábamos allí (sí, somos unos ansias que nos pasamos de puntuales) por lo que durante todo el tiempo que estuvimos allí no se llenó demasiado el local y pudimos estar muy tranquilos.

¿Qué comimos?

Como toda la carta está basada en tapas y platillos, decidimos pedir varias para poder compartirlas y probar más platos.

Empezamos con unas patatas bravas, porque a veces somos unos aburridos que no salimos de los clásicos, pero lo cierto es que estaban muy buenas e ideales para mí ya que no soy muy fan del picante y éstas lo eran lo justo.

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Pedimos también unos calamarcitos a la andaluza que estaban riquísimos y francamente adictivos, empezabas a coger uno y casi te tenías que terminar el plato tu solo. Muy buenos.

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A continuación, y como para equilibrar un poco y sentirnos más sanos (sí, claro), pedimos unas verduras a la brasa con salsa romesco. Estaban muy buenas pero les pasa lo mismo que ocurre en muchos restaurantes que ofrecen este plato: si las verduras van acompañadas de salsa, no pongáis una gota de salsa que no llega ni para dos champiñones; sed más generosos que los fans del romesco queremos notar el sabor durante todo el plato.

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Los siguientes platos que pedimos en principio también eran para compartir, pero terminamos comiendo cada uno el suyo.

Pedimos el pulpo a feira con pimentón de la vera que, aunque estaba riquísimo, a mí no me entusiasmó por el mero hecho de que tenía demasiado sabor y textura a pulpo (pues claro bonita, no iba a saber a chocolate…) pero a David, que es muy fan, le encantó y se lo comió encantado.

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Y para terminar pedimos también el pollo Tikka Masala con arroz jazmín que estaba muy bueno. He de reconocer que estaba un poco asustada porque pensé que tendría un sabor demasiado intenso y que quizás no lo disfrutaría demasiado, pero lo cierto es que no, que el sabor del plato era muy suave y nada cargante.

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Y como nos vinimos un poco arriba, decidimos pedirnos unos sorbetes de mojito que estaban buenos pero, a posteriori, llegamos a la conclusión que hubiese sido mejor pedir uno para compartir ya que la cantidad de ron que llevaban era demasiado elevada.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos nos costó 70,5€, es decir, 35,25€ por persona.

Valoración global

La comida nos gustó mucho, las raciones eran bastante correctas y, aunque el precio no es barato, nos pareció aceptable por todo lo que comimos y bebimos. Sobretodo por cantidad ya que salimos bastante llenos del restaurante. Si os parece caro, siempre podéis escoger otros platos u otras bebidas y la cuenta será más ajustada.

Además, el ambiente que se respiraba era super especial ya que los viernes y los sábados de 21:30h a 23:30h (si no recuerdo mal) hay música en directo por lo que, si os gusta, se disfruta muchísimo. El chico que cantó cuando fuimos nosotros nos hizo pasar un rato mágico, porque somos mucho de música y más aún si es en directo.

Vamos, que salimos de Florida encantados, habiendo descubierto un nuevo restaurante y convencidos de que volveremos por lo cerca que nos queda y porque nos pareció ideal para cualquier celebración familiar o una reunión con amigos que se preste a pedir varios platos y picotear.

Teresa

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Parlament Cuina de Barri. Tapas de siempre actualizadas en Barcelona.

Hablar del barrio de Sant Antoni de Barcelona sin hablar de la calle Parlament es, como poco, complicado. Porque desde que se convirtió en el barrio hipster y centro del moderneo de la ciudad, esta calle ha albergado un gran número de locales que captan muy bien esa esencia.

Pero claro, no todos comulgamos con ese estilo al 100%, o al menos no todo el rato. Por eso la apertura Parlament Cuina de Barri ha sido todo un acierto, pues es un local que sabe recoger muy bien ese aire moderno con tapas y platos de toda la vida adaptados ligeramente a ese estilo pero sin florituras.

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Parlament Cuina de Barri está, lógicamente, en la calle Parlament 26, muy cerca de la parada de metro Poble Sec.

El local está decorado con grandes toques de madera clara y muebles de estilo vintage que le dan un aspecto acogedor y con elementos industriales que le dan ese aire más actual.

La carta es bastante variada y apta para todos los gustos.

Nosotros, como casi siempre que vamos a locales de este estilo, decidimos compartir y degustar varios platos.

Empezamos con unas verduras a la brasa con salsa romesco. Estaban deliciosas, en su punto, con una variedad muy buena y cada una en número par, lo cual se agradece al ser dos comensales. Eso sí, echamos de menos un poco más de salsa porque no nos dio para todas las verduritas. Es que en esta casa somos muy de romesco…

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Compartimos también unos calamares a la andaluza con mayonesa de wasabi espectaculares y deliciosos, con un rebozado muy fino y con un toque sorprendente.

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Después pedimos un tataki de atún con crema de aguacate muy bueno y totalmente en su punto, o al menos en el punto que me gusta a mí; y un pulpo a baja temperatura con patata y papada delicioso y muy tierno. Cada vez estoy entrando más en el pulpo, veremos como evoluciona.

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Y por supuesto, tomamos algo dulce; porque una cena de un viernes por muy informal que sea no puede terminar sin postre.

David tomó un sencillo pero delicioso pan con chocolate y yo me decidí por un flan de chocolate blanco y maracuyá que estaba buenísimo. Todo un gustazo para el paladar.

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La verdad es que salimos de Parlament Cuina de Barri encantados. Habíamos oído hablar muy bien de él y ciertamente es un lugar muy recomendable para múltiples ocasiones y en especial para aquellas más informales tanto en pareja como en grupo más grande. Además no está nada mal de precio, a nosotros todo nos costó 68€ y la verdad es que salimos satisfechos y sin nada de hambre.

Todo un gran descubrimiento que sin duda, nos sacará de muchos apuros en muchas ocasiones en las que no sabemos dónde ir a comer.

Teresa

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Bellavista del Jardín del Norte. Un pueblo chic en medio de Barcelona.

Si a uno le dicen que han abierto un restaurante que quiere representar un pueblo con todos sus elementos en medio de Barcelona, la primera reacción es algo así como: “¿perdona?”.

Pero claro, eso alguien normal, porque a mí que las cosas cuanto más curiosas y peculiares son, más me gustan; mi reacción fue: “¡vamos!”.

Y así fue como fuimos un sábado a darnos un homenaje a Bellavista del Jardín del Norte.

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¿Dónde está?

Encontramos Bellavista del jardín del norte en la calle Enric Granados 86-88, bastante cerca de la parada de metro Diagonal.

¿Cómo es la decoración?

La gracia del restaurante es que está ambientado como si fuera un pueblo, es decir, todo el local está dividido en varios ambientes que recrean cada uno, una parte de un pueblo: la plaza, la iglesia, el colmado, el bar, la barberia, etc. Todos ellos llenos de luz, color y de vida, transmitiendo alegría a todos los comensales.

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¿Cómo nos trataron?

Muy bien. La verdad es que nos llamó la atención lo extremadamente amable que era todo el personal, con una sonrisa todo el rato, explicándonos todo sin problema y pendientes en todo momento de todos los clientes.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo dos tapas del apartado de la carta que ellos denominan Cruce de mundos. Pedimos la de China, un bao de cerdo Pekín, es decir, un pan al vapor relleno de carne de cerdo con salsa cantonesa; y la de Argentina, una empanada criolla de cochinillo ligeramente picante. Ambas estaban deliciosas y para probar un poco de las especialidades internacionales de la carta estuvo muy bien.

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Después, y como íbamos con la intención de regalarnos un poco, pedimos un Arroz marinero del Senyoret. No soy yo muy de comer paellas fuera de casa (las que hace mi padre son sagradas) pero últimamente, con el buen tiempo, nos ha apetecido muchísimo tomarlas y aquí nos entró por el ojo y, la verdad, suerte que la pedimos. Estaba riquísima, pegadita pero no en exceso y con un sabor muy intenso de todos los ingredientes.

Lamento mucho no haber podido hacer una foto de la paella entera y bonita, pero es que no me dio tiempo a reaccionar a esos primeros segundo de quedarme embobada mirando y oliendo la paella.

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No sé cómo pero aún hicimos sitio para tomar postre. David pidió un sorbete de mango super refrescante y muy cuqui; y yo, me vine arriba y pedí un trozo de Fudge Cake de chocolate orgásmico completamente.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos nos costó 93,5€, es decir, 46,75€ por persona.

No es un restaurante barato y, como en todos, hay platos cuyo precio es correcto y otros que son excesivamente caros para lo que son. Ahora bien, es el lugar ideal para darse un capricho puntual en un sitio en el que sabes que la calidad será buena.

Valoración global 

La experiencia fue fantástica. Salimos encantados y recomendandoselo a todo el mundo que nos preguntaba.

Es el restaurante ideal para una celebración en grupo o en pareja especial, fantástico también para ir con niños.

La originalidad del local, la excelente atención recibida por parte de todo el personal que nos atendió desde que entramos y la gran calidad de la comida que nos sirvieron son los factores que nos han hecho enamorarnos del lugar.

Recomiendo ir al mediodía, un día soleado, para apreciar bien toda la luz que entra en el local y enamoraros de cada detalle que se os vaya presentando.

 

 

El Ninot Cuina. Cocina de mercado actualizada en Barcelona.

No falla. Si no sabemos dónde ir a cenar, siempre hay un restaurante del grupo En Compañía de Lobos que nos va a sacar del apuro y que nos va a encantar. Y por supuesto con El Ninot Cuina no ha sido menos. Desde aquí, me declaro fan.

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¿Dónde está?

Encontramos El Ninot Cuina en la calle Casanova 133, en la parada nº1 del Mercat del Ninot, muy cerca del metro Hospital Clínic.

¿Cómo es la decoración?

Mágica y especial. Toda en madera clara, genera una atmósfera super acogedora y romántica que hace que el restaurante sea ideal para una cena romántica. Caben destacar los abetos colgados del techo con luces pequeñas que dan sensación de cielo estrellado.

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¿Cómo nos trataron?

Todo el personal que nos atendió fue muy amable y estuvo muy atento con nosotros en todo momento.

¿Qué comimos?

Toda la carta se basa en productos mediterráneos y en cocina de mercado actualizada con giros muy originales; así que después del shock inicial de verla y pensar que nos gustaba todo, nos decidimos por empezar compartiendo unas tapas y luego pedir cada uno un plato.

Comenzamos con unas patatas bravas Ninot y unas croquetas de los dos tipos que tienen para probar como eran. Las bravas estaban bastante buenas aunque no era muy distintas a otras que se pueden comer en otros lugares, sin embargo las croquetas sí que estaban espectaculares. Había las de calamares en su tinta que tenían un sabor a mar muy intenso, y las de jamón con un toque de menta que estaban brutales y aunque lo del toque de menta puede asustar, os aseguro que es muy sutil y le da un punto especial y diferente.

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Como plato principal, David pidió el costillar de cerdo con salsa de tomate rojo, jalapeño, pico de gallo y aguacate con tortitas. La carne estaba espectacular y con un sabor delicioso e intenso gracias al romero.

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Yo me decanté por una opción muy poco típica para mí, el calamar a la plancha con verduritas y aceite de tinta. Lo pedí porque me apetecía una opción más ligera y la verdad es que acerté completamente ya que el conjunto del plato es delicioso y con un sabor espectacular.

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Para terminar, decidimos pedir un sorbete riquísimo y super refrescante ideal para terminar la cena.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo nos costó 76,3€, aunque es verdad que la comida en sí nos costó 58,8€ el resto fue por las bebidas.

Es un precio medio, como siempre se puede hacer de más y de menos según la bebida que se pida y según si se pide postre o no. Sin embargo, la relación calidad-precio es muy buena.

Valoración global

Nos hemos enamorado de El Ninot Cuina. Nos ha encantado la comida tan típica mediterránea pero con algunos toques que la hacen diferentes, nos ha fascinado el ambiente que se respira y la decoración tan bonita que hace que el restaurante sea una opción fantástica para una cena romántica.

Además, como soy una chica que vive en una barrio en el que el mercado tiene tanta importancia, el hecho de que el restaurante esté dentro de uno y podamos ver la estructura interna del mercado, lo hace más especial.

Tenéis que ir a probarlo y a disfrutarlo tranquilamente y con una persona que os saque esa sonrisa tan bonita que da el amor.

Teresa

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La Porca. Tapas de siempre con innovación en Barcelona.

Habíamos leído tantas críticas buenas y visto tantas fotos que teníamos unas ganas inmensas de probar la oferta gastronómica de La Porca. Y, por fin, hace unos sábados, pudimos ir a comer.

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¿Dónde está?

Encontramos La Porca en la calle Mata 16, en el barrio de Poble Sec, muy cerca de la Av. Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

El local está decorado de manera muy sencilla inspirándose en la típicas tascas de toda la vida pero con algún toque más actual y, sobretodo, luminoso.

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¿Cómo nos trataron?

Pese a que únicamente había un camarero para todas las personas que había en el local (que estaba lleno) e iba un poco abrumado, nos atendió muy bien, fue bastante rápido y nos aconsejó bien.

¿Qué comimos?

Empezamos tomando unas Patatas La Porca, unas patatas confitadas acompañadas de mayonesa de ajo, cerdo y salsa ahumada con chipotle; ideales para empezar, deliciosas y bastante contundentes.

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Lógicamente, también teníamos que probar el Tártar de fuet, del que habíamos visto tantas fotos y habíamos oído tantas maravillas. La verdad es que no nos decepcionó y nos pareció una manera super original de preparar un ingrediente tan sencillo y tan nuestro.

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Como plato principal, David pidió unos tacos con un toque picante que era la especialidad del mes y que estaban muy buenos ya que se notaba que estaban elaborados de manera muy artesana. Yo en cambio me decidí por el bocadillo La Porca, de carne de cerdo asado con pesto rojo de tomate seco, cebolla roja y reducción de vermut casero. La verdad es que era muy contundente y apenas pude comerme la mitad pero estaba delicioso y con un sabor espectacular. En la carne se notaban las 3 horas de cocción a 150ºC que especifican en la carta.

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Para terminar, y aunque estábamos bastante llenos, no nos resistimos (¿quién podría?) a tomar el Pan con chocolate y caviar de avellanas. Tenía buena pinta sobre el papel y en la realidad, era aún más delicioso, sobretodo las bolitas de caviar de avellana que tenían un sabor super concentrado y que cuando una explosionaba y se mezclaba con el chocolate, el sabor era espectacular.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo (comida más bebidas) nos debió costar poco más de 30€ (sí, lo sé, propósito de año nuevo: guardar todos los tickets).

La calidad de los productos es muy buena por lo que el precio me parece bastante bueno.

Valoración global

Nos ha gustado mucho. Pese a que por ser un sitio que teníamos muchas ganas de probar, podía no cumplir nuestras altas expectativas; nos ha encantado sobretodo porque ofrece producto y cocciones de toda la vida pero dándoles un giro más actual e innovador.

Sin duda es un sitio al que repetir e ideal para ir con un grupo de amigos. Eso sí, reservando porque está siempre muy lleno.

Teresa

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¡CERRADO! Café Manila. Restaurante vintage y romántico en Barcelona.

Parece que últimamente no nos movemos del barrio de Sant Antoni para comer, pero lo cierto es que con tantos locales nuevos que abren y lo cerca que nos quedan todos, nos parece siempre la mejor opción.

Hace unos días probamos Café Manila, un restaurante de fusión al que teníamos muchas ganas de ir.

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¿Dónde está?

Encontramos Café Manila en Ronda Sant Pau 7, muy cerca de la avenida del Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

Es muy sencilla, toda de madera clara y algún elemento con toque industrial, con muebles vintage y con una iluminación bastante cálida que hace que el local sea muy acogedor y, al ser muy espacioso, es muy tranquilo y la música se mezcla a la perfección con la atmósfera del local.

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¿Cómo nos trataron?

Muy bien. Nos atendieron rápidamente y nos aconsejaron muy bien.

¿Qué comimos?

Como casi todas las veces que vamos a comer a un sitio nuevo, decidimos compartirlo todo para así poder probar más cosas.

Empezamos con un Salteado de tofu con verduras con una salsa teriyaki que realmente muy bueno ya que era ligero, pero ligero y con un toque especial; ideal para empezar la cena.

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Después, decidimos tomar el Pollo teriyaki con gambas que aunque no era nada del otro mundo en cuanto a originalidad, estaba muy bueno y las gambas estaban deliciosas. También tomamos, como plato principal, Presa de cerdo con patatas que, aunque era muy sencillo, estaba muy bueno y la carne, que era lo realmente importante del plato, estaba muy sabrosa.

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Para terminar la cena, y ya que no queríamos algo demasiado pesado, nos decidimos por la Piña a la brasa. Aparentemente es un postre sencillo pero el camareros nos advirtió que tardaría unos 15 minutos ya que ése era el tiempo de cocción que requiere para que quede jugosa y rica. Lo cierto es que estaba espectacular, con un sabor intenso y nos pareció una opción ideal para tomar algo dulce pero ligero.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo, los 4 platos más 2 aguas con gas, nos salió por 47,3 €.

Quizás no es el precio más económico del mundo pero la calidad de los platos es muy buena así que merece la pena.

Valoración global

Uno puede pensar que es un restaurante en el que no va a encontrar grandes innovaciones en la carta, pero sin duda la magia de Café Manila reside en la aparente sencillez de los platos que ofrecen. Aparente porque cuando uno los prueba descubre que no es así, que tras la simplicidad se esconde la verdadera importancia de los platos: los sabores, y en cómo éstos sobresalen en todos los platos ya que, aunque se trata de ingredientes de toda la vida, les dan una vuelta original mezclándolos de maneras que no pensaríamos.

Es un sitio con el que repetiremos seguro por lo cerca que nos queda y por la gran cantidad de platos de la carta que nos apetecían mucho y nos quedaron por probar.

Además, como he señalado antes, la decoración me parece de lo más mona e ideal para ir en pareja a hacer una cena informal pero con ese toque romántico que no hay que perder nunca.

Teresa

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El Columpio. Romanticismo divertido en Madrid.

Siempre que voy a Madrid, me gusta pasear por el barrio donde vivía y recordar lo bonita que fue aquella época.

Esta vez, decidimos que la última cena que hiciéramos en Madrid sería allí y por eso nos decidimos por El Columpio. La verdad es que fue muy buena idea.

¿Dónde está?

Encontramos El Columpio en la calle Caracas 10, muy cerca del metro Alonso Martínez, en el barrio de Chamberí.

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¿Cómo es la decoración?

El local está decorado de manera sencilla, en madera con toques de color conformando un ambiente muy romántico y delicado.

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¿Cómo nos trataron?

El personal fue muy amable en todo momento, a pesar de la gran cantidad de gente que tenían. Puede que fuera casualidad, pero nos dieron una mesa en una parte del local en la que únicamente había mesas de parejas, alejadas de la zona de grupos; de manera que estuvimos más tranquilos. El único problema fue que había tan poca luz para que fuera más íntimo que me las vi y desee para que salieran bien las fotos; ahora bien, para el momento pareja fue de 10.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un Wok de setas, brotes de soja, espárragos y pimientos que estaba espectacular y era una muy buena opción para compartir; y una Causa limeña, un plato típico de la gastronomía peruana a base de papa amarilla peruana, ají y limón y que nos llamó la atención porque no lo habíamos probado nunca. La verdad es que no estaba mal y tenía un sabor peculiar porque uno no se espera el toque del limón; pero a mí no me entusiasmó demasiado (pero bueno, las cosas están para probarlas).

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Después cada uno pedimos un plato principal. David pidió un Arroz con setas que probé y estaba riquísimo; y yo me decanté por el Tártar de atún rojo con aguacate que cada vez que lo tomo me gusta más.

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Como postre y ya que estábamos bastante llenos, decidimos tomar dos sorbetes de mandarina con un toque de licor que fueron el final perfecto.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo nos costó 77,5€, es decir, 38,75€ por persona incluyendo 4 platos, 2 postres y una botella de vino. Barato no es y, en mi opinión, la relación calidad-precio resulta un poco cara ya que todo estaba muy rico pero en comparación con otro restaurantes que hemos probado, pues los hemos visto mejores a mejor precio.

Valoración global

No es un mal restaurante en absoluto y, de hecho, pasamos una noche romántica fantástica cenando allí. La decoración nos encantó y la comida nos gustó mucho también.

Quizás por el precio no repetiríamos cada fin de semana, pero es una buena opción para un plan especial.

Teresa

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La Bola. Auténtico cocido en Madrid.

La primera vez (o de las primeras veces) que uno va a Madrid, tiene que comer cocido madrileño. Porque creo firmemente que para entender bien una sociedad, se deben probar sus platos más típicos ya que dicen mucho de ellos.

Así que decidí que, para que David entendiera un poco más la sociedad madrileña, era una buena idea que probara el cocido madrileño; así que le lleve al restaurante al que fui a comerlo la primera que estuve en Madrid con 12 años: La Bola, un sitio en el que desde 1870 se sirve este plato.

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¿Dónde está?

Encontramos La Bola en la calle de la Bola 5, muy cerca de Gran Vía y de Plaza de Oriente.

¿Cómo es la decoración?

Clásica y llena de historia.

Todo el local está decorado en madera rojiza y en tonos verdes y rojos que le dan un encanto clásico. Además, gracias a las distintas fotos que cuelgan en ellas, en sus paredes se nota el largo recorrido de este restaurante y siendo parte de su enorme magia.

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¿Cómo nos trataron?

Se nota que los camareros están más que acostumbrados a recibir mucha gente, de todas las procedencias y de todo tipo, ya que fueron muy amables y muy rápidos en el servicio.

¿Qué comimos?

En esta ocasión sobra decirlo; obviamente, cocido. Lo especial o llamativo es el ritual con el que nos lo sirvieron.

Primero, nos trajeron a la mesa una jarra de barro en la que está todo lo que nos íbamos a comer; y a continuación un plato vacío, únicamente con fideos.

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Después, no vertieron el contenido de la misma en el plato para que pudiéramos comernos la deliciosa sopa, tan característica con ese color rojizo.

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Una vez nos la terminamos, nos sirvieron el resto del contenido, es decir, los garbanzos, la carne (pollo, chorizo…) y nos preguntaron si queríamos col o no para servirnosla también. Estaba todo delicioso y era un espectáculo para los sentidos.

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Al lado, en un recipiente a parte, nos sirvieron una salsa de tomate riquísima para que pudiéramos ir acompañandolo todo. He de decir, que aunque estabamos llenos a más no poder, aún íbamos teniendo un rinconcito para ir mojando en la salsa un poco de pan. Era un vicio.

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He de confesar que ninguno de los dos pudimos terminarnos el plato entero. Disfrutamos como niños pero la ración era tan abundante que no hubo manera de acabarnosla.

Y…¿cómo está de precio?

Cada cocido cuesta 21€. Aquí sí que no hay duda; por la cantidad y la calidad de lo que te ofrecen es muy buen precio.

Valoración global

Fue una experiencia muy especial para nosotros. Poder ir viendo como David probaba algo que jamás había tomado fue algo bonito.

Además, todo estaba muy bueno y lo cierto es que salimos del restaurante llenísimos y directos a dormir la siesta, pero felices y satisfechos de haber tomado un buen producto.

Recomendadísimo para cualquier persona que vaya a Madrid y quiera probar el típico cocido madrileño y de calidad, y rodearse de un ambiente lleno de historia y tradición. Eso sí, hay que ir mentalizado a que a La Bola se va a comer y mucho.

Y si me preguntáis, aún no he llegado a ninguna conclusión certera acerca de lo que el cocido dice sobre la gente de Madrid. Sigo reflexionando.

Teresa

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