Yakumanka. Delicias peruanas en Barcelona.

Hace ya bastantes meses fuimos, por fin, a Yakumanka; un restaurante peruano del que había leído reseñas tan buenas, que tenía muchas ganas de ir.

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¿Dónde está?

Encontramos Yakumanka en calle Valencia 207, cerca de las paradas de metro Passeig de Gràcia y Diagonal.

¿Cómo es la decoración?

Muy marítima, en tonos azulados y verdosos, que transmite mucha calma y alegría a la vez.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien. Todo el personal que nos atendió fue muy amable y nos hicieron buenas recomendaciones cuando nos vieron indecisos.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos Wantanes, una especie de buñuelos/croquetas de marisco con salsa de tamarindo y rocoto. Un apertivo muy crujiente pero jugoso por dentro que resulta muy apetitoso incluso para aquellas personas que, como yo, no son demasiado fans del pescado.

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Después, David pidió una especialidad de la temporada, un cebiche Lima-Bangkok de pesca del día azul con coco ahumado y leche de tigre de curry amarillo. Se le cambió la cara al probarlo. Le encantó. Muy sabroso y refrescante.

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Yo pedí el tiradito Nikkei con lomo bajo de atún Balfego con leche de tigre de ajíes encurtidos, mango verde y quinua crocante. Delicioso. Probablemente el mejor plato de atún que haya probado. Muy suave pero con un sabor intenso que no se hacía nada pesado.

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Y para terminar, nos dió un antojo de dulce muy heavy y pedimos la tarta de chocolate. Para compartir, eso sí (quien no se consuela…). Estaba riquísima, obviamente, con un sabor increíble y auténtico a chocolate.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más 4 pisco sour nos costó 113,5€.

Valoración global

Los platos que ofrecen son realmente deliciosos, con productos de muy buena calidad y en un ambiente bastante relajado (aunque en sábado noche, un poco ruidoso por la cantidad de gente).

Muy recomendado para darnos un capricho que nos queramos dar cuando nos entre antojo cocina peruana.

Nosotros seguro que volveremos en alguna ocasión especial.

Teresa

Enkel. Brunch moderno (y turístico) en Barcelona.

Que el brunch es una comida que me fascina es algo ya sabido por todos. Y hacerlo como toca: en domingo, con amigos, con unas mimosas y en un local bonito, pues es lo más.

Así que este verano fuimos a descubrir Enkel, en pleno centro, para probar la comida e intentar pasar lo mejor que podíamos el calor horrible que hacía.

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¿Dónde está?

Encontramos Enkel en la calle Baixada de Sant Miquel 6, cerca de la parada de metro Liceu.

¿Cómo es la decoración?

Bastante industrial. Todo el local aprovecha las columnas tipo bigas para dar estructura a la sala y con elementos de mármol y madera le da un toque precioso.

¿Cómo nos trataron?

Bastante bien. Lo único que, al estar en una zona tan turística, había mucha gente y los tiempos de espera eran más grandes. De todos modos, al ir en grupo y tener muchas cosas de las que hablar, no nos importó demasiado tener que esperar un poco.

¿Qué comimos?

Aunque la idea era hacer el brunch, por la hora que se nos hizo y porque somos así, nos lo tomamos como una comida más contundente.

Empezamos compartiendo unas bravas con crema de rocoto, mató, cilantro, cacahuete y alioli de ajo criollo. Bastante buenas, con buen sabor y, sobre todo, diferentes.

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También compartimos el hummus con garbanzos crunchy, crudités y pan de pita. Sencillo, nada pretencioso pero delicioso.

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Después cada uno de nosotros pidió un plato para comer individualmente.

Mi amiga Marta pidió un Buddah Bowl que llevaba quinoa, coliflor rostizado, mazorquitas, tomate cherry, boniato horneado, espinacas, hummus y granola especiada. Un plato muy completo, bastante contundente y con un sabor muy ligero nada pesado.

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Mi amigo Sergi pidió un English Breakfast con huevos fritos, bacon, setas salteadas, granos heinz, tomate grillado y pan de payés. Una versión más cuidada del típico desayuno inglés. No demasiado sano, pero ideal para un capricho. Muy bueno.

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Mi amiga Ana pidió unos Pancakes con huevos revueltos, bacon y sirope de caña de azúcar. Deliciosos, con una genial combinación de salado con un toque dulce.

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David pidió una hamburguesa de pulpo grillado, coleslaw, mayonesa cevichera y sésamo. Él que es muy fan del pulpo disfrutó muchísimo comiéndola y le encantó. Sabrosa y en el punto idóneo de cocción.

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Mi amiga Susana y yo pedimos los huevos Benedict. Mis favoritos. Yo pedí los clásicos, con bacon y ella los pidió con salmón. Riquísimos. La salsa con un sabor perfecto, los huevos perfectamente cocidos y el conjunto era ideal.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos nos costó 81€ y habría que sumarle lo que bebimos, algunas mimosas y unas cervezas.

Valoración global

Enkel se ofrece como un sitio en el que tomar el brunch y lo cierto es que es un lugar ideal para ello.

El producto que ofrecen es bueno y a un precio bastante correcto en comparación con otros restaurantes similares.

Además está bastante céntrico por lo que es perfecto para dar una vuelta, hacer unas compras y luego ir a comer algo.

¿La única pega? Que quizás está demasiado enfocado al turismo y cuando una persona local entra, se puede sentir un poco desubicado. Pero nada grave.

Recomendado, sobre todo para ir como fuimos nosotros, con amigos, eso sí, reservando.

Teresa

Kobu. Un restaurante japonés escondido en Barcelona.

¿Cómo ha surgido la chispa que ha prendido de nuevo las ganas de volver a escribir por aquí? Pues cuando he encontrado, de manera inesperada, un restaurante que me ha vuelto a sorprender y con un buen producto.

¿Dónde está?

Encontramos Kobu en la calle Poeta Cabanyes 19, muy cerca de la parada de metro Paral·lel.

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¿Cómo es la decoración?

Bastante minimalista, nada recargada. Toda en madera de distintas tonalidades y negro.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien. A pesar de que era viernes por la noche, que tenían el local lleno y que, según nos contaron, contaban con un camarero menos; nos sirvieron muy amablemente y bastante bien teniendo en cuenta las circunstancias anteriores. También es cierto que fuimos sin prisa y con calma, por lo que el hecho de que tardaran un poco, no nos estresó en absoluto.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo el Kakiage de verduras, unas tiras de verduras frescas en tempura. Deliciosas. Las tiras era muy finitas y la tempura muy ligera por lo que el sabor de las verduras era más notable en cada bocado. Además, las sirven con sal de té matcha que les da un toque original y les añade un puntito de sabor delicioso.

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También compartimos unos gyozas buenísimos, un poco demasiado blandos para mi gusto, pero se me olvidó sacarles la foto. La falta de costumbre supongo.

Después, yo pedí un Tataki Uramaki, con langostino crujiente, aguacate, queso crema y recubierto de láminas de atún con salsa ají e hilos de chile. Estaba delicioso. Estos rolls los he comido en varias ocasiones en distintos restaurantes y estos estaban realmente buenos, con el langostino crujiente de verdad y con buenas cantidades de los ingredientes, lo cual siempre es un bonus.

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David pidió un Spider Futomaki, con cangrejo de concha blanda en tempura, huevos de masago, mayonesa de ajo-miel y cebollino que le fascinó. El sabor era espectacular y, según sus propias palabras, uno de los mejores platos con este tipo de cangrejo que ha probado.

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Para completar el plato, David pidió un nigiri de anguila. Sencillo pero sabroso. El capricho perfecto.

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Como era el primer viernes noche libre que teníamos los dos juntos en mucho tiempo, nos regalamos con unos postres que tenían muy buena pinta. David pidió el mochi de gota lluvia con kinako y kuromitsu. Un postre muy diferente a cualquier otro. Indescriptible. El mochi tenía una textura gelatinosa muy especial, con un sabor dulce sin ser empalagoso y que, combinado con los otros dos ingredientes que lo acompañaban estaba espectacular y bastante adictivo, la verdad.

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Yo pedí un postre algo más clásico pero igualmente delicioso, el cheesecake japonés con salsa de caramelo de miso. Muy suave, nada pesado y servido con una porción ideal para no terminar demasiado llena.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más una botella de vino nos costó 67,6€.

Valoración global

Como ya he dicho al principio del post, salimos de Kobu enamorados.

Nos encantó que fuera un local pequeño, con encanto, con buen trato y buen ambiente y, sobretodo, con buen producto.

La única pega fue que al ir sin reserva, tuvimos que cenar en la barra. Pero ni tan mal. Nos gustó mucho poder ir viendo como los cocineros iban preparando los platos.

Si os gusta la comida japonesa, tenéis que probarlo. Seguro que os gustará.

Teresa

¡Volvemos!

Hace muchos muchos meses que publiqué el último post en este blog.

Y desde entonces, me he mudado, me he casado, me he ido de viaje de novios y, básicamente, he vivido un poco la vida.

Pero a medida que iban pasando los meses sentía que necesitaba volver a hacer esto. Ya no únicamente escribir los posts sino, sacar tiempo para salir a comer fuera ya que, en los últimos meses, no hemos ido más lejos de la calle de al lado.

Porque los momentos en los que, un día cualquiera, descubrimos un nuevo restaurante que nos enamora son impagables.

Así que, con ganas, con energía y con ilusión, desde este próximo miércoles 16/01… ¡volvemos!

Teresa