Last Monkey. Cocina asiática deliciosa en Barcelona.

Que nos gusta la comida asiática es un hecho. Y descubrir sitios nuevos más aún.

Así que este fin de semana juntamos las dos cosas y nos fuimos a ver qué tal estaba Last Monkey.

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¿Dónde está?

Encontramos Last Monkey en la calle Comte Borrell 70, cerca de la parada de metro Sant Antoni.

¿Cómo es la decoración?

Sencilla pero elegante y moderna. Mezcla elementos más actuales como unas tiras de luces de neón por el techo con elementos más clásicos que dan un resultado muy efectivo y simple.

¿Cómo nos trataron?

Muy bien para el trabajo que tenía el pobre camarero. Estaba él solo para todo el restaurante que, aunque es pequeño, estaban todas las mesas llenas. El chico nos explicó la carta muy bien pero sin perder un segundo.

Algo que aprecié mucho fue que nos dijo que le disculpáramos porque igual tardaba en traernos los platos, y lo cierto es que al final no nos hizo esperar demasiado. Prefiero eso a que no me adviertan, aún ellos sabiéndolo. Porque me pongo muy nerviosa. Y hay testigos.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 14:30h habiendo reservado el día anterior por El Tenedor.

Como ya he dicho, estaba lleno hasta la bandera por lo que si queréis ir, reservad antes.

El ambiente era bastante ruidoso porque había un grupo grande y las mesas están muy juntas porque no hay más espacio, el local es pequeño. A mí no me importa y no me suele molestar, pero si os fijáis en estos aspectos, tenedlo en cuenta.

¿Qué comimos?

La carta está basada en tapas diseñadas especialmente para compartir y el camarero nos recomendó unas 4-5 tapas para 2 personas.

Empezamos con unos edamame con aceite picante sichuan y chalota crujiente. Riquísimos, con un toque especial y aunque en la carta indicaba que era muy picante, a mí no me lo parecieron en absoluto. ¿Será que se me está acostumbrando el paladar?

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Pedimos también los gyozas de carne y setas cocinados en caldo oscuro de cardamomo negro, soja y aceite de chili.  Cuando trajeron el plato, mi primera impresión fue que sería una sopa súper aceitosa pero lo cierto es que, al probarla, no se nota en absoluto. El sabor del caldo era increíble, muy intenso y para mí, delicioso; igual que los gyozas que eran también muy buenos.

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También comimos uno de los platos estrella de la casa, como nos recomendó el camarero, la berenjena confitada en soja y aceite con salsa de chili dulce. Espectacular. Muy dulce, eso sí. Para aquellos que no os gusten las cosas muy empalagosas, quizás no sea vuestro plato; pero a mí me encantó. La berenjena estaba muy blandita y con la salsa hacían una combinación increíble.

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Otro de los platos que pedimos fueron las alitas de pollo glaseadas al sweetchili y vinagre negro estilo Hong Kong. Estaban riquísimas, muy sabrosas y con ese toque dulce que forma un poco el común denominador de los platos que pedimos. Eso sí, hay que comerlas con las manos y son pringosas, pero se disfrutan un montón.

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Y la última tapa que pedimos fue la costilla adobada con miel y especias. Deliciosas, de otro mundo. La carne estaba súper tierna, muy sabrosa gracias precisamente a todas las especias y es un plato muy recomendable si, como nosotros, sois carnívoros de corazón.

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Nosotros habríamos terminado aquí, pero el camarero nos tentó con un pastel de chocolate y nos dejamos tentar de mala manera. Estaba espectacular. Caliente, con una masa tipo coulant y la salsa de cacahuete que llevaba por encima combinaba muy bien.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una copa de vino y un pisco china recomendadísimo y espectacular) costaba 36€. Como habíamos reservado con la oferta del 20% de El Tenedor pagamos 28,8€.

Valoración global

Disfrutamos muchísimo y para nosotros ha sido el primer gran descubrimiento de 2018. Y además tan cerca de casa… ¡esto puede ser la ruina!

La comida está espectacular, todos los platos que pedimos estaban deliciosos y la combinación de sabores en los distintos casos era súper acertada.

No es un restaurante tranquilo ya que al ser tan pequeño a lo poco que se llene se nota el bullicio, pero para una comida informal en pareja o para una cena con amigos, de ésas bulliciosas.

Muy recomendable si tenéis el paladar curioso y queréis probar platos asiáticos en un espacio moderno y cool.

Teresa

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Cereal Hunters. Un paraíso de cereales en Barcelona.

Hoy os traigo una recomendación diferente. Hoy no es un restaurante en el que comer o cenar. O sí. Pero creo que os va a gustar igual.

No es que sea yo mujer de cereales, en absoluto. Pero la fantasía… ¡ay la fantasía! Me apasiona y me enloquece.

Por eso, al enterarme que había un lugar en el que te podías hacer tu propio bol de cereales a tu gusto, con una variedad inmensa y con leche de colores, pues de cabeza que fuimos.

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¿Dónde está?

Cereal Hunters está en la calle Consell de Cent 245, cerca de la parada de metro Universitat.

¿Cómo es la decoración?

Para mí, fascinante.

Nada más entrar yo no podía dejar de mirar a todos lados. En un lado de la pared de la entrada, la barra y todas las cajas de los distintos cereales que puedes tomar; en el otro, posters de la trilogía original de Star Wars; y al fondo, una foto de las gemelas Olsen dando la bienvenida al local. Y si le sumamos que, al entrar más al fondo de la sala para buscar mesa y girar la vista hacia la izquierda, vi un poster de las Spice Girls; ahí ya me ganaron. Porque yo con 8 años fui a verlas en concierto, soy muy noventera y porque soy muy petarda, no lo vamos a negar.

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¿Qué comimos?

Obviamente nos pedimos cada uno un bol de cereales customizado.

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El funcionamiento es muy sencillo: eliges la medida del bol (S, M, L), eliges los cereales que quieres probar, el tipo de leche que quieres tomar con ellos (disponen también de una gran variedad) y si la quieres con algún color, y los toppings que quieras echarle.

David pidió un bol mediano con cereales Crunchy Nut Glorious Oat Granola con chocolate, leche de coco con colorante azul y toppings de Kit Kat y bolitas de chocolate negro.

Además de lo divertido del azul, el sabor de la combinación que eligió era delicioso y con bastante sabor a chocolate que, junto con la leche de coco, daban un resultado espectacular.

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Yo elegí un bol pequeño con cereales Froot Loops con Marshmallows, leche desnatada con colorante rosa y toppings de Kit Kat y bolitas de chocolate negro. Sí, tengo 5 años ¿vale?

Lo cierto es que a mí con algo rosa y de colores me ganáis el corazón de princesa, pero es que además el sabor era espectacular. Personalmente, no me gusta comerme los cereales muy blandos por la leche así que lo que hice fue ir echando la leche poco a poco para que los mojara pero no me los dejara demasiado reblandecidos. Y esto os lo cuento porque me pareció increíble el sabor dulce de los cereales bien crujientes y azucarados entre los que, aleatoriamente, me iba encontrando trozos blanditos de nube y combinados con el chocolate de los toppings me pareció una delicia.

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Y…¿cómo está de precio?

Los dos bols nos costaron 8,4€.

El precio incrementa según si los cereales son nacionales o de importación, si le añadimos color a la leche o no y por los toppings que añadamos. Cuando fuimos, el chico que nos atendió nos comentó que tenían una oferta en toppings y que podíamos poner 2 por el precio de 1.

Valoración global

Nos ha fascinado.

Es cierto que es el primer bar de cereales al que vamos y por eso nos ha ilusionado y gustado especialmente, pero ver toda esa variedad, todos esos sabores y esa fantasía, a mí me ha enamorado.

Ya he dicho al principio que no soy la mayor fan de los cereales del mundo pero creo que Cereal Hunters es el claro ejemplo de que si a algo le pones fantasía y lo vendes bien, puedes convencer hasta a personas que no serían, en principio, tu público objetivo.

¿Repetiremos? Mil veces probablemente, porque nos han dado una tarjeta en la que van sellando y a la décima vez te da una consumición gratis y porque queremos probar todas las variedades de cereales que tienen.

Teresa

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Balmes Petit Bangkok. Cocina tailandesa deliciosa en Barcelona.

No es que sea una persona especialmente apasionada por la comida exótica, pero de vez en cuando me gusta conocer nuevas gastronomías y sorprender al paladar.

Así que el pasado fin de semana, decidimos ir a Balmes Petit Bangkok, un restaurante tailandés del que habíamos leído maravillas.

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¿Dónde está?

Encontramos Petit Bangkok en la calle Balmes 106, cerca del metro Diagonal y de la parada de ferrocarril Provença.

También tienen un local en la calle Vallirana 29, cerca de la parada de metro Lesseps.

¿Cómo es la decoración?

Muy colorida pero no demasiado recargada. Con bastantes pinceladas de color, hacen que el local sea bastante alegre a la vez que acogedor.

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¿Cómo nos trataron?

Todo el personal que nos atendió fue bastante amable aunque el camarero que nos sirvió el vino, la verdad es que nos trajo la botella y no nos la sirvió en las copas. A ver, a nosotros no nos importa demasiado, pero hay detalles a los que hay que prestar atención, por muy lleno que tengas el restaurante.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un sábado a las 22:30h. Si queréis ir, os recomiendo reservar porque estaba llenísimo.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos Pho Pia Kai, unos rollitos de pollo con verduras y fideos finos de soja que estaban muy buenos; y unos Karee Puff, unas empanadillas de pollo a la pimienta y curry con verduras muy sabrosas. Ambos entrantes iban acompañados de unas salsas dulzonas que les daban un toque de contraste perfecto. Además me sorprendió que, a pesar de ser fritos, no resultaron demasiado cargantes.

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Después, como plato principal, David pidió un curry verde de cerdo. Es el más picante que tienen. A él le encantó, le pareció riquísimo y ya se lo ha recomendado a todo el mundo que se ha cruzado. Yo apenas probé un bocado pequeño y casi me ahogo. Pica un montón pero si sois amantes de los sabores fuertes os va a enamorar.

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Yo, pedí un plato menos intenso (no quería acabar llorando…) pero muy sabroso por la salsa que lleva, el wok Pad Hed con pollo, cuya característica es que la carne va acompañada de un surtido de setas. Aunque aparentemente es un plato bastante sencillo, estaba delicioso y a mi que me encantan las setas en todas sus variedades me pareció el paraíso.

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Y… ¿cómo está de precio?

Lo que comimos y bebimos (una botella de vino) nos costó 48,8€.

Valoración global

Petit Bangkok nos ha encantado. Incluso a mí, que no soy muy de experimentos exóticos, me ha enamorado y ya tengo ganas de volver y probar más platos.

También es cierto que, personalmente, no tengo ni idea de comida tailandesa y no se como tiene que ser para que sea “auténtica”. Pero se lo que me gusta y lo que no, y esto me ha gustado mucho.

Además, nos sorprendió gratamente el precio ya que esperábamos que todo lo que pedimos nos costara algo más.

Muy recomendable por mi parte e ideal para ir con un grupo de amigos que sepamos que son aventureros y les gusta probar nuevos sabores.

Teresa

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Robata. Sushi y brasa japonesa de calidad en Barcelona.

Robata estaba en mi lista de restaurantes pendientes desde hace mínimo medio año. Pero por una cosa o por otra no habíamos ido, hasta que el domingo pasado, aprovechando que los dos teníamos el día libre y que los virus estomacales ya se habían alejado, decidimos ir a probarlo.

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¿Dónde está?

Encontramos Robata en la calle Enric Granados 55, cerca de la parada de metro Diagonal y de la parada de ferrocarril Provença.

¿Cómo es la decoración?

Elegante es, sin duda, lo primero que pensé al entrar.

El local es bastante oscuro (vamos a tener en cuenta que el día que fuimos llovió bastante y por tanto, la luz natural era más bien escasa), con las paredes y mesas en negro y madera oscura, que le dan esa elegancia que comentaba. Sin grandes elementos decorativos, sí encontramos pequeñas ilustraciones orientales que decoran las paredes y le dan un toque de distinción.

Mencionar también las bonitas ilustraciones y estampados que cubren las cartas.

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¿Cómo nos trataron?

Muy amablemente. Todo el personal fue muy agradable con nosotros y nos sirvieron muy rápido y con una sonrisa en todo momento.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un domingo a las 14h. Habíamos reservado previamente y el local estaba lleno. A pesar del poco espacio que hay entre mesa y mesa, a mí no me resultó demasiado agobiante; íntimo tampoco pero a mí no me molestó.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo nuestros entrantes favoritos en este tipo de restaurantes, porque hay costumbres que no deben perderse. Pedimos unos Spicy Edamame, muy tiernos y sabrosos, que aunque al principio no nos parecieron muy picantes, a medida que los íbamos comiendo más lo notamos.

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También compartimos unos gyozas de pollo y verduras muy buenos aunque quizás al relleno le faltaba un punto de sabor.

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Después, David pidió el Crispy Duck, una pierna de pato caramelizada y crocante. Le gustó mucho, sobretodo la salsa que lo acompañaba y que con ese punto dulce hacía que el sabor fuera muy especial.

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Yo en cambio pedí unos top rolls Nikkei con langostino y aguacate cubierto de atún y salsa de leche de tigre. Estaban riquísimos. Aunque tenían un punto picante, éste no era demasiado exagerado y le daba ese toque más especial.

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Y para rematar, por si durante las fiestas navideñas no habíamos comido suficiente, nos pedimos una porción pastel de chocolate con helado de vainilla. ¿Típico japonés? No. ¿Delicioso? Sí.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos más 3 bebidas nos costó 65,5€.

Valoración global

Nos ha enamorado. Nos ha parecido un restaurante muy especial y con un producto 10.

Como nos lo habían recomendado unas amigas que sabemos que tienen un gusto gastronómico parecido al nuestro, sabíamos que nos iba a gustar y que íbamos sobre seguro. Además, como ya nos advirtieron de que el precio era más bien elevado, el susto de la cuenta no fue tanto.

Los platos son muy buenos, con sabores muy auténticos y con unas raciones correctas que, aunque ya sabemos que normalmente en este tipo de restaurantes las sirven justas, no están nada mal.

Una opción perfecta para una comida o una cena más especial ya que, aunque intimidad del plan “parece que estemos tu y yo solos aquí” no hay, el ambiente es muy elegante y con mucha clase y eso, en mi opinión, siempre le da ese toque único.

Teresa

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Nanaya. Comida japonesa low cost en Barcelona.

En primer lugar… ¡Feliz 2018!

Y para empezar el año en modo ahorro, porque las fiestas nos han dejado los monederos tiritando, he decidido compartiros Nanaya, un restaurante al que he ido ya varias veces, que la comida está muy buena y cuyo precio es ideal.

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¿Dónde está?

Encontramos Nanaya en Av. Josep Tarradellas 157, muy cerca de la plaza Francesc Macià.

¿Cómo es la decoración?

Muy simple. La verdad es que no es nada llamativa, sencilla, todo en blanco y negro, muy rollo “oficina”.

¿Cómo nos atendieron?

Todas las veces que hemos ido, desde debe hacer unos 2 años, el personal que nos ha atendido ha sido el mismo y son todos muy amables. Siempre atienden con una sonrisa y están muy dispuestos a ayudar en todo momento. Además, desde que pides la comida (que os explico el cómo más adelante) hasta que te la sirven pasa muy poco tiempo, cosa que es muy de agradecer.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un miércoles sobre las 14:30h. El local estaba lleno pero aún había alguna mesa cuando llegamos. Además como sirven muy rápido, las mesas se liberan con bastante frecuencia.

¿Qué comimos?

Lo bueno de Nanaya es que ofrecen unos menús bastante completos que incluyen 3 pequeños entrantes, un plato principal, bebida y postre. Y eso es lo que pedimos.

Antes de nada, contaros que se pide mediante unas maquinas que hay situadas en la entrada. Cogemos un número que es el que nos llevaremos a la mesa para identificarla e introduciremos al hacer el pedido, vamos seleccionando lo que queremos pedir y cuando estemos, pagamos en ese momento.

Los entrantes que llevan todos los menús son una ensalada, una sopa de miso y 3 makis variados. No son nada excepcional pero están correctos; la ensalada se la podrían ahorrar pero la sopa de miso sí está muy buena y sobretodo en esta época del año viene muy bien. Los makis son muy sencillos y vienen 2 de salmón y uno de pepino.

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Después, cada menú lleva su plato principal correspondiente. En esta ocasión, David pidió el de udon bibimpa, es decir, un bol caliente de udon acompañado de carne, verduras y huevo. Y cuando digo que es caliente es que lo sirven en la mesa hirviendo y allí mismo el camarero lo mezcla. La verdad es que está bastante bueno, sí que es cierto que hemos probado otros mejores, pero éste no está nada mal en cuanto al sabor y la calidad de los udon.

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Yo pedí el menú con Yakisoba, con los típico fideos fritos con gambas y ternera. No están mal, nada mal en absoluto; el sabor es muy intenso y delicioso pero… ¿me explicáis la lechuga? No soporto la lechuga en caliente, no puedo con ella, lo cual es un punto negativo. Pero en general, un plato muy rico y en muy buena cantidad.

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De postre, David pidió las trufas y yo el mochi de té verde. En mi opinión, las trufas están más buenas, blanditas por dentro y crujientes por fuera, pero puede ser porque he probado muchos más mochis y sé cómo tienen que ser para que me gusten.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos nos costó 25€.

Valoración global

Nanaya nos gusta mucho.

El servicio es muy rápido, la comida está bastante bien, la cantidad del plato principal es muy buena y el precio es más que aceptable para un menú bastante completo.

Es cierto que no es el mejor restaurante del mundo, pero considero que es una opción ideal para un mediodía de los que vamos apurados de tiempo y necesitamos comer rápido pero queremos algo más que un bocadillo.

Como ya hemos hecho, nosotros seguiremos repitiendo en determinadas ocasiones.

Teresa

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