Carrer Petritxol. El paraíso para el invierno en Barcelona.

Ha llegado el frío, las horas de luz han disminuido y las tardes son más largas y frías. No sé a vosotros, pero a mí me apetece mucho sentarme en una cafetería, pedir algo bien calentito y pasar largas horas hablando y charlando de todo y de nada.

petritxol-calle-placa

En Barcelona tenemos una calle concreta que es ideal para ese cometido, ya que en ella están dos de las cafeterías con más historia y más acogedoras de la ciudad.

Estoy hablando de la calle Petritxol, en pleno centro, al lado de la Rambla; una calle con preciosas galerías de arte, tiendas de las de toda la vida con un encanto impresionante y cafeterías/granjas muy acogedoras que, al menos a muchos de los que hemos pasado la infancia en Barcelona, nos evocan bonitos recuerdos de tardes frías de invierno que pasábamos con nuestros abuelos o con nuestros padres tomando un chocolate bien calentito.

Ahora que ya hemos crecido un poco, seguimos yendo a esos lugares para reconfortarnos y sentir por un momento la calidez de esos instantes especiales.

Uno de esos lugares es Granja La Pallaresa, ubicada en calle Petritxol 11 y que lleva allí desde 1947.

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El local es más bien sencillo, con una decoración clásica y sin grandes pretensiones que hacen de él un sitio ideal para reuniones de amigos/as durante toda la tarde. Además cabe destacar el buen hacer y el buen servicio de los camareros, que son rápidos, atentos y no se les escapa una.

La oferta de productos que ofrecen es muy extensa y para todos los gustos, pero sin duda uno de sus grandes éxitos es el Suizo, es decir, chocolate caliente con nata por encima. Como a mí la combinación no me entusiasma, me quedo sin duda con el chocolate con churros.

Para mi gusto, el chocolate es demasiado ligero pero los churros están espectaculares, ya que como hay un tráfico de gente muy elevado, siempre los tomas recién hechos, crujientes y bien calentitos.  Además, un punto a favor es que hacen la medida normal de chocolate y también lo sirven en una taza más pequeña para aquellos que quieran cuidar la línea.

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Otro de los lugares emblemáticos es Dulcinea, en calle Petritxol 2, que nació en 1941. El local esta todo decorado en madera oscura, con objetos y fotografías antiguas y es más cálido que el anterior; para mí, entrar allí es como entrar en el salón de una casa familiar.

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Igual que en el caso anterior, la carta también es muy variada pero una vez más lo que triunfa es el chocolate caliente con churros o melindros.

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Personalmente, este es mi chocolate favorito ya que es más espeso (tengamos en cuenta que a mí me gusta comerme el chocolate caliente a cucharadas) y con más concentración de cacao. La única pega es que solamente lo sirven en una medida pero como digo siempre: “por un día…”.

Me hacía ilusión compartir estos dos clásicos de Barcelona ahora que llega el invierno y tenemos por delante muchas tardes de frío para pasar tomando algo calentito y dándonos pequeños gustos mientras evocamos recuerdos bonitos y creamos nuevas memorias.

Teresa

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