Doga Wine Bar. Vino a copas en Sant Antoni.

¡Hoy estamos de estreno! ¡Nueva sección!

He visto que os gusta descubrir sitios nuevos y las entradas acerca de restaurantes, de manera que he decidido dedicar, la mayoría de las veces, los posts de los lunes a locales más pequeños que no son restaurantes pero que sí son ideales para un “afterwork”, un vermut o una merienda.

Serán entradas cortas, con los datos básicos de cada local y aquello que me ha gustado o aquello por lo que no os lo recomiendo.

Empezamos con un nuevo “wine bar” que han abierto hace un mes en el barrio de Sant Antoni de Barcelona: el Doga Wine Bar, en la calle Viladomat 23.

Este “wine bar” es de los mismos emprendedores que el vecino Tarannà (que próximamente tendrá el espacio que merece en este blog) y es un local pequeño y acogedor en el que tomar una gran variedad de vinos a copas y también deliciosas tapas.

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Nosotros nos decidimos a probar y a aprovechar la terraza para disfrutar del buen tiempo desde el principio.

Como no nos decidíamos por el vino y no somos expertos en la materia ni mucho menos, pedimos consejo a la chica que nos atendía y nos recomendó un delicioso tinto un tanto especial, ya que el aroma era de tinto pero tanto el color como el sabor era de rosado. No os sabría decir qué vino era ni las características más detalladas del mismo, pero sí que era muy bueno, nada pesado de tomar y muy fresco.

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Quisimos probar algunas tapas, aunque no queríamos comer mucho porque la hora de la cena estaba ya muy cerca, así que David se tomó un pincho de Pastel de Cabracho (que en qué momento se me ha ocurrido buscar en Google el aspecto que tenía el pobre pez) y yo no me pude resistir a la tapa de queso a la trufa, una delicia para saborear lentamente y no querer que termine nunca.

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En definitiva, Doga es un local muy recomendable para tomar una copa de vino relajada con tu pareja o con un amigo, acompañarla de una tapa y hablar acerca de los temas importantes de la vida como ahora: ¿a qué nuevo bar vamos mañana?

Teresa

Sushiraku. Sushi de autor en Barcelona.

Todos sabemos que lo que más funciona a la hora de descubrir nuevos restaurantes es el boca a boca. O leer posts sobre ellos en blogs (autobombo así porque sí…jejeje).

Pues bien, hace unos días, una de mis mejores amigas, y otra amante de los buenos restaurantes, nos descubrió hace unos días el restaurante Sushiraku, un pequeño local muy auténtico y tranquilo en el que descubrir de primera mano la comida japonesa.

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¿Dónde está?

Encontramos Sushiraku en la calle Londres 84 (sí, ya sé que parece que no haya más zonas en Barcelona, prometo que próximamente ampliaremos el radio de acción).

Céntrico, bastante bien comunicado y cerca de un montón de opciones de ocio nocturno para después de cenar.

¿Cómo es la decoración?

Si, como es mi caso, uno nunca ha visitado Japón, cuando entra en el restaurante tiene la sensación de estar adentrándose en un auténtico restaurante japonés.

La decoración, en la que predomina la madera y los colores burdeos y blancos, es muy sencilla, sin grandes estridencias pero muy efectiva a la hora de crear una atmósfera de tranquilidad.

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¿Cómo nos trataron?

El servicio fue excelente. La chica que nos atendió estuvo pendiente en todo momento y nos indicó como debíamos comer cada plato, si teníamos que mojarlo en salsa de soja o no, que elementos combinaban mejor e incluso nos enseño como enrollar tartar de atún con una hoja de lechuga con los palillos al puro estilo japonés. De 10.

¿Qué comimos?

Nuestra idea inicial era pedir cada uno un plato pero, al ser varias personas, terminamos picando todos de todo así que disfrutamos muchísimo más.

Empezamos con nuestros entrantes favoritos siempre que vamos a un restaurante japonés, unos Gyoza riquísimos y diferentes a los que habíamos probado hasta ahora, y unos sencillos pero deliciosos Edamame a los que me estoy aficionando mucho últimamente.

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A David se le antojó un tataki de atún con erizo que, según él, estaba delicioso, y unos Rainbow Maki para completar; y yo, ante tanto plato extraño para mí, para no arriesgar demasiado me decanté por unos fideos Udon con tempura de langostino que estaban francamente buenos.

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Mis amigas pidieron unos makis (de cuyo nombre no puedo acordarme, disculpad) muy bien presentados y muy sabrosos.

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Pedimos también un tartar de atún para compartir entre todos que estaba delicioso, pero imagino que el ansia por comérnoslo, nos impidió hacer la foto.

Y para rematar, terminamos con un mochi de té verde que estaba sublime. De verdad os digo que de los mejores mochis que he probado.

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Y…¿cómo está de precio?

Bastante bien. Nos salió por unos 25€ aproximadamente por persona.

La verdad es que la relación calidad-precio está francamente bien. Ofrecen un muy buen producto, cocinado de manera tradicional y artesana y con un servicio excelente; de modo que, al menos para mí, merece la pena pagar ese precio.

Valoración global

Como siempre me pasa con este tipo de restaurantes, me cuesta hacer una valoración extremadamente buena porque no son de mis favoritos. Sin embargo, creo que se apreciar la calidad cuando la veo y en Sushiraku la encontré.

Me encantó el hecho de que, al ser un restaurante medio desconocido para el gran público y al estar un poco escondido, el ambiente era muy tranquilo y muy relajado, ideal para disfrutar de una cena con amigos relajada en la que poder conversar tranquilamente.

Si a eso, le sumamos que nos atendieron fenomenal, fueron muy amables en todo momento y que la comida estaba muy buena, el resultado es una experiencia extraordinaria y 100% repetible.

Personalmente, recomiendo Sushiraku a todos/as aquellos/as amantes del sushi y de la comida japonesa en general que quieran un pequeño oasis de Japón en medio de Barcelona.

Teresa

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Volver. La pequeña crisis de los 26.

Es curioso observar las distintas etapas por las que pasa una persona.

Como, casi de la noche a la mañana, pasamos de sentir la necesidad de volar lejos del hogar a querer echar raíces y a sentir nostalgia de nuestros orígenes.

Y digo que es curioso porque creo, según mi propia experiencia y mi observación de las personas que me rodean, que el único factor que determina el momento de ese cambio es la edad. No hablo de momentos vitales que a todos nos pillan en distintas edades. Hablo de que, a determinado número de edad, yo diría que hacia los 26 por lo que he podido ver, uno empieza a notar la necesidad de lo que nuestras abuelas llamaban “sentar la cabeza”.

Lógicamente, con el cambio de los tiempos esa expresión ya no se refiere a que empezamos a querer casarnos y tener hijos, al menos no únicamente, sino que de repente sentimos un deseo muy fuerte de tener un lugar al que pertenecer, un lugar al que volver si tenemos que partir.

Porque transitamos de sentirnos de vuelta de todo, de sentirnos tan descaradamente jóvenes que podemos hacer lo que nos plazca; a una situación en la que, aunque seguimos manteniendo algunas cosas de esta etapa anterior, nuestras responsabilidades empiezan a ir en aumento, empezamos a ser más conscientes de que tenemos que medir mejor nuestros actos porque pueden tener consecuencias. Sentimos que la vida nos ha dado ya algún que otro palo y nos apetece sentir que pertenecemos a algo. Y es entonces cuando cobra sentido todo aquello que habíamos oído acerca de las raíces y de construir algo que sea nuestro.

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Pero el viajero que huye, tarde o temprano, detiene su andar

Porque la aventura está bien y querer explorar es la base del crecimiento y debe mantenerse siempre, pero a todos nos llega un momento en que inevitablemente sentimos la necesidad de detener nuestros pasos, de pararnos y pensar: ¿qué he conseguido hasta ahora? ¿qué quiero conseguir a partir de ahora?

Y la pregunta más importante de todas: ¿cómo quiero que sea mi futuro?

Periódicamente es necesario pararse y pensar en la propia vida, para poder detectar si se necesita reenfocarla.

Y cuando eso se hace, es muy reconfortante saber que tienes un lugar al que volver, unos brazos deseosos de abrazarte pase lo que pase.

Porque la sensación de emprender un viaje es indescriptible, pero con los años aprendes, que es igual de maravilloso el momento del regreso y la emoción de sentirte en casa.

Teresa

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Bendita Helena. Una joya saludable en Barcelona.

Estoy entregadísima a la vida sana. Es un hecho.

Y además he descubierto un concepto que desconocía hasta el momento y que me ha enamorado: el flexitarianismo. Consiste, en rasgos generales, en ser flexible con la alimentación y aunque se basa en una alimentación vegetariana, contempla el consumo de carne de manera ocasional.

¿Y cómo lo descubrí? Pues porque en mis búsquedas habituales de viernes en El Tenedor, apareció el restaurante Bendita Helena, que se define como restaurante flexitariano, diferente, orgánico y basado en el comfort food.

Con esta declaración de intenciones, ¿cómo no íbamos a probarlo?

¿Dónde está?

Encontramos Bendita Helena en la calle Galileu 261 de Barcelona, y está un pelín escondido, como todo lo que merece la pena buscar.

También les podéis encontrar en Facebook y en Instagram.

¿Cómo es la decoración?

Nada más entrar mis palabras fueron: “¡parece de cuento!” Y es que, con una decoración sencilla, consigue atraparnos y crear un ambiente romántico y relajado. Esas mesas de mármol, esas sillas de modelos dispares, esos azucareros vintage…es todo perfecto para crear un ambiente muy acogedor.

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¿Cómo nos trataron?

Las chicas que nos atendieron fueron muy amables. Estuvieron por nosotros, nos aconsejaron bien y lo hicieron todo con la mejor de sus sonrisas. ¡Así da gusto!

¿Qué comimos?

Empezamos con la Paleta Degustación, una combinación de varios aperitivos (humus, olivas, mash de aguacate, curd de remolacha, haloumi al grill, queso roquefort, mermelada de calabaza y pan artesano) que estaba muy bien presentada (realmente era una paleta de pintor con sus espátulas), deliciosa e ideal para probar una pincelada de todo.

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Como plato principal, David optó por los Huevos Camperos con Salmón que tenían muy buena pinta y, según él, estaban muy ricos; y yo me decanté por los Zucchini Noodles con pesto vegano, que eran una auténtica delicia y cada vez que tomo estos spaguetti de calabacín me doy más cuenta que son ideales para saciar el deseo de comer pasta sin comerla.

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Para terminar, nos dejamos tentar deliberadamente por la chica, que nos sugirió probar el Raw Super Cake, una tarta de chocolate con una base de frutos secos y con frutos rojos, que estaba espectacular.

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Y… ¿cómo está de precio?

Genial.

Todo nos costó 47,4€, es decir, 23,7€ por persona; y teniendo en cuenta que comimos y bebimos bastante es muy buen precio para una cena.

Además, la relación calidad-cantidad-precio es excelente.

Valoración global

Bendita Helena ha sido todo un descubrimiento.

Todos los detalles nos han cautivado. Desde la localización en una calle donde no te esperas que haya una joyita así hasta la comida deliciosa y extremadamente bien presentada, pasando por el ambiente juvenil y delicado que ofrece.

Como ya he dicho al principio, cada vez estoy más entregada a la comida sana, que no necesariamente vegetariana, y descubrir restaurantes que ofrecen alternativas saludables, de calidad y a buen precio es siempre un placer.

Una joya totalmente recomendable.

Teresa

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Vive y deja vivir.

Tengo que dejar de escuchar la radio por las mañanas. O irme a vivir a una burbuja en medio del desierto.

Aún tengo que perfilar los detalles.

Lo cierto es que día sí, día también me encuentro con noticias que me hacen exasperar y pensar que el mundo necesita una restructuración total.

Y es que, aunque todas son acerca de distintos temas, hay un nexo común en todas ellas: el creerse possedores de la verdad absoluta.

Si tú piensas una cosa, es muy respetable y si quieres aplicarlo en tu caso personal, genial. Ahora bien, uno no puede andar por el mundo realizando afirmaciones absolutas.

Y no lo digo solo en los casos en los que mi opinión sea la contraria. En absoluto. Me parece mal la forma, no el contenido.

Si me quejo ante este tipo de declaraciones es porque me enerva sobremanera que venga alguien, sea quien sea, y me diga que lo que yo hago está mal (¡ojo! Siempre y cuando sean concepciones acerca del mundo, si viene alguien y se queja porque he matado a alguien, pues obviamente tiene todo el derecho y obligación del mundo).

¿Por qué? ¿Voy yo a decirle a otra persona que su idea de familia, que su manera de vestir, que sus preferencias alimentarias, están mal?

¿Por qué parece que la gente no es capaz de asumir que las personas tenemos opiniones diferentes y maneras de hacer diferentes y que, por muy mal que nos parezca, tenemos que dejar que lo hagan?

¿Qué más te dará a ti si me pongo una camiseta con rallas o con topos? ¿Qué más te dará a ti si como carne o como piedras?

Hakuna Matata, señoras y señores.

Si hay algo de todo el proceso de la producción de ropa o de la industria cárnica que te parece denunciable, hazlo. Pero a las autoridades, quéjate de las personas que son culpables de esas malas condiciones, no le digas a las personas que han decidido libremente hacer algo que eso está mal y que, ¡oh casualidades de la vida! Tu opción es la correcta y la adecuada.

Yo no me meto en lo que tú comes. Es más, por mí como si quieres comer cemento. Será más o menos de mi agrado y tendré mi opinión, pero jamás voy a hablar menospreciando tu opción y jamás te voy a criminalizar por hacer lo que haces.

Mientras a mí no me afecte o me haga daño lo que tú haces, adelante.
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Vive y deja vivir.

Hakuna matata, amigos.

Teresa

Kappo. Un asiático íntimo en Barcelona.

Los viernes noche para mí siempre han sido noches de romanticismo ya que termina la semana, laboralmente hablando, y es el momento ideal para quedar con tu pareja más tiempo de lo que la puedas ver durante la semana.

Nosotros somos muy fans de ir a cenar a algún sitio íntimo los viernes y darnos un pequeño homenaje y por ello el pasado viernes decidimos probar Kappo, un restaurante asiático del que habíamos leído muy buenas críticas, que está en una zona que nos encanta y que teníamos muchas ganas de probar.

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¿Dónde está?

Kappo Barcelona está en el Passatge Lluís Pellicer 24, una callecita muy especial entre c/Muntaner y c/Casanova.

Es casi imprescindible reservar porque hay muy pocas mesas.

¿Cómo es la decoración?

Es un local muy sencillo, con pocos elementos decorativos llamativos formando un todo muy armonizado y con una iluminación muy tenue que invita a un ambiente relajado.

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¿Cómo nos trataron?

El servicio fue estupendo. La señora que nos atendió fue muy amable y, a pesar de que tenía bastante trabajo porque estaba ella sola para todas las mesas, nos dedicó el tiempo que precisábamos y nos dio las explicaciones pertinentes para poder disfrutar al máximo de Kappo.

¿Qué comimos?

Como nos pasa siempre que vamos a un restaurante que no conocemos, lo queríamos probar todo; así que nos decidimos por pedir varios platos que poder compartir y hacernos una opinión más completa.

Empezamos pidiendo unos Nems, unos rollitos vietnamitas de carne que estaban muy buenos, y un Hummus con pan de pita crujiente que desde el corazón os digo que habiendo probando muchos, es el mejor hummus que hemos comido nunca.

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Como platos principales, aunque también para compartir, pedimos un Bibimbap, un plato típico de la gastronomía coreana con una base de arroz con verduras al vapor, carne y huevo que hay que mezclar para apreciar bien todos los sabores y que estaba delicioso; y un Mee Krob, un plato tailandés muy original a base de fideos crujientes y verduras con una salsa algo agridulce, que estaba francamente bueno.

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Decidimos terminar con un helado/sorbete de limón y jengibre que resultó muy refrescante y digestivo.

Y…¿cómo está de precio?

Espectacular.

Todo, comida más bebida, nos costó 42,30€ es decir 21,15€ por persona.

De verdad os lo digo, cenar con esa calidad, con cantidades más que correctas y a ese precio es, actualmente, muy difícil. Además, por poneros un ejemplo, el Hummus cuesta 4,95€ y yo los he probado de 6-7€ cuya calidad y cantidad era infinitamente inferior a la del Hummus de Kappo.

Valoración global

Un 10. Cumple con nuestros requisitos para ser un restaurante excelente: buen ambiente, buen servicio, calidad inmejorable y precio muy aceptable.

Como única pega diré que al ser un espacio tan pequeño, a la que todos los comensales empiezan a hablar, el volumen sube considerablemente y se pierde un poco ese encanto romántico. Pero ya os digo, es el único defecto que he sido capaz de encontrar.

Nosotros sin duda repetiremos, de hecho, ya hemos convencido a unas amigas para que nos acompañen la próxima ocasión.

Teresa

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Vive tu vida como tú quieras. Equívocate.

Llega un punto en la vida en el que cada uno debe plantearse si lo que está haciendo le hace feliz e, inevitablemente, debe reflexionar acerca de lo que la felicidad es para él.

Y no es tan fácil con los miles de mensajes que recibimos diariamente que intentan decirnos cómo lograrla: ¡Viaja! ¡Sal de fiesta! ¡Quédate en casa! ¡Ve a cenar a un restaurante! ¡Date un masaje!

De locura.

Lo cierto es que en ningún lado está escrito cómo uno debe vivir su vida, y lo que a uno le puede satisfacer, a otro le puede parecer una tontería. La clave está en no dejarnos influenciar por comentarios ajenos acerca de lo que debemos hacer para ser felices.

¿Qué sabrán ellos de lo que ti te hace sonreír?

Cada uno de nosotros ha vivido experiencias distintas que nos hacen ser diferentes, por tanto, aconsejar sobre lo que una persona debe o no debe hacer para ser feliz es un tema complicado.

Pero si me permitís un consejo pequeñito os diré que viváis. Mucho. Intensamente.

Sí amigos, hay que estar en el agujero para salir del agujero, hay que vivirlo todo, pero hasta el fondo, a tope; aunque a veces duela, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu puta vida, para que cuando te llegue el momento, puedas gritar a boca llena: sí, amigos, yo he vivido.”

Hay que exprimir cada instante, pensando a lo grande, ilusionándose por cada pequeña cosa de la vida, apreciando en cada momento aquello que tenemos. Porque incluso en los momentos más jodidos habrá algo bueno y esa cosa buena, por más pequeña que sea, será lo que nos mantenga vivos, lo que haga nos merezca la pena seguir adelante.

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Y sobre todo, tenemos que equivocarnos. Y aprender que tendremos que recorrer caminos oscuros y tortuosos, que quizás jamás hubiéramos pensado que andaríamos, para llegar a lo bueno; pero que la vida son altos y bajos, y únicamente mediante nuestros errores lograremos encontrar quien realmente somos, lo que realmente queremos ser y lo que nos hace verdaderamente felices.

Teresa

Elx. Magníficas paellas cerca del mar de Barcelona

Todos tenemos un restaurante al que acudimos siempre que tenemos una celebración en petit comité, porque sabemos que acertaremos seguro y que pasaremos una buena velada.

En mi familia ese restaurante es Elx, un restaurante especializado en paellas y arroces que nunca falla y al que acudimos en todas las ocasiones especiales por varias razones que iréis viendo.

Este pasado domingo fue el día de la Madre y, cómo no, invitamos a la mía a una buena paella en Elx. Además, con el buen sol que hizo tuvimos un día redondo.

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¿Dónde está?

Encontramos Elx en Moll d’Espanya 5, en el local 9 del Centro Comercial Maremagnum. Éste es uno de sus encantos, estar tan cerca del mar, comer con la visión bucólica de los barcos del puerto. Obviamente, en los pueblos de la costa estas vistas son más puras y auténticas, pero en Barcelona pues tenemos que conformarnos con este paisaje marinero.

¿Cómo es la decoración?

La decoración de Elx es la típica decoración de restaurante elegante y clásico aunque con algún toque más moderno. Lo bueno que tiene son los grandes ventanales en toda la pared frontal que dotan al local de una luminosidad excepcional y que hacen que, estando en el interior, uno tenga la sensación de estar en una terraza al aire libre, pero con más confort.

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¿Cómo nos trataron?

Todas las veces que hemos ido el trato ha sido fantástico. Se nota que el personal de sala tiene unas directrices claras que seguir y están pendientes de todo detalle.

¿Qué comimos?

Empezamos con un variado de fritura que, aunque no es la opción más light de aperitivo, nos encanta a todos. Consta de calamares, buñuelos de bacalao, croquetas y langostinos, todo ello delicioso e ideal para abrir el apetito.

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El plato principal fue la deliciosa paella mixta de pollo y marisco, porque en mi familia saben que si no hay un poco de carne yo no soy feliz. Es la que tomamos siempre y nunca nos decepciona, tanto la ración como los trozos de los ingredientes (por así decirlo) son abundantes y siempre está exquisita y en su punto.

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Aunque en ocasiones no tomamos postre porque los platos son muy abundantes, esta vez quisimos rematar con el delicioso Pastel templado de chocolate con helado de chocolate blanco, aunque para lo compartimos para no sentirnos tan culpables.

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Y…¿cómo está de precio?

Bueno, cuando uno va a un restaurante así ya sabe que barato no le va a salir. Todo, incluyendo la bebida, nos salió por 83,2€. Para 3 personas no está de mal en absoluto y aquí la relación calidad-precio es inmejorable.

Valoración global

Solamente tengo buenas palabras para Elx. Cierto es que tengo una vinculación emocional por las múltiples celebraciones familiares que hemos realizado allí, pero de verdad es 100% recomendable. Uno no tiene siempre el lujo de poder comer tan bien, en un local tan exquisito, con un personal impecable y sin tener que irse muy lejos.

Si tenéis una ocasión especial o simplemente os apetece comer un buen arroz al más puro estilo levantino, no dudéis en ir. Seguro que disfrutaréis mucho y vais a querer repetir.

Teresa

 

Cinefilia: Capitán América. Civil War

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Soy una gran fan de Marvel, mi excitación por cada una de sus películas es infinita y, por esa razón, mi emoción por ver Capitán América: Civil War era mayúscula.

Y no me decepcionó. Demasiado.

Es una buena película de acción que te hace estar pendiente en todo momento de lo que va sucediendo y si eres fan de los Vengadores, la disfrutas al máximo. El problema está en que cuando uno tiene expectativas muy elevadas, lo más probable es que no las cumpla todas. Es por eso, que en la siguiente crítica hay cosas que me ha costado escribir.

También aviso que a partir de aquí puede haber algún spoiler, pero procuraré que sean los mínimos.

“Capitán America: Civil War” empieza justo después de la última de los Vengadores, con éstos luchando para proteger la humanidad. Pero todo acto tiene sus consecuencias y, debido al gran número de daños colaterales que causan, se intentan regular sus actuaciones y que actuen únicamente cuando se les ordene. No todos están de acuerdo y, además, nuevos problemas aparecen en escena.

Vayamos por partes.

Lo que NO me ha gustado:

  • La secuencia inicial. La película empieza con una escena en la que hay acción, hay persecuciones y todos los Vengadores en activo luchando contra un objetivo. Sí. Pero en mi opinión, si una película pretende atrapar al espectador y que las 2 horas y media que vienen después le valgan la pena, debe tener un opening (una secuencia inicial) sobresaliente. No es una mala secuencia, pero esperaba un poco más de espectacularidad, alguna música épica o algo que visualmente me atrapara más.
  • Demasiados personajes. En parte es malo y en parte es bueno. Bueno, porque tienes a casi todos los Vengadores (y otros personajes extra) en un solo film y, como fan, es un gran momento. Y malo, porque hay tantos y la mayoría de ellos tienen tanta personalidad que, aparte de no llegar a apreciarlos en su máximo esplendor, hay ocasiones en las que, para que encajen, se crean escenas y saltos temporales y espaciales un poco desconcertantes.
  • Ant Man. Esto es gusto personal, pero me sobra en esta película, no entiendo cuál es su papel en toda esta historia. De hecho, ya me sobró bastante su película propia.
  • Helmut Zemo. A este nuevo villano, interpretado por Daniel Brühl, no se le saca el jugo que se le podía haber sacado. Me lo imaginaba con más carácter, con más personalidad y Brühl, un actor acostumbrado a otro tipo de películas, quiere hacerlo demasiado profundo y le falla un poco la maldad.

Lo que me ha gustado:

  • Las secuencias de acción. Me parece que son francamente buenas y abundantes. No sabría con cuál quedarme: la persecución a Bucky por los túneles apareciendo Black Panther, la espectacular pelea de los dos bandos en el aeropuerto que me parece brutal, la lucha final entre Iron Man y Capitán América, llena de rabia y dolor… Un 10 por todas esas escenas de acción.
  • Black Panther y SpiderMan. Nos introducen estas dos nuevas incorporaciones y para mí son de lo mejor de la película. Ese T’Challa/Black Panther lleno de sed de venganza, luchador potentísimo, con un traje espectacular y con buen fondo (¡ganazas de ver su película propia!) me parece el mejor fichaje para el universo Marvel. Y SpiderMan…¿qué decir? Ya he visto 2 sagas de SpiderMan y me he tenido que tragar al petardo de Andrew Garfield así que salté de emoción al ver este SpiderMan más auténtico, con más gancho, más Peter Parker que nunca.
  • Iron Man. Vale, no puedo ser demasiado objetiva porque el amor que siento por Tony Stark es inexplicable; pero aquí le vemos más maduro, más reflexivo, más humano pero sin perder esa ironía y esa chulería tan características.
  • El final. Aunque no es el que me hubiese gustado (#teamironman), es un buen final, una buena manera de dejar la puerta abierta a lo que vendrá. A mí, que me fascinan las películas que no terminan demasiado bien, me ha parecido excelente y ya muero por ver como resuelven los conflictos internos que se han creado en esta película.

Así que, en general, he disfrutado como siempre de Marvel (soy una de esas fans a las que les gustó Iron Man 3 y Los Vengadores: la era del Ultrón) y ya estoy deseando las dos entregas finales de estos Vengadores: Infinity War.

Y, me quedo con una frase final que pronuncia Capitán América, que me parece una excelente definición de amistad, sin importar el qué ni el cómo y que nos viene a decir: “¡eh! que habrá más, no os asustéis”:

“Si los necesitas, si me necesitas, ahí estaré”

Teresa