¡Fuera de mi regla! Normalidad sin retroceso

Una lee el periódico, escucha la radio por las mañanas, mira el telediario, porque quiere estar informada, quiere saber lo que pasa en el mundo y en su país. Pero os juro que cada vez me dan más ganas de coger una mochila con lo básico e irme a vivir a la montaña, a una isla desierta en medio del mar o a cualquier sitio que, como condición indispensable, no tenga acceso ni a internet ni a tdt ni a nada.

El mundo está loco. Eso es algo que sabemos todos desde hace mucho tiempo. Pero hay ocasiones que ocurren hechos que no hacen más que confirmarlo y, a mí particularmente, me indignan. Y que yo me indigne, así como estado permanente, es muy difícil; se me suele pasar rápido.

Resulta que la CUP de Manresa que, como no tenían nada mejor que hacer porque se ve que en Manresa no hay más problemas, se han dedicado a presentar una propuesta para fomentar entre las adolescentes métodos alternativos para usar durante la regla. A ver, que si solamente lees esto no te parece tan mal porque una va en pro del progreso y piensa: “¡Ah! A ver qué métodos proponen que igual me interesan”.

Copas menstruales, compresas de ropa, esponjas marinas y sangrado libre.

Y si no me creéis, os dejo aquí la noticia.

A ver una cosa, mujeres que habéis propuesto estas alternativas: ¿vosotras trabajáis fuera de casa y os pasáis el día haciendo recados de arriba a abajo, u os pasáis el día en vuestra casa cómodas y tranquilitas? Porque yo no paro en todo el día y os prometo que no estoy por la labor de tener que estar sufriendo todo el día e incómoda.

Y habrá quien piense: ¡oh pero te vendes a los intereses de las grandes marcas y es muy poco ecológico! Mira, a lo primero, lo siento en el alma pero estoy ya vendidísima y lo admito; y lo segundo, pues me sabe mal, porque amo mi planeta y creo que nos lo estamos cargando entre todos, pero resulta que me amo más a mí (¡qué egoísta que soy!) y prefiero la comodidad, el bienestar y el no tener que preocuparme por cosas que no lo necesitan.

Si utilizo los métodos más extendidos, puedo ocuparme por completo de hacer bien mi trabajo para lograr un buen futuro y tener independencia económica, puedo ocuparme de formarme continuamente para mejorar como profesional y como persona y me puedo ocupar de lo que me de la real gana, porque no me tengo que preocupar de nada más. Y eso no significa que esté negando mi realidad como mujer, simplemente estoy haciendo que mi menstruación sea lo menos molesta posible (porque lo es, os lo digo yo, que soy mujer y la sufro cada mes, y sé que no es un campo de rosas y algodones, no me vengáis con eufemismos) para que pueda seguir haciendo mi rutina con la mayor normalidad posible.

Claro que habrá gente que pueda permitirse estar cada dos por tres pendiente de su copa menstrual y vaciarla o que pueda andar lavando la compresa de ropa, si no digo yo que no. Pero no lo queramos vender como opciones factibles en todos los casos y mucho menos como opciones que nos permitan reivindicar una normalidad en cuanto a la menstruación.

Porque si a lo largo de la historia, la regla se ha convertido en tabú ha sido, entre otros factores, porque durante muchos años a las mujeres en los días de su período menstrual se las ha considerado infestadas, sufriendo múltiples dolores y quejándose constantemente. Es por eso que alcanzaremos la verdadera normalidad si podemos seguir haciendo nuestras vidas, sin importar si tenemos la regla o no, porque el mundo no se para por ello. Nada tiene que ver el método que utilicemos, pero usemos el que usemos lo primordial tiene que ser que nos permita seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas. Simplemente con algún dolor, pero yo he ido a trabajar o a la universidad con dolores de muelas mucho peores y he seguido haciendo mi vida. Esa es la normalidad. ¿Creéis que una mejor opción sería usar esas compresas de ropa que hay que ir lavando a menudo o el sangrado libre? No sé las demás, pero yo entonces debería quedarme en casa y para cualquier actividad que implicara desplazarme. Y eso no es igualdad.

Porque claro que eso nos diferencia de los hombres, pero no nos tiene que hacer diferentes en deberes y derechos.

No nos engañemos. No os engañéis.

Teresa

 

 

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