¿Vives en el pasado o en el presente?

Vivo en una dicotomía. Me encanta recordar hechos pasados que me transportan a estados de felicidad, pero no soporto instalarme en la nostalgia por un largo período de tiempo.

Es muy peligroso entrar en el círculo vicioso de los pensamientos pretéritos. Puedes empezar por un recuerdo bonito, a saber, un momento feliz jugando en el parque con tu abuela o una buena noche de fiesta que pasaste con tus amigos; sin embargo la memoria, que es muy traicionera, te va a acabar llevando a recuerdos que quizás no fueron tan felices, como una discusión con tu mejor amiga o una ruptura sentimental.

Y a pesar de que sabemos todo esto, solemos embarcarnos a menudo en este viaje por la memoria y, lógicamente, lo finalizamos con algún rasguño emocional. Porque recordar es adictivo, es como una droga.

Hasta que aprendemos que, como en todo, la clave está en el equilibrio.

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Todos pasamos por etapas en las que, por alguna razón, porque no nos sentimos bien con lo que vivimos en el momento, nos pasamos gran parte del tiempo recordando momentos pasados que fueron, en nuestra opinión, mejores. Y digo en nuestra opinión, porque seguramente no eran ni mejores ni peores, simplemente nuestras circunstancias en ese momento no eran las mismas. No podemos comparar nuestro yo actual, adulto, con responsabilidades; con nuestro yo pasado en el que teníamos menos preocupaciones, no éramos responsables de tanto y nos creíamos invencibles. El baremo de comparación no es el mismo y si no somos capaces de darnos cuenta de esto, nos quedaremos anclados en la falacia de que el pasado era mejor. Y no lo era. Era distinto.

No digo que esté mal volver con la mente a años atrás, simplemente recomiendo precaución.

Tal y como yo lo veo, hay que disfrutar el presente. Quien me conoce sabe que a veces esto lo digo un poco por decir, porque siempre estoy planeando cosas, pero realmente soy consciente de que no todo en esta vida es susceptible de ser planificado y que hay que dejar que el día te sorprenda. Que quizás no todo lo que habías organizado sale como pensabas pero ¿qué más da? La vida es imprevisible y esa es la mayor aventura que uno puede vivir día tras día.

Por supuesto que hay que guardar los bellos recuerdos que se han vivido y, de vez en cuando, sacarlos de ese cajón en el que los hemos dejado para admirarlos; pero no podemos hacer de eso nuestro modo de vida. Porque entonces no vamos a disfrutar de lo que nos suceda.

Y no se si será mejor o peor que lo anterior, pero lo que si se es que lo único que tenemos de verdad en cada momento es el presente.

Teresa

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