Blue Finn. Comida japonesa con estilo en Barcelona

Hace unos días, nos dejamos llevar por el entusiasmo de un sábado soleado y espléndido y nos decidimos a probar un restaurante que tenía mucha curiosidad en probar. Fuimos a comer a Blue Finn, un restaurante japonés, en el que comí más cosas de las que no suelo probar de lo habitual (¡un aplauso para mí!) y la experiencia fue de lo más satisfactoria.

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¿Dónde está?

Encontramos Blue Finn en la calle Santaló 103 (08021 Barcelona) aunque también cuentan con un restaurante en Sant Andreu de Llavaneres y podéis buscarles en redes sociales.

¿Cómo es la decoración?

Encantadora. Tiene un rollo rústico-industrial que me cautivó. Todo en gris, blanco y negro, muy sencillo pero muy elegante. Ya sabéis, yo y mi obsesión últimamente por la decoración.

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¿Cómo nos trataron?

El servicio fue muy correcto. Los camareros estuvieron muy atentos en todo momento y, cuando no sabían si nos podrían servir un plato por falta de un ingrediente, nos ofrecieron alternativas que se parecieran a lo que queríamos originalmente.

¿Qué comimos?

Para ir abriendo boca pedimos unos Spicy Edamame, cuya peculiaridad es que estaban fritos al aroma de sésamo picante y estaban sorprendentemente sabrosos y deliciosos, y unos Tataki Uramaki, unos makis de atún y aguacate rellenos con tempura de langostino y mayonesa muy ricos y con un sabor muy suave y sutil, perfectos como entrante.

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Como plato principal, David se decantó por el Yakimeshi No Kamo, un arroz salteado con magret de pato y setas, y yo me decidí por una opción algo más ligera y pedí el Tori No Teriyaki, un pollo a la plancha con cebollita y salsa teriyaki. Cierto es que ambos platos no tenían la mejor presentación del mundo, pero de sabor (que es lo que más nos importa) estaban ambos espectaculares.

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El postre fue menos glamouroso ya que tomamos una bola de helado porque estábamos ya llenos de todo lo anterior.

Y…¿cómo está de precio?

Todo, incluyendo los entrantes, los platos principales, el postre y la bebida, nos salió por 59,6€. Barato ya veis que no es, sin embargo, si tenemos en cuenta la cantidad que había en cada plato y la calidad de los mismos, me parece un precio bastante acorde.

Valoración global

Salimos de Blue Finn encantados, pues aunque nos decidimos a entrar un poco de manera improvisada y sin saber muy bien que nos encontraríamos, comimos muy bien y en un ambiente encantador que, me a mí la impresión, por la noche debe ser ideal para una cena romántica así que seguramente repitamos para comprobarlo.

Ciertamente por el precio no es un restaurante al que ir cada día, sin embargo, para una ocasión especial o simplemente porque os queréis dar un capricho (nosotros nos estamos dando muchos de este estilo últimamente), os lo recomiendo mucho, sobretodo para aquellos amantes de la buena comida y que sepan apreciar ese plus de glamour y estilo.

Teresa

¡Fuera de mi regla! Normalidad sin retroceso

Una lee el periódico, escucha la radio por las mañanas, mira el telediario, porque quiere estar informada, quiere saber lo que pasa en el mundo y en su país. Pero os juro que cada vez me dan más ganas de coger una mochila con lo básico e irme a vivir a la montaña, a una isla desierta en medio del mar o a cualquier sitio que, como condición indispensable, no tenga acceso ni a internet ni a tdt ni a nada.

El mundo está loco. Eso es algo que sabemos todos desde hace mucho tiempo. Pero hay ocasiones que ocurren hechos que no hacen más que confirmarlo y, a mí particularmente, me indignan. Y que yo me indigne, así como estado permanente, es muy difícil; se me suele pasar rápido.

Resulta que la CUP de Manresa que, como no tenían nada mejor que hacer porque se ve que en Manresa no hay más problemas, se han dedicado a presentar una propuesta para fomentar entre las adolescentes métodos alternativos para usar durante la regla. A ver, que si solamente lees esto no te parece tan mal porque una va en pro del progreso y piensa: “¡Ah! A ver qué métodos proponen que igual me interesan”.

Copas menstruales, compresas de ropa, esponjas marinas y sangrado libre.

Y si no me creéis, os dejo aquí la noticia.

A ver una cosa, mujeres que habéis propuesto estas alternativas: ¿vosotras trabajáis fuera de casa y os pasáis el día haciendo recados de arriba a abajo, u os pasáis el día en vuestra casa cómodas y tranquilitas? Porque yo no paro en todo el día y os prometo que no estoy por la labor de tener que estar sufriendo todo el día e incómoda.

Y habrá quien piense: ¡oh pero te vendes a los intereses de las grandes marcas y es muy poco ecológico! Mira, a lo primero, lo siento en el alma pero estoy ya vendidísima y lo admito; y lo segundo, pues me sabe mal, porque amo mi planeta y creo que nos lo estamos cargando entre todos, pero resulta que me amo más a mí (¡qué egoísta que soy!) y prefiero la comodidad, el bienestar y el no tener que preocuparme por cosas que no lo necesitan.

Si utilizo los métodos más extendidos, puedo ocuparme por completo de hacer bien mi trabajo para lograr un buen futuro y tener independencia económica, puedo ocuparme de formarme continuamente para mejorar como profesional y como persona y me puedo ocupar de lo que me de la real gana, porque no me tengo que preocupar de nada más. Y eso no significa que esté negando mi realidad como mujer, simplemente estoy haciendo que mi menstruación sea lo menos molesta posible (porque lo es, os lo digo yo, que soy mujer y la sufro cada mes, y sé que no es un campo de rosas y algodones, no me vengáis con eufemismos) para que pueda seguir haciendo mi rutina con la mayor normalidad posible.

Claro que habrá gente que pueda permitirse estar cada dos por tres pendiente de su copa menstrual y vaciarla o que pueda andar lavando la compresa de ropa, si no digo yo que no. Pero no lo queramos vender como opciones factibles en todos los casos y mucho menos como opciones que nos permitan reivindicar una normalidad en cuanto a la menstruación.

Porque si a lo largo de la historia, la regla se ha convertido en tabú ha sido, entre otros factores, porque durante muchos años a las mujeres en los días de su período menstrual se las ha considerado infestadas, sufriendo múltiples dolores y quejándose constantemente. Es por eso que alcanzaremos la verdadera normalidad si podemos seguir haciendo nuestras vidas, sin importar si tenemos la regla o no, porque el mundo no se para por ello. Nada tiene que ver el método que utilicemos, pero usemos el que usemos lo primordial tiene que ser que nos permita seguir desarrollando nuestras actividades cotidianas. Simplemente con algún dolor, pero yo he ido a trabajar o a la universidad con dolores de muelas mucho peores y he seguido haciendo mi vida. Esa es la normalidad. ¿Creéis que una mejor opción sería usar esas compresas de ropa que hay que ir lavando a menudo o el sangrado libre? No sé las demás, pero yo entonces debería quedarme en casa y para cualquier actividad que implicara desplazarme. Y eso no es igualdad.

Porque claro que eso nos diferencia de los hombres, pero no nos tiene que hacer diferentes en deberes y derechos.

No nos engañemos. No os engañéis.

Teresa

 

 

Alkaline: cocina sana y novedosa en Barcelona

¿Alguna vez habéis oído hablar de la dieta alcalina? Yo lo había oído así de refilón y me sonaba un poco a chino.

La cuestión es que, una noche buscando opciones para ir a cenar, me topé con el apartado de “opciones sanas” de El Tenedor, y Alkaline me llamó la atención por lo diferente del asunto y por ser “el primer restaurante alcalino en Barcelona”.

Según dicen, la cocina alcalina se basa en alimentos frescos y naturales combinados de manera concreta para controlar los niveles de pH y, teóricamente, proporcionar así digestiones más ligeras y aportar vitalidad y energía.

Yo no soy nutricionista ni nada por el estilo, así que cada uno que opine si se cree o no los beneficios que pueda tener; y yo mientras os cuento mi experiencia probando esta cocina novedosa.

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¿Dónde está?

Encontramos Alkaline en la calle Entença nº 62, en pleno Eixample de Barcelona, y los podéis buscar en sus redes sociales.

¿Cómo es la decoración?

La verdad es que está decorado de manera muy sencilla y sin grandes pretensiones. Las tonalidades de los colores usados en la decoración son un poco frías para mi gusto restándole algo de calidez al espacio, pero como David se encarga siempre de recordarme, eso no es tan importante como la comida.

¿Cómo nos trataron?

La atención fue excelente. Nada más llegar, el chico que nos atendió fue super amable y simpático, nos explicó muy bien cada plato del menú y fue muy servicial. Como debería ser siempre.

¿Qué comimos?

La opción que elegimos fue una especie de menú degustación y, ya que nunca antes habíamos estado en el restaurante, fue la opción ideal para hacernos una idea global.

Como aperitivo nos sirvieron, hummus de tres colores y sabores (manzana, zanahoria y remolacha) con mini tostadas y unas crudités con salsa de yogur y eneldo. Delicioso e ideal para abrir boca y, además, los hummus estaban muy buenos, especialmente, el de manzana. Todo un descubrimiento.

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Como primer plato, David eligió el gazpacho mágico de remolacha que al tirarle limón cambiaba de color, que encontró muy rico y distinto a cualquier gazpacho que hubiera probado anteriormente, y yo me decidí por la otra opción, los “espagueti” de calabacín con zanahoria y pesto (“courgetti”), un plato que tenía muchas ganas de probar porque últimamente todo el mundo habla de ellos y que me encantaron como opción para engañar al cerebro y hacerle creer que está comiendo pasta cuando en realidad es algo más ligero.

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De segundo plato, David se decantó por el pollo al horno con cebolla caramelizada y ciruelas, que tenía una pinta espectacular y muchísimo sabor, y yo tomé la hamburguesa vegetal de zanahoria, boniato y arroz integral que fue toda una sorpresa porque estaba francamente sabrosa aunque, eso sí, llenaba tanto que no pude terminarla David me tuvo que ayudar.

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Para rematar, tomamos de postre un pastelito de coco y zanahoria con bayas de goji que, a pesar de no ser yo muy fan del coco, estaba bastante bueno aunque no pude terminármelo.

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Y…¿cómo está de precio?

Al coger la opción menú no salió muy bien de precio y nos costó unos 17€ por persona, un precio magnífico para experimentar y probar este tipo de cocina.

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Nos gustó mucho la experiencia Alkaline y, sobretodo, nos sorprendió gratamente. Íbamos un poco a ciegas y, porque no decirlo, algo asustados al no saber muy bien que nos encontraríamos y la verdad es que salimos encantados. Comimos bien, en un ambiente muy agradable y, lo mejor de todo, habiendo probado algo nuevo y muy diferente a lo que estamos acostumbrados.

Así que si, como nosotros, sois amantes de descubrir nuevos restaurantes y nuevos tipos de comida, probad Alkaline que seguro que salís de allí con la agradable sensación de haber salido momentáneamente de la zona de confort culinario.

Teresa

Libros imprescindibles

 Después de leer un libro, uno ya no vuelve a ser el mismo.

Para crecer, evolucionar y abrir la mente, siempre nos han dicho que lo mejor es viajar. Sin embargo, no todos nos podemos permitir estar constantemente de un país para otro, y es por eso que los libros son también una excelente opción para ver otros mundos. Leer nos permite conocer otras maneras de ver la vida sin movernos de donde estemos.

Este próximo sábado es el Día Internacional del Libro y por ello, me ha parecido la excusa perfecta para hacer una compilación de mis libros favoritos, para los lectores veteranos y para los principiantes que no saben por donde empezar.

Definamos primero mi perfil como lectora: soy una devoradora de libros a la que le encanta leer desde pequeña y, no solo eso, sino que, en lo referente a los libros, el tamaño sí que importa: cuanto más largos y extensos mejor.

La siguiente recopilación la he dividido en 4 categorías para que sea más fácil para todos ubicarnos.

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Libros épicos

Son esos libros que cuando los estas leyendo sabes que tienes algo grande entre manos, que un montón de gente se ha emocionado con esa gran historia y que son atemporales. Son libros que son una totalidad: tienen amor, drama, misterio, aventura, dolor, pasión… y por esa razón llegan al corazón, porque seguro que entre todos esos elementos, hay alguno que conecta contigo y que te hace recordarlo siempre.

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“Alguien me dijo una vez que en el momento en el que te paras a pensar si quieres a una persona, ya has dejado de quererla para siempre”

La sombra del viento – Carlos Ruiz Zafón

“La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón es uno de mis libros favoritos de todos los tiempos y que representa muy bien esta categoría. Combina a la perfección esos elementos que comentaba: una trama repleta de misterio y suspense, una gran historia de amor, una pincelada de novela histórica y, en mi caso concreto, al estar la acción se situada en Barcelona, en paisajes familiares para mí, ese es el elemento que hace que conecte más con el libro.

“El ocho” de Katherine Neville me parece una obra muy completa. Es un libro que además de tenerlo todo (amor, misterio, aventura…), tiene una estructura narrativa que te engancha y te hace estar atento en todo momento para no perderte ni un detalle.

“El médico” de Noah Gordon, para mi fue un caso raro ya que, al empezarlo, no me gustó nada, se me hacía pesado y tuve que hacer un gran esfuerzo para seguir leyendo. Pero poco a poco, no se si porque yo me lo tomé con otra actitud o porque el libro se puso más interesante, me fue cautivando más hasta llegar al punto de que no podía dejar de leerlo y me parece una gran obra muy completa y de lectura más que recomendada.

Libros para pensar

Hay libros que aparecen en el momento preciso y con el mensaje adecuado para hacernos reflexionar acerca de lo que leemos y aprender de ello, usando aquello más útil para nosotros. Pero ¡ojo! no estoy hablando de los llamados libros de autoayuda. A los que me refiero pueden ser cualquier tipo de novela, la única particularidad que deben tener es que, por alguna razón, lleguen al corazón del lector, conecten con él  y le hagan extraer algún aprendizaje aplicable a su vida.

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“Se trata de inventar de nuevo la rueda, el fuego, la música, el canto… de olvidar la masificación y la búsqueda. De aceptar el dolor y la tristeza. De no formar parte de ninguna regla que den por establecida”

El mundo azul. Ama tu caos – Albert Espinosa

En mi caso son los libros de Albert Espinosa. Todas sus novelas me cautivan. Tiene una manera que tiene de contar las historias, con tanta sencillez, mostrando siempre la realidad por muy cruda que sea pero con ese toque de vitalidad, de amor a la vida, que hace que mi cerebro vaya a mil por hora para intentar absorber todo lo que va leyendo y que conecta muchísimo con mi filosofía vital y la complementa a la perfección. Cierto es que no son libros necesariamente alegres pero transmiten un mensaje plenamente optimista y alentador que ayudan a querer mejorar cada instante de nuestra existencia para hacerla plena y memorable.

Libros para enamorarse

No me gusta la novela romántica al uso. A mí, las historias pastelosas me parecen un tostón. Sin embargo, me fascinan los que cuentan historias de amor reales, crudas, sin tanta floritura, vamos, los que acaban mal.

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“La vio acercarse a él como si realmente fuese a su encuentro, buscándole sin conocerle, escribiendo su nombre a cada paso”

Últimas tardes con Teresa – Juan Marsé

Uno de mis favoritos de este estilo es “Últimas tardes con Teresa” de Juan Marsé. Cuenta la historia de amor complicada y tortuosa entre dos personas de clase social completamente opuesta que se empeñan en encajar pero que en el fondo saben que eso no es posible. El autor define tan bien a los personajes y los escenarios por los que transcurre la acción, que cuando estas leyendo, quedas atrapado y empatizas a la perfección con los personajes.

“¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo, miedo de enfrentarte contigo misma […] Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula, tu misma la has construido y en ella seguirás vayas a donde vayas, porque no importa donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma.”

Desayuno con diamantes – Truman Capote

Y como no, “Desayuno con diamantes” de Truman Capote. ¡Cuántas veces me he sentido un poco Holly Golightly! Quizás este es el libro menos de amor al uso de todos, pero para mí es un libro de amor a uno mismo (o de la falta de éste) y también del miedo a enamorarse de verdad, a entregar todos los sentimientos a otra persona. Recomendado 100%.

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Y en esta última categoría encontramos aquellos libros que, como los lee todo el mundo, no queda muy intelectual decir que los has leído o que te gustan. Pero como en ningún sitio está escrito que aquello de mayor alcance popular, tenga peor calidad; yo admito que los leo y que me gustan.

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“¿Cómo he llegado hasta aquí? Me pregunto cuándo comenzó mi declive; en qué momento podría haberlo interrumpido. ¿Dónde tomé el camino equivocado?”

La chica del tren – Paula Hawkins

He leído muchos y por mis manos han pasado varios, pero en mi corazón siempre estará “El código Da Vinci” de Dan Brown. ¡Cuántos años hace ya que me lo leí! Pero me encantó. Y después vinieron “Ángeles y Demonios”, “La Conspiración”, “Fortaleza Digital”, “Inferno”…vamos, todos los de Dan Brown. Quizás no sean lo mejor de la literatura ni están escritos en el estilo más depurado de todos pero cumplen lo que prometen: entretenernos y enfrascarnos en una aventura de la que no podemos escapar tan fácilmente.

Cómo no, también sucumbí al fenómeno “Millenium” de Stieg Larsson (en mi defensa diré que mucho antes de que se masificara) y me leí los 3 de una vez (sí, 3, no pienso leerme el 4 por muy póstumo y homenaje que me lo quieran vender). Me apasionó el modo de relatar la acción y, cómo no, el rollo de Lisbeth Salander me enamoró. Por cierto, si queréis ver la película de “Los hombres que no amaban a las mujeres” en vez de leer el libro, mirad la sueca, la original; la hollywoodiense me parece un petardo.

Y el último libro que he leído, y que se engloba en esta categoría, ha sido “La chica del tren” de Paula Hawkins. Lo había leído todo el mundo y a mí me picaba la curiosidad. Y lo cierto es que no me decepcionó para nada. Me enganchó, me gustó mucho la estructura narrativa y el personaje principal, Rachel, es una joya psicológica de las que me encantan.

¡Feliz día internacional del libro! Y a leer.

Teresa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monster Sushi

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Una semana más, no sabíamos dónde comer y acudimos de nuevo a El Tenedor para inspirarnos. Monster Sushi nos llamó la atención por las fotos de los platos, por las buenas puntuaciones y por la zona en la que está situado, así que nos decidimos y fuimos.

Aquí va nuestra experiencia:

¿Dónde está?

Encontramos Monster Sushi en la Plaça de Gal·la Placídia, 25 (Barcelona).

Podéis consultar más en su web y reservar mediante El Tenedor (recomiendo reservar porque se llena mucho).

¿Cómo es la decoración?

El local tiene una decoración bastante minimalista en la que predominan los tonos negros, grises y tierra. Combinan muy bien un estilo japonés más rústico con pequeñas piezas más modernas que hacen que el local tenga mucho encanto y yo cogí algunas ideas decorativas.

Ahora bien, el pez del logo me parece una patata y no pega para nada con el rollo que le quieren dar al restaurante. Ya está, ya lo he dicho.

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¿Cómo nos trataron?

El trato fue correcto, sin más. Hubiera agradecido un poco más de amabilidad por parte de la chica que nos atendió, que parecía que le supiera mal volver a traernos la carta, pero se compensó un poco con el camarero que nos aconsejó acertadamente sobre los postres.

¿Qué comimos?

Decidimos empezar compartiendo una ensalada de mango bastante abundante con pollo salteado y un aderezo de miel y mostaza delicioso, y unos gyoza que son nuestra debilidad allá donde vamos y que estaban buenos, pero sinceramente no son los mejores que he probado (y he probado muchos).

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Como plato principal, David pidió unos Uramaki Nikkei a base de langostino en tempura, aguacate, atún y salsa leche de tigre; yo en cambio, me decanté por el pollo salteado con salsa Teriyaki sobre arroz. Ambos platos estaban realmente buenos y aunque a David el suyo le supo a poco, compensó terminándose lo que yo no pude del mío.

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De postre, pedimos unas fresas a la pimienta con vodka y helado de vainilla para compartir que estaban deliciosas.

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Y…¿cómo está de precio?

Es caro.

Todo nos costó 62,4€ y es de esos restaurantes de los que sales pensando que has pagado demasiado por algo que en otro sitio te hubiera salido por menos y con la misma calidad.

De cantidad es aceptable tirando a justa y en algunos casos como el postre, se les ha ido la cabeza, o al menos yo no veo normal cobrar 7,9€ por unas fresas que, estarán todo lo maceradas en vodka que queráis, pero no dejan de ser fresas.

Valoración global

No ha sido una mala experiencia en absoluto, pero si yo pago el precio que pagué en Monster Sushi busco excelencia y pido que la relación calidad-precio-cantidad sea excepcional, cosa que no encontramos.

¿Lo recomiendo? Mal ya habéis visto que no se come, ahora bien, no es un restaurante que le indicaría a un amigo para que fuera.

No creo que repitamos, porque hay muchos sitios similares en Barcelona por probar y descubrir.

Teresa

 

Besa mucho

Creer en algo está bien. Muy bien.

El problema reside en que, cuando aquello en lo que creemos falla, nuestro universo se tambalea.

Porque solemos creer en cosas materiales o en personas. Y ¿qué ocurre? Que esto puede decepcionarnos y, de hecho, lo hace muy a menudo.

Porque el mero hecho de poseer determinado objeto no nos va otorgar unas determinadas características de personalidad; y las personas hoy te pueden decir una cosa y mañana otra. O simplemente irse.

Y en el momento en que nos damos cuenta de esto nos frustramos, nos sentimos decepcionados y creemos que ya no merece la pena creer en nada ni en nadie.

¿La solución?

Empezar a creer en cosas que no nos defraudarán. O, en otras palabras, en conceptos abstractos que al no estar claramente delimitados por definición, podemos adaptar a nuestra medida y siempre van a encajar con lo que necesitemos.

Por ejemplo, yo creo en el poder de los besos.

Porque hay besos que te salvan la vida.

Y si te como a besos, tal vez, la noche sea más corta, no lo sé.

Desde pequeños hemos visto que en los cuentos, todas las princesas tienen como objetivo recibir ese beso de amor verdadero, que será el que ponga el final feliz a su historia dramática. Pero no nos engañemos, es una utopía.

Y cuando crecemos, vamos viendo que hay besos que se dan sin tanto sentimiento y que no están nada mal. Pero tampoco nos terminan de convencer.

Hasta que llega ese que es el definitivo. El que te hace volver a creer en el amor. El que te despierta de ese letargo. El que te hace volver a por más.

Y ¿qué mosca me ha picado a mí hoy?

Resulta que el miércoles se celebra el día internacional del beso y aunque me parezca una soberana tontería y no sepa si los besos son la salvación o la respuesta a todos nuestros males, hay que besar. Besar mucho. Con toda el alma. Hasta que duelan los labios. Sino quizás mañana sea tarde.

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Bésame.

Bésame porque así lo sientas.

Dame un beso en la frente para que me sienta segura, me sienta en casa.

Bésame, aunque sea porque toca, en la mejilla.

Sé un caballero y bésame la mano para que pueda sentirme tu dama.

Cállame con un beso cuando me pierdo entre palabras inconexas por los nervios.

Dame un besito suave, dulce y cálido mientras me abrazas porque estoy rota de dolor para que sepa que estás conmigo.

Róbame un beso furtivamente mientras estamos paseando hablando de nada en concreto.

Cógeme de la cintura por sorpresa, mírame a los ojos y dame un beso de película.

Hazlo como sientas, pero por lo que más quieras, no dejes nunca de besarme.

Aquél beso, aquél 8 de junio, me salvó la vida.

¡Feliz día internacional del beso!

Teresa

 

 

 

 

 

 

 

Ceviche 103

Hay días que te despiertas y piensas: ¡hoy quiero probar algo distinto!

Y en ese caso El Tenedor es mi mejor amigo para sacar ideas acerca de dónde ir a comer y reservar, y en esta ocasión me encontré con Ceviche 103, un restaurante de cocina peruana por el que había pasado algunas veces y que nunca me había llamado la atención en exceso pero que tenía muy buenas puntuaciones, así que nos decidimos a probar.

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¿Dónde está?

Podéis encontrarlo en c/Londres 103 (Barcelona).

Podéis echar un vistazo en su web o buscarlos en redes sociales, y reservar a través de El Tenedor.

¿Cómo es la decoración?

Nada más entrar, sentí muy buenas vibraciones. La decoración del local es vibrante y colorida y transmite alegría en cada rincón, no llegando a ser en ningún momento vulgar o sobrecargado. Como la loca de las frases con mensaje que soy, destaco los numerosos cuadros con citas inspiradoras o que te hacen pensar, me fascinó.

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¿Cómo nos trataron?

Uno de los puntos a destacar es el servicio ya que cada vez es más difícil encontrar uno excelente. Cuando pedimos, como el camarero nos vio un pelín perdidos porque había platos que no sabíamos muy bien qué eran, nos los explicó detalladamente y cada plato que nos traía, nos lo describía para que pudiéramos saber en todo momento que estábamos comiendo.

¿Qué comimos?

Para empezar, pedimos y me atreví con un Tiradito, un plato a base de pescado crudo cortado en forma de sashimi y que, en este caso, estaba acompañado de una salsa deliciosa maracuyá. No os puedo decir que estaba delicioso porque a mí no me gusta el pescado en exceso, pero estoy en la filosofía de probar comida que se encuentre fuera de mi zona de confort. Pero estaba bastante bueno.

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Como platos principales, David eligió un Ceviche Mixto con la típica base y que, además, llevaba langostinos, pulpo y sepia marinado todo en leche de tigre. Desde luego la pinta era buenísima, él lo disfruto muchísimo y estaba rico.

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Yo en cambio, como la carnívora que soy, me decanté por el Lomo saltado al wok, con solomillo de buey troceado y flambeado con cebolla, tomate y salsa de soja que estaba espectacular, de las mejores carnes que he probado.

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Y como siempre, caímos con postre, porque somos así y somos unos golosos. Tomamos un Lemon Pie sublime y exquisitamente presentado. ¡Qué bonito!

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¿Y…cómo está de precio?

En total, todos los platos más dos copas de vino blanco, nos salió por unos 60€. Barato no es. Pero es uno de los mejores restaurantes a los que he ido últimamente y la relación calidad-cantidad-precio está totalmente justificada.

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Valoración global

Creo que es un restaurante excelente, lleno de color y vitalidad que alegra el ánimo de cualquier persona que entre, ideal para ir en pareja, con amigos o en familia, que es cierto que el precio es elevado pero que la experiencia gastronómica es muy buena.

Si queréis y podéis daros el caprichito, os lo recomiendo totalmente.

Teresa

 

¿Vives en el pasado o en el presente?

Vivo en una dicotomía. Me encanta recordar hechos pasados que me transportan a estados de felicidad, pero no soporto instalarme en la nostalgia por un largo período de tiempo.

Es muy peligroso entrar en el círculo vicioso de los pensamientos pretéritos. Puedes empezar por un recuerdo bonito, a saber, un momento feliz jugando en el parque con tu abuela o una buena noche de fiesta que pasaste con tus amigos; sin embargo la memoria, que es muy traicionera, te va a acabar llevando a recuerdos que quizás no fueron tan felices, como una discusión con tu mejor amiga o una ruptura sentimental.

Y a pesar de que sabemos todo esto, solemos embarcarnos a menudo en este viaje por la memoria y, lógicamente, lo finalizamos con algún rasguño emocional. Porque recordar es adictivo, es como una droga.

Hasta que aprendemos que, como en todo, la clave está en el equilibrio.

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Todos pasamos por etapas en las que, por alguna razón, porque no nos sentimos bien con lo que vivimos en el momento, nos pasamos gran parte del tiempo recordando momentos pasados que fueron, en nuestra opinión, mejores. Y digo en nuestra opinión, porque seguramente no eran ni mejores ni peores, simplemente nuestras circunstancias en ese momento no eran las mismas. No podemos comparar nuestro yo actual, adulto, con responsabilidades; con nuestro yo pasado en el que teníamos menos preocupaciones, no éramos responsables de tanto y nos creíamos invencibles. El baremo de comparación no es el mismo y si no somos capaces de darnos cuenta de esto, nos quedaremos anclados en la falacia de que el pasado era mejor. Y no lo era. Era distinto.

No digo que esté mal volver con la mente a años atrás, simplemente recomiendo precaución.

Tal y como yo lo veo, hay que disfrutar el presente. Quien me conoce sabe que a veces esto lo digo un poco por decir, porque siempre estoy planeando cosas, pero realmente soy consciente de que no todo en esta vida es susceptible de ser planificado y que hay que dejar que el día te sorprenda. Que quizás no todo lo que habías organizado sale como pensabas pero ¿qué más da? La vida es imprevisible y esa es la mayor aventura que uno puede vivir día tras día.

Por supuesto que hay que guardar los bellos recuerdos que se han vivido y, de vez en cuando, sacarlos de ese cajón en el que los hemos dejado para admirarlos; pero no podemos hacer de eso nuestro modo de vida. Porque entonces no vamos a disfrutar de lo que nos suceda.

Y no se si será mejor o peor que lo anterior, pero lo que si se es que lo único que tenemos de verdad en cada momento es el presente.

Teresa