Día del espectador: Los odiosos ocho

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“Los odiosos ocho” nos sitúa en Estados Unidos después de la Guerra de Secesión, en un paraje montañoso donde una tormenta de nieve obliga a 8 personajes, entre ellos cazarrecompensas y fugitivos, a refugiarse en una posada antes de llegar a su destino.

Pero la película no va de eso. En verdad trata de un director de cine que tiene un estilo propio, que sabe en lo que es bueno, que se gusta y que no intenta hacer experimentos extraños. “Los odiosos ocho” es un despliegue “tarantiniano” mayúsculo. Es Tarantino en grandes dosis directamente en vena. Y efectivamente eso quiere decir que veremos todos los elementos que configuran el estilo propio del director (a saber: sangre, rudeza, venganza, personajes hechos a si mismos, etc.) combinados entre sí creando una pieza especial.

Pero vayamos por partes.

La historia se nos cuenta dividida en 6 capítulos. Los tres primeros nos introducen la historia y los personajes, y los tres últimos desarrollan el núcleo central de la trama con aire a partida de Cluedo para rematar con una brillante escena final.

A mi parecer, este es un planteamiento narrativo excelente, muy apropiado para el tipo de historia que se está contando, que hace que el espectador estructure mentalmente muy bien la trama y que justifica sobradamente el largo metraje. Con menos minutos, nos había sabido a poco.

Otro de los puntos notables es la escenificación. Cuando empecé a ver a los personajes interactuar en la posada en la que se reúnen todos, me vino a la mente la imagen de un escenario teatral en el que los distintos actores se van situando estratégicamente para desarrollar el argumento, constantemente de cara al público. Algo así como una obra de teatro coral de suspense tipo “La Ratonera” de Agatha Christie. Llamadme flipada.

Pero sin duda alguna, el punto fuerte de la película reside en las magníficas interpretaciones, especialmente de Samuel L.Jackson y Jennifer Jason Leigh.

El personaje interpretado por Samuel L. Jackson es de esos canallas a los que terminas cogiendo cariño, un superviviente caradura con una progresión ascendente durante toda la película que parece culminar en la escena, visual y auditivamente hilarante, con el General Sandy Smithers. Pero que no os engañe; hasta el último capítulo el personaje aún tiene que deleitarnos mucho.

Y la que para mí es la sorpresa y todo un descubrimiento porque no había visto ningún trabajo suyo, Jennifer Jason Leigh. Odié al personaje desde el momento que aparece en pantalla y no hay manera de empatizar con ella, pero tiene una fuerza espectacular y esperas su replica en cada escena. Además, tiene unos primeros planos en circunstancias poco favorecedoras, muy típicos también de Tarantino, que resuelve excelentemente.

¿Y tiene puntos negativos? Quizás que el inicio se hace un poco lento y pesado, en comparación con el resto de película. Pero sinceramente os digo que lo menciono para que no todo sea positivo y maravilloso.

¿La recomiendo? Sin ninguna duda. Tanto a devotos de Tarantino como a principiantes, aunque a estos últimos, si son algo sensibles, les recomiendo ir con el estomago vacío.

Teresa

 

 

 

Flash Flash. Los clásicos nunca fallan.

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Entrar en Flash Flash (c/ de la Granada del Penedès 25 Barcelona) es sentirse teletransportado a otra época. Una en la que en Barcelona se respiraba intelectualidad por los cuatro costados, ganas de pasarlo bien y de modernidad. Y sin teletransportarse también, porque parece que ahí dentro el tiempo no haya pasado. ¡Ojo! Que no es nada malo en este caso pues los valores que rigen este peculiar restaurante deberían, en mi opinión, imperar en cualquier negocio de restauración.

Inaugurado en 1970 por Alfonso Milà y Leopoldo Pomés, amantes del buen comer, y situado en la zona alta de Barcelona, Flash Flash tiene unos principios muy definidos dejando bien patente que sus creadores buscaban la excelencia en todos sus platos y en todos los detalles, y que esa búsqueda ha perdurado hasta la actualidad.

Sin ningún tipo de duda, el punto fuerte de Flash Flash es su ambientación. Un local blanco y limpio en el que se respira elegancia e intimidad. No importa que haya familias con niños o un grupo de amigas cenando un sábado o una cena de parejas que hacía tiempo que no se veían; si tu vas con la intención de tener una cita romántica, vas a poder perfectamente. Ni te darás cuenta de que hay más gente en el restaurante.

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Los camareros son otro de sus rasgos característicos. Perfectamente formados, con una educación exquisita y estando atentos sin molestar al cliente que no quiere que se le agobie.

La carta de Flash Flash es extensa y decidirse resulta difícil. Sin embargo, partimos de la base de que es una tortillería por lo que, si es la primera vez que vais, es un “must” pedir una de las múltiples tortillas que ofrecen. Nosotros elegimos unas opciones sencillas pero deliciosas.

Empezamos compartiendo unas “Falsas bravas”. Sin entrar a discutir la autenticidad de las bravas, hay que decir que con ésto nunca se falla para compartir mientras esperas las tortillas y hablas de cualquier cosa. El clásico de los clásicos.

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Las “falsas” bravas

Rápidamente, al minuto de habernos terminado el entrante, nos sirvieron las tortillas, una “A la catalana” de butifarra blanca y alubias, y una “A la forastera” de jamón ibérico y setas. Espectaculares. Es verdad que a priori puede parecer que el asunto no tiene mucho secreto pero, como todo, las tortillas hay que saber hacerlas. Los ingredientes de cada una habían sido elegidos a la perfección para que combinaran bien y estaban en la justa cantidad. En cuanto a la cocción, para mí estaban perfectas pero sí es verdad que a mi pareja, que le gusta el huevo bien cuajado, no le terminó de convencer la textura porque son tortillas jugosas. No creo que sea nada que no se solucione indicándolo al camarero que toma nota o pidiendo uno de los otros múltiples platos (tenemos pendiente probar las hamburguesas…) pero sí hay que tenerlo en cuenta dependiendo de los gustos de cada uno.

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Tortillas “A la catalana” y “A la forastera”

Para redondearlo todo, y a pesar de que no suelo pedir postre en restaurantes, nos pudo una deliciosa tarta de chocolate que devoramos tan buen punto apareció en la mesa y no nos dio tiempo a sacarle una foto, pero que fue el final perfecto para la cena.

Pero a lo que nos importa, ¿por cuánto nos salió la broma? Pagamos 44€ por dos copas de vino blanco, unas bravas, dos tortillas y dos postres. Barato barato no es, pero por la ubicación, la ambientación, el servicio y la comida, me parece un precio más que razonable.

Te ofrecen una buena experiencia gastronómica sin complicaciones pero de calidad y sales queriendo repetir para no perderte ningún plato.

Teresa

 

 

Harta del machismo encubierto

Cada día estoy más harta de esta sociedad machista. De que un día salga un obispo diciendo que si hay mujeres maltratadas es porque estas piden el divorcio. De que para fin de año presente las campanadas una chica medio desnuda haciendo el papel de tonta. De que consideremos normal ver a mujeres semidesnudas en la televisión y en anuncios “porque vende y a los hombres heterosexuales siempre les van a poner las mujeres desnudas”.
Pues no me da la gana. No me da la gana aceptar que vivo en una sociedad así de enferma. Y menos aún que me tenga que oír que me aguante porque esto va a ser siempre así.
Sí claro. Va a ser siempre así, porque vosotros, los hombres que pronunciáis estas frases, no os da la gana aceptar que sois unos machistas, porque ya os va bien ver carnaza, vivís bajo la ley del mínimo esfuerzo y para qué hacer algo.
¡Basta ya! De vivir en una sociedad en la que el cuerpo de la mujer es otro instrumento más para el marketing. Joder… ¡calentaros la cabeza! ¡Intentad buscar otro reclamo publicitario!
Pero claro, ya podemos la gran mayoría de nosotras dejarnos la vida tratando de que se nos valore por nuestras capacidades en vez de por nuestro físico, que siempre habrá la borrega de turno que aceptará seguir el juego y entonces las demás nos fastidiamos.
No me quiero poner épica y empezar a decir aquello de “y ¿dónde quedan todos los años de lucha feminista, todas las mujeres que nos precedieron y batallaron para que ahora nosotras disfrutemos de la igualdad que tantos se merecían ellas y nosotras?”. Pero no queriendo, lo digo.
¿Se piensan estas chicas “modernas e independientes “que somos tontos? ¿Creen que soltando una excusa tipo “la cadena no me ha obligado a vestirme así”, nos lo vamos a creer? ¡Oh claro! ¡Tú te pones medio en bolas en diciembre en Madrid porque te ha dado la real gana!

Vale, quizás me esté dejando llevar. Puede que sí, que las mujeres que aceptan según qué cosas realmente quieran y que acepten venderse por unos días de estar en boca de todos. Sea como fuere, que queréis que os diga, flaco favor nos hacen al resto de mujeres con esos actos tan machistas (¡ojo! ¡Qué digo que lo machista son los actos, no las chicas, no las conozco como para opinar tan a la ligera!).
Me parece bien que queráis estar en boca de todo el mundo y que os merezca más la pena que el haceros valer y respetar. Vale, es vuestra opción. Pero, a ver, un poco de sentido de género. No nos perjudiquéis al resto de mujeres. En esta sociedad en la que vivís y que os aplauden como borregos que salgáis casi desnudas, también hay niños, niñas y adolescentes a los que alguien les debería advertir que eso no es normal. Que no es normal que una chica tenga que mostrar su cuerpo para que le hagan caso. Que no es en absoluto normal tener que hacerse la tonta para resultar más simpática, caer mejor a la gente y que los hombres se fijen en ti.

Porque luego todos nos ponemos las manos a la cabeza cuando vemos casos de adolescentes que sufren bullying con consecuencias extremadamente graves. Pero no somos capaces de ver donde puede nacer el problema y menos aún somos capaces de decir: “¡ostia arreglémoslo!, tratemos de cambiar de mentalidad, por dignidad”.

Que ya sabemos que ser mujer joven es muy jodido, que nos bombardean constantemente con cremas para “parecer más joven”, maquillaje para “estar más bella” o ropa que “te hará ver más delgada”. Pero…ya basta ¿no? Favorezcamos la aceptación personal del físico, mostremos distintos tipos de mujeres en televisión y publicidad. Cambiemos, de una vez por todas, el prototipo de mujer joven y tonta como el ideal para vender. No nos hipotequemos como sociedad a las marcas. No vendamos el futuro de nuestras mujeres a los intereses comerciales.
Teresa

¿Te atreves a soñar?

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Si de algo hemos oído hablar, la mayoría de nosotros, es de la motivación. Nos han dicho que debemos encontrar en nuestra rutina habitual esas cosas que nos impulsen a levantarnos de la cama cada mañana, aquello que nos haga vibrar y sonreír, en definitiva, que nos haga ser felices. Y está muy bien. Pero yo prefiero hacer otras cosas.

Yo prefiero soñar y crear mi realidad tal y como yo la quiero.

Si hay algo en tu vida que no te da ese impulso necesario, que no te hace sentir esas cosquillas en el estómago; entonces suéñalo.

Si no te motiva el lugar en el que te encuentras, cámbialo. Siempre, sin excepción. Busca aquello que te haga ser feliz. Suéñalo. Hazlo real.

Porque el cambio es la única constante, la única certeza que tenemos en nuestra existencia. Nada permanece eterno. Y somos nosotros los que debemos decidir si nos adaptamos o si preferimos establecernos en un estado de nostalgia estéril en el que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Al principio, nos asustará. No sabremos si el destino será mejor que el punto de partida. Pero no importa tanto el resultado sino el cambio de mentalidad.

Desde que nacemos, nos enseñan a hacer las cosas de una manera concreta, pero ¿qué pasa cuando lo que sabemos no sirve? ¿Qué pasa cuando lo aprendido queda obsoleto?

A mi generación le ha tocado vivir una época cambiante, llena de incertidumbre. Las maneras de encontrar trabajo, de enamorarse, de gobernar, de liderar; todo ha cambiado.

Y, o bien podemos seguir haciendo lo que hacíamos hasta el momento y estancarnos, o tratar de innovar para alcanzar nuestros objetivos.

Este cambio debe empezar desde dentro, desde uno mismo. Nadie puede imponer a otro que cambie. Pero uno sí puede empezar e intentar servir de ejemplo para el que vendrá después y provocar una reacción en cadena.

“Sólo obtendrás de la vida aquello que estés dispuesto a poner en ella”

Sueña. Actúa.

¡Bienvenidos!

Teresa