Ají. Cocina nikkei excelente en Barcelona.

Teníamos pendiente ir a Ají desde hace 2 años, pero ya se sabe que a veces, por H o por B, las cosas se complican.

Pero, por fin, este viernes pasado decidí que era un buen momento para darnos un gusto y aprovechando la Restaurant Week de El Tenedor fuimos a Ají.

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¿Dónde está?

Encontramos Ají en la calle de la Marina 19, en el Casino de Barcelona, cerca de la parada de metro Ciutadella Vila Olímpica.

¿Cómo es la decoración?

Muy simple. Toda en madera y en tonos verdes. Sencilla pero muy elegante.

¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. Las dos camareras que nos atendieron fueron muy simpáticas y estuvieron muy atentas a nosotros.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes a las 22h. Como queríamos probar el menú de la Restaurant Week, reservamos previamente. Menos mal que lo hicimos porque cuando llegamos estaban todas las mesas ya llenas o reservadas.

El público eran sobre todo parejas aunque también había grupos de amigos e incluso alguna familia con 4 niños. Así que, a pesar de que es un restaurante ideal para ir en plan romántico, tened en cuenta que quizás el ruido ambiental es un poco más elevado de lo deseado.

¿Qué comimos?

Como ya os he dicho, fuimos a probar el menú especial de la Restaurant Week de El Tenedor. Este menú constaba de 3 aperitivos, un plato principal y un postre.

El primer aperitivo era un ceviche clásico de corvina en leche de tigre tradicional. Estaba riquísimo. Súper refrescante y con un sabor muy intenso.

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Después nos sirvieron unos makis acevichados con aguacate, vieira, atún y salsa cevichera, muy diferentes y deliciosos; y un niguiri a lo pobre con lomo de wagyu, huevo de codorniz y reducción de soja, riquísimo también y toda una explosión de sabores en la boca.

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Después, como plato principal había dos opciones, una de carne y una de pescado. Como nos debemos a la causa de enseñarlo todo bien y ya nos iba bien por nuestras preferencias, cada uno pedimos uno distinto.

David pidió la lubina nikkei al vapor con salteado de verduras y salsa oriental. La encontró riquísima, al punto de cocción y con unos sabores increíbles.

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Yo pedí el solomillo de ternera con cebolla, tomate, patatas y reducción de soja. Espectacular. La carne estaba muy tierna y los sabores muy bien integrados.

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Y para cerrar la cena, el postre era un coulant de chocolate al pisco con helado de jengibre. El coulant estaba delicioso aunque quizás para mi gusto personal le faltaba un punto de calor (manías personales) pero qué gran descubrimiento que fue el helado de jengibre. No lo habíamos probado nunca y nos pareció sorprendente, muy intenso de sabor y combinado con el chocolate el resultado era fabuloso.

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Y…¿cómo está de precio?

Como ya os he dicho antes, fuimos con un menú cerrado que valía 25€ por persona. Las bebidas iban a parte y cada cóctel nos costó 7€.

Valoración global

Ají nos ha encantado.

Nos habían hablado muy bien de él y todo lo que habíamos visto online nos había gustado, pero de verdad, que la experiencia in situ es muchísimo mejor.

La comida es espectacular (sobre todo las mezclas de sabores inesperadas y deliciosas), la atención por parte del personal es muy buena y el ambiente en general es muy sofisticado.

Ideal para cenas románticas más informales pero especiales. Nosotros repetiremos seguro.

Teresa

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Big Kokka. Cocina nikkei con ambiente pomposo en Barcelona.

El pasado mes de agosto descubrimos Kokka y nos fascinó. Tanto que cuando descubrimos que tenía un “hermano mayor” decidimos buscar la ocasión especial para ir. Hace unos sábado, ocasión especial no había pero por motivos internos, David tenía que invitarme a cenar y no se nos ocurrió mejor lugar que ir a Big Kokka.

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¿Dónde está?

Encontramos Big Kokka en Passatge Mercantil 1, cerca de la parada de metro Barceloneta y al lado del Parc de la Ciutadella.

¿Cómo es la decoración?

Lujosa es la primera palabra que me vino a la mente cuando entramos por la puerta. Ya luego, una vez sentados (en unos sillones de terciopelo que no serían el súmum de la comodidad) y observando cada detalle, la sensación fue de pomposidad, como si hubiesen cogido todo aquello que, decorativamente, se pueda asociar al lujo y lo hubiesen puesto junto.

Muchos espejos, paredes empapeladas con mucho estampado, elementos dorados y una gran lámpara colgante que me encantó, me la quería llevar a mi casa.

Admito que podía llegar a rozar lo kitsch pero a mí ese rollo me gusta, incluso me divierte.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. A pesar de que estaban llenos, nos atendieron muy rápido y nos explicaron los platos que pedimos muy bien.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un sábado sobre las 22h. Habíamos reservado y menos mal porque estaba muy lleno.

Ya sabéis que a nosotros que el ambiente pueda llegar a ser ruidoso no nos importa demasiado, nos abstraemos sin problema, pero si eso os importa tened en cuenta que al haber tanta gente, estar las mesas tan pegadas

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un ceviche clásico de corvina con leche de tigre erizo. Lo cierto es que me puse muy pesada en pedirlo porque por alguna razón extraña me apetecía un montón y menos mal porque nos gustó muchísimo. Nos resultó muy ligero y súper refrescante; ideal para empezar la cena y preparar el paladar. Que no sirva de precedente, pero me lo hubiese comido yo sola.

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Como plato principal, David pidió el Arroz Chaufa negro con pato que le encantó. Era muy sabroso y le gustó mucho la combinación de los ingredientes. Además, al ser un plato que llena un poco más que cualquier otro, a él y su hambre perpetua le vino muy bien.

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Yo pedí los uramakis Maguro con atún, aguacate, cebollino y salsa teriyaki. Muy clásica y poco arriesgada pero no quería experimentar demasiado. Estaban muy buenos y aunque eran sencillos, tenían un sabor ideal y no llenaban ni cansaban mucho.

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Y por supuesto, todo esto lo regamos con unos pisco sour, porque nos encantan y es, junto con los margaritas, nuestro cocktail favorito. Yo pedí el clásico y David experimentó con uno que llevaba un toque de wasabi. Exquisitos los 2.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos nos costó 58,5€.

Valoración global

Si Kokka ya nos había gustado, Big Kokka también. Era de cajón.

El producto que ofrecen es muy bueno y para todos los gustos, aunque si sois amantes del pescado, disfrutaréis muchísimo.

El precio final nos sorprendió porque por alguna razón (y porque debimos hacer los cálculos mentales muy mal) nos lo esperábamos mucho más caro. No es un restaurante al que iríamos cada fin de semana, pero para alguna ocasión especial en la que no nos importe gastar un pelín más, sí lo vemos una opción muy viable.

Aún así, si tenemos que elegir, creo que repetiríamos con Kokka, pues nos parece más tranquilo y un pelín más íntimo.

Pese a todo, y conociéndonos, creo que por Big Kokka nos verán más de una vez y seguramente con algunas amigas amantes también de la cocina nikkei y del pisco sour.

Teresa

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El mexicano de Barcelona. Cocina mexicana de calidad en Barcelona.

Con este restaurante, David y yo tenemos una historia curiosa.

Fue el primer restaurante así “guay” al que fuimos a cenar los dos en plan romántico, al principio de nuestra relación, hará casi 4 años. Y lo extraño es que desde ese día, no habíamos vuelto a ir, y eso que salimos fascinados por al comida, por los margaritas, etc. Total, que hace unos días, volvimos a cruzarnos con este restaurante y decidimos volver a ir.

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¿Dónde está?

Encontramos El Mexicano de Barcelona en la calle Villarroel 233, cerca de la parada de metro Hospital Clínic y de la parada de tranvía Francesc Macià.

¿Cómo es la decoración?

Muy sencilla, nada escandalosa. A mi parecer, un toquecillo más especial no le vendría mal, pero para gustos, colores.

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¿Cómo nos trataron?

Los dos camareros que nos atendieron, pese a ir muy ajetreados por el trabajo que tenían, fueron muy amables.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes sobre las 22h y menos mal que reservamos. Estaba llenísimo, sobretodo con grupos grandes, y había bastante ruido, al nivel que en ocasiones no nos oíamos el uno al otro. A nosotros, en esta ocasión, no nos importó demasiado porque no íbamos con idea de tener una cita excesivamente romántica, pero si queréis tranquilidad, quizás no sea la mejor opción.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo un Guacamole Mexicano con totopos riquísimo. Es el clásico guacamole, natural y artesanal. Simple y delicioso.

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David como plato principal pidió el Pollo en Mole Poblano, unas tiras de pollo bañadas en mole, servidas con arroz y tortillas. Buenísimo. A él, el mole le apasiona y lo cierto es que éste podría ser uno de los mejores. Tiene un sabor muy intenso pero muy armonizado.

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Yo en cambio pedí La Gringa, una sincronizada de carne al pastor con queso gratinado. La carne estaba buenísima y la mezcla del sabor de la misma con el queso resultaba espectacular. Es un plato de esos para comer cuando una está realmente antojada de comida reconfortante pero aunque pueda parece muy cargante, lo cierto es que no me dejó demasiada sensación de pesadez.

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Y para acabar, porque estábamos golosos y nos habíamos pegado una caminata de campeonato antes de ir a cenar, pedimos cada uno un coulant de chocolate delicioso y fantástico.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (unos margaritas) costó 63€, sin embargo, como habíamos reservado con el 20% de descuento por El Tenedor, nos ahorramos 12,6€ y pagamos 50,4€.

Valoración global

Difícil es que un restaurante mexicano no nos guste. Obviamente tenemos nuestros favoritos y éste, en términos de calidad de la comida, seguramente ocuparía alguna de las primeras posiciones de nuestro ránking.

Nos gusta porque los platos que ofrecen son muy variados, muy auténticos y con mucha calidad. No pierden tiempo y energías en presentaciones pomposas pero no lo necesitan porque saben que el producto es bueno.

Cierto es que puede resultar un poco caro pero nosotros siempre que hemos ido, hemos reservado con un descuento de El Tenedor, así que os lo recomiendo.

Ideal para ir en grupo (previa reserva) o en pareja en alguna ocasión informal, pues el ambiente no se presta a mucha intimidad.

Repetiremos seguro y lo seguiremos recomendando.

Teresa

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Crepelovers. Dulces caprichos en Barcelona.

Hay días tontos y tontos todos los días.

Y para intentar superar tanto una cosa como la otra, una buena crepe con bien de chocolate ayuda.

No lo arregla, pero vaya si mejora el panorama.

Con esta premisa, en uno de nuestros paseos David y yo descubrimos Crepelovers y consideré que tenía que compartirlo con vosotros por si alguna vez lo necesitáis.

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¿Dónde está?

Encontramos Crepelovers en la Avinguda Diagonal 609-615, en el centro comercial Pedralbes Centre.

¿Cómo es la decoración?

Sencilla, muy nórdica pero con toques muy divertidos como por ejemplo, varios juegos de mesa que los clientes pueden usar para entretenerse mientras están en el local. Nosotros, del futbolín que hay en la entrada, dimos buen uso.

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¿Cómo nos trataron y cuándo fuimos?

Fuimos un día entre semana por la tarde, sobre las 18:30h. No había mucha gente, solamente algún grupo y algunas parejas que fueron a merendar.

Nos atendieron bien y bastante rápido aunque solo había un camarero y si llega a haber más gente, sí que quizás hubiésemos tenido que esperar más.

¿Qué comimos?

Lógicamente pedimos una crepe cada uno, en nuestro caso, dulces.

David pidió una Latin Lover, con plátano, chocolate negro y frutos del bosque. Riquísima y con una combinación de sabores espectacular.

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Yo pedí una Tarzán Enamorado con Nutella, plátano y fresas. Bastante parecida a la anterior pero con el sabor más dulzón de la Nutella y que mezclada con el plátano hacían una combinación perfecta. Yo es que soy muy fan del chocolate con cualquier tipo de fruta, pero con esas dos más aún.crepelovers-tarzan-enamorado-nutella-platano

Ambas estaban buenísimas, muy dulces porque es así como nos gustan y la masa de la crepe en sí era muy fina y nada pesada.

Y…¿cómo está de precio?

Cada una de las crepes que comimos cuestan 5,5€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho y hemos disfrutado mucho comiendo esas crepes.

Entiendo que así de primeras, pagar casi 6€ por una crepe pues asusta un poco. Totalmente de acuerdo. Pero, en mi opinión, es un buen sitio para darse un dulce caprichito o para ir en ocasiones de emergencia en las que se necesita azúcar de manera urgente.

Es un sitio al que probablemente volvamos, pues me queda muy cerca del trabajo y es una opción genial para algunas duras tardes en las que ya estemos cansadísimos y queramos endulzarnos un poco y divertirnos un rato jugando al futbolín o a alguno de los juegos de mesa que tienen. Además, si tenéis suerte y os podéis sentar en las mesas que dan a la calle, es espectacular ver por la tarde como se va poniendo el sol y ver la luz tan bonita reflejada en los edificios y ver el bullicio de la Diagonal desde arriba.

También hay que tener en cuenta que en Crepelovers hay crepes tanto dulces como saladas, de las que tienen una gran variedad y pueden ser una muy buen opción para comer algo informal por la zona.

Teresa

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La cuina de l’Uribou. Cocina japonesa de calidad en Barcelona.

Uno de los primeros restaurantes de los que David me habló cuando empezamos a salir fue La cuina de l’Uribou. Y siempre me contaba que una profesora de japonés de su hermano se lo había recomendado y que a ellos les encantaba y que teníamos que ir.

Lo que a mí no deja de sorprenderme, es que desde entonces solamente habíamos ido una vez. Así que este fin de semana pasado, fuimos a ponerle remedio.

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¿Dónde está?

Encontramos La cuina de l’Uribou en la calle Taquígraf Serra 26, cerca de la parada de metro Entença.

¿Cómo es la decoración?

Muy sencilla y sobria, nada espectacular pero cuidada.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El camarero que nos atendió fue muy amable y nos explicó detalladamente cada plato que nos sirvió. Además nos aconsejó excelentemente sobre lo que queríamos pedir.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado sobre las 14:30h. Cuando llegamos había mesas ocupadas pero también mesas libres. El único “pero” que le encontraría es que las distintas mesas estaban muy pegadas entre ellas y había poca intimidad.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo unos Shumai, unos saquitos de masa wonton con langostino y cerdo cocidos al vapor, servidos con dos salsas. Estaban riquísimos, con un sabor muy intenso y una textura excelente.

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David también decidió pedir una ostra natural porque hacía mucho tiempo que no comía una. Vamos, lo normal, que le encantó.

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Como platos principales, David pidió la tempura de cangrejo de caparazón blando con huevo a baja temperatura. A él le encantó y le pareció que tenía una textura de lo más peculiar y un sabor delicioso y bien marítimo. Yo el cangrejo no pude probarlo porque me daba repelús solo mirarlo, pero la salsa con el huevo a baja temperatura sí y me pareció deliciosa y muy original.

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Yo pedí unos makis que el camarero nos comentó que tenía aunque no constaban en la carta, de pato y foie. Claro, yo al oir la palabra foie es que ni me lo pensé. Y menos mal. Estaban deliciosos, suaves de sabor pero muy equilibrados. Lo único es que el camarero no me advirtió de que llevaban espárragos y yo no los soporto, por suerte se quitaban fácilmente y David se los comió encantado.

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Como David se quedó con un poco de hambre y había visto unos erizos de mar que le habían llamado la atención, decidió pedir uno en sashimi. Jamás había comido uno pero le encantó sobre todo por el intenso sabor a mar que a él tanto le gusta.

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Y como estábamos contentos porque era el primer fin de semana libre que teníamos los dos a la vez en bastante tiempo, decidimos darnos un gusto con un meloso de chocolate espectacular y de vicio.

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Y…¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una copa de vino y una cerveza) nos costó 65€.

Valoración global

A David ya le tenían convencido, obviamente, y a mí me han ganado esta vez por el trato ofrecido y por el producto de calidad que sirven.

Quizás, para mi gusto personal, es un restaurante al que si voy 2 o 3 veces ya he probado todos los platos que soy capaz de comer porque hay algunas opciones en carta que no están hechas para mi paladar (erizos, ostras, cangrejo…) pero aún así, sé que hay platos que podría comer una y otra vez porque están deliciosos. Además, quién sabe si en una de las visitas me animo y empiezo a probar algunas cosas nuevas.

Muy recomendado para ocasiones especiales con acompañantes que sepáis que les gusta este estilo de comida.

Teresa

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La Dimsumeria de Casa Xica. Cocina asiática rápida y de calidad en Barcelona.

Hace algunos meses descubrí que habían abierto al lado de casa Final Feliç, un restaurante que fusionaba la cocina catalana con la asiática y yo que soy una persona curiosa con estos temas me acerqué a ojear la carta. Lo cierto es que en ese momento no me entusiasmó porque había muchos platos basados en pescado y con algunos ingredientes que no me convencieron del todo. Nada. Tiquismiquis que es una.

Pero hace unas dos semanas, buscando sitios nuevos a los que ir cerca de casa, descubrí que los mismos artífices de Final Feliç había abierto en el mismo local anexo, La Dimsumería, un restaurante de un estilo similar pero de un concepto más rápido, más fluido y más informal.

Y ese sí me llamó mucho la atención.

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¿Dónde está?

Encontramos La Dimsumeria de Casa Xica en la calle Marquès de Campo Sagrado 27, cerca de las paradas de metro Sant Antoni, Poble Sec y Paral·lel.

¿Cómo es la decoración?

Preciosa. Nos llamó muchísimo la atención nada más entrar y nos quedamos embobados mirando los distintos elementos que mezclan tradición asiática y modernidad sin caer en un exceso esperpéntico.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. La camarera que nos atendió fue muy simpática en todo momento, nos explicó las dudas que teníamos y nos recomendó muy acertadamente.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 13:30h. Al ser tan temprano (abren a esa hora) fuimos los primeros clientes y estuvimos muy tranquilos. Cuando nos marchamos, no había tampoco mucha gente así que el ambiente era muy tranquilo.

¿Qué comimos?

Como bien nos dijo la camarera, toda la carta está pensada como platos para compartir así que eso hicimos.

Pedimos dos tipos de gyozas: unos que no están en carta pero que nos recomendó mucho la camarera de gambas y foie de bacalao, con un sabor muy intenso a mar que a mí no me hicieron mucha gracia pero a David le entusiasmaron y le parecieron deliciosos; y unos de carne de cerdo y tsukudani de shitakes, más clásicos pero igualmente magníficos y con un sabor espectacular.

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También pedimos el Xiao Bao, un panecillo al vapor relleno de fricandó con setas, riquísimo y súper tierno aunque igual esperaba que tuviera un sabor más intenso, pero delicioso igual.

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Pedimos el curry Penang de fideos udon y ternera. Me pareció riquísimo, muy suave y con un sabor intenso pero que permitía apreciar los distintos ingredientes sin que se vieran enmascarados por el del curry.

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Finalmente, pedimos la tortilla de pad thai que nos encantó. Los fideos del relleno estaban riquísimos, tenía un punto picante sin ser exagerado y el global era muy suave y tierno.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una copa de vino y una cerveza sin alcohol) nos costó 42€.

Valoración global

Nos ha gustado muchísimo.

Nos ha parecido un sitio monísimo para tener una cita informal de las que tanto nos gustan a nosotros, aunque sea un sábado bien temprano porque David se tiene que ir a trabajar. Ideal.

Además la atención recibida fue muy buena, el ambiente muy bueno, la comida espectacular y con los platos que pedimos nos quedamos más que satisfechos.

Muy recomendable para ocasiones informales pero en las que no queráis renunciar a comida de calidad y a un entorno con estilo.

Volveremos seguro porque está a 2 minutos de casa y porque nos quedaron varios platos por probar.

Teresa

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Somni. Restaurante de ensueño en Barcelona.

“Las amigas de la universidad son las que duran toda la vida”.

Me lo dijo mi madre el primer día de carrera y ¡qué razón tenía!

Hay cuidarlas mucho y mimarlas. Por eso, el pasado viernes nos fuimos las 3 a darnos un homenaje. Porque nos lo merecemos. Porque somos 3 mujeres que no paramos ni un segundo. Porque sí.

Y fuimos a Somni.

¿Dónde está?

Encontramos Somni en la calle Provença 277, cerca de la parada de metro Diagonal.

¿Cómo es la decoración?

Muy elegante. Moderna, con toques muy sofisticados, lineas muy simples y colores claros que creaban un ambiente muy delicado.

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¿Cómo nos trataron?

Muy bien. Desde que entramos hasta que salimos nos atendieron como a reinas. Muy servicial todo el personal y muy atentos sin resultar atosigantes.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a cenar un viernes a las 22h. Habíamos reservado así que no tuvimos problema e igualmente, la sala no estaba llena. Un poco más tarde llego un grupo grande que hizo que el nivel de ruido se elevara un poco, pero nada exagerado ni molesto.

¿Qué comimos?

Antes de que nos sirvieran lo que habíamos pedido, nos sirvieron un aperitivo delicioso de croqueta y queso garrapiñado. Riquísimo e ideal para ir abriendo el apetito.

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Compartimos unas mini verduras y tofu al grill ahumadas con haya y con salsa romesco. Deliciosas. La presentación es muy curiosa (tenéis que ir y pedir el plato para comprobarlo) y el sabor de las verduras es espectacular.

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Después cada una pidió su plato principal. Ana pidió el tataki de atún, crema de aguacate, salsa de pesto rojo y cebolla encurtida. Pudo probar un poco y lo cierto es que es de los mejores atunes que he probado. Tenía un sabor muy intenso pero nada estridente y todos los ingredientes combinaban a la perfección.

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Marta pidió el falso risotto de trigo tierno con setas, parmesano y kale. Riquísimo y muy original. Más ligero que el de arroz habitual pero igual de sabroso y cremoso. Un acierto.

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Yo me decanté por los canelones de pato rustido con bechamel trufada y foie. Porque aunque el pato no me entusiasme si algo lleva trufa y foie, tengo que pedirlo, es mi perdición. Estaba riquísimos, no llenaban demasiado y tenían un sabor intenso y espectacular. Hubiese pedido 3 más.

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Para terminar, decidimos pedir unos postres para compartir. Como el camarero nos había recomendado la torrija caramelizada con helado de almendras y toffee, decidimos hacerle caso. Y menos mal. ¡Qué maravilla! Un plato no apto para paladares a los que no les entusiasme el dulce muy dulce, pero a nosotras nos fascinó. Y pedimos también el chocolate con pasión, porque nos hizo gracia el nombre y porque nos apetecía mucho. Buenísimo también y nada cargante ya que el helado de fruta de la pasión lo hace muchísimo más ligero.

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Y… ¿Cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (una botella de vino y una botella de agua) cuesta 128,7€ ahora bien, como habíamos reservado con el 30% de descuento a través de El Tenedor nos costó 81,9€.

Valoración global

Nos encantó vivir esta experiencia lujosa juntas y sin parejas ya que hacía mucho que no teníamos una noche de ese estilo.

Disfrutamos mucho de la alta calidad de la comida, de la excelente presentación de los platos y del ambiente tan tranquilo que se respiraba.

Sin duda un restaurante que merece muchísimo la pena. Eso sí, si encontráis descuento mediante El Tenedor o cualquier otra manera, mejor que mejor porque es verdad que los platos tienen un precio elevado.

Un sitio ideal para darse un merecido capricho en una ocasión especial ya sea con amigos o en pareja.

Teresa

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Isla Tortuga. Cocina de siempre con estilo en Barcelona.

Que somos fans del grupo de restaurantes En Compañía de Lobos no es un secreto. Y eso que aún nos faltan por probar muchos de sus restaurantes. Por eso, aprovechando que este fin de semana teníamos más tiempo para nosotros, decidimos ir a probar Isla Tortuga, un restaurante de tapas cerca del puerto.

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¿Dónde está?

Encontramos Isla Tortuga en la calle Llauder 1, cerca de la parada de metro Barceloneta.

¿Cómo es la decoración?

Muy sencilla, nada recargada, pero muy acogedora. Una mezcla entre estilo rústico con las paredes de ladrillo visto y decoración en madera con toques más industriales gracias a las bigas vistas.

Lo mejor de todo son los grandes ventanales que dejan pasar mucha luz, cosa que me encanta.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. Los camareros que nos atendieron fueron muy amables en todo momento.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 14h. Habíamos reservado previamente y os lo recomiendo porque cuando llegamos ya había pocas mesas libres y se fue llenando bastante con el paso de los minutos.

¿Qué comimos?

Como he dicho al principio, la carta de Isla Tortuga se basa en tapas y platillos lo que ya nos guió mucho a la hora de elegir varios platos para compartir. Viéndolo con perspectiva, creo que pedimos demasiados, pero ¡un día es un día!

Empezamos con unas patatas fritas caseras con salsa brava y allioli suave que estaban buenísimas y además estaban cortadas a gajos muy grandes lo que las hacía más originales. El allioli era demasiado suave para mí ya que no le noté el sabor, aunque podría ser que la salsa brava fuera tan picante para mi paladar que le mataba el sabor a lo demás.

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Pedimos también unas bombas con sobrasada y alioli de miel que estaban deliciosas. Y muy picantes. Pero el relleno era perfecto y nada pastoso.

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Compartimos también unos tacos de pato estilo Pekín. No suelo comer pato pero el relleno de estos tacos era espectacular, muy sabroso y en el punto perfecto de cocción. Además el guacamole que los acompañaba era natural (vamos, que había trozos de aguacate grandes) y eso para mí es siempre un punto a favor.

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Y finalmente pedimos dos platillos, uno para cada uno, aunque ambos picoteamos un poco de todo. David pidió un arroz de mar, un plato que tenían fuera de carta (nos informó el camarero) y que tenía un sabor riquísimo, intenso a mar pero sin resultar cargante. Un plato de 10.

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Yo pedí las albóndigas con sepia porque es un plato que me gusta mucho pero no suelo tomarlo. Estaban muy buenas y sabrosas. Las albóndigas no eran nada pastosas ni cargantes y la sepia tenía el punto adecuado de cocción. Eso sí, para mi gusto la salsa era demasiado líquida, pero eso ya es preferencia personal.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos y bebimos (dos copas de vino cada uno) nos costó 76,9€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho.

Ofrecen comida sencilla, de toda la vida, sin demasiadas complicaciones pero con bastante calidad. De esos restaurantes a los que, si vas un día que estás indecisa porque no sabes qué te apetece comer, seguro que encuentras algo que te apetece y aciertas con tu elección.

Muy recomendable para ir en grupo y pedir varios platos para ir picando o para ir en pareja para una cita informal.

Nosotros probablemente repitamos y ya se lo hemos recomendado a nuestra familia porque sabemos que les gustará.

Teresa

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Bao Bao. Street food asiático en plena ciudad de Barcelona.

No es ninguna novedad que me encantan los restaurantes asiáticos ¿verdad?

Pues esta semana, en uno de estos sábados en los que tenemos poco tiempo para vernos, hemos descubierto uno que nos ha gustado bastante: Bao Bao.

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¿Dónde está?

Encontramos Bao Bao en la calle Riego 23, cerca de la parada de metro Plaça de Sants.

¿Cómo es la decoración?

El local está ambientado como si fuera la calle de una ciudad asiática (grafitis, mesas altas, elementos urbanos…) dándole un aire muy informal y curioso.

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¿Cómo nos atendieron?

La camarera que nos sirvió fue muy amable en todo momento y estuvo bastante pendiente de nosotros sin agobiarnos.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 13h. Al ser tan pronto, no había nadie en el local. Poco a poco fueron llegando algunas personas pero cuando nos fuimos, sobre las 14h, aún se estaba muy tranquilo y había muchas mesas libres.

¿Qué comimos?

Obviamente queríamos probar los baos así que, para no pasarnos pedimos uno para cada uno.

David pidió el Bao Confucius, con cerdo, zanahoria escabechada, nabo daikon, cilantro, cacahuetes y pepino; y yo el Bao Ho Chi Minh, con ternera a la citronela, verduras escabechadas, cilantro, menta y mayonesa de ajo tostado. Estaban buenísimos, la textura del bao era perfecta y los rellenos eran deliciosos. Los sabores de los distintos ingredientes se integraban muy bien entre ellos y formaban un todo riquísimo.

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Y como plato principal, pedimos un bol de ramen cada uno.

David pidió el Mi Vit, con magret de pato, pak choy, shitake y hierbas aromáticas.

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Yo pedí el Mi Chai, vegetariano de verduras tostadas y setas con huevo, daikon y tofu frito.

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Ambos estaban riquísimos y tenían un sabor muy intenso que, con este frío que está haciendo últimamente, nos vino muy bien para entrar en calor. Sin duda, muy buen plato para pedir en este restaurante y en esta época.

Y…¿cómo está de precio?

Lo que comimos más una copa de vino y un refresco nos costó 30,3€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho. Nos ha parecido una muy buena opción para una comida si se está por la zona.

La carta no es muy amplia, pero sí podemos encontrar opciones para todos los gustos. Los baos están muy buenos y los ramen que ofrecen, a pesar de que únicamente tienen dos tipos, están también deliciosos.

El ambiente es muy divertido e informal y la música que ponen es muy buena, lo que hace de Bao Bao un restaurante ideal para ocasiones relajadas con amigos o en pareja.

Volveremos seguro porque ofrecen un tipo de comida bastante rápida y solemos movernos por esa zona cuando vamos justos de tiempo.

Teresa

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La Tere. Gastrobar encantador en Barcelona.

Creo que no hace falta explicar mucho por qué fuimos a este restaurante.

Se llama como yo.

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¿Dónde está?

Encontramos La Tere en calle Riego 25, cerca de la parada de metro Plaça de Sants.

¿Cómo es la decoración?

Bastante sencilla pero muy acogedora. Es en apariencia un poco industrial con los toques metálicos pero con elementos cálidos y acogedores.

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¿Cómo nos atendieron?

Muy bien. El camarero que nos atendió fue muy amable en todo momento, muy atento y nos hizo recomendaciones muy acertadas.

¿Cuándo fuimos?

Fuimos a comer un sábado a las 13h. Claro, fuimos los primeros comensales del restaurante y por consiguiente se estaba muy tranquilo. A la media hora, más o menos, empezó a llegar gente y aunque había más ruido, no era molesto.

¿Qué comimos?

Empezamos compartiendo una parrillada de verduras con pesto de tomate seco. Estaba muy buena, muy ligera y el sabor del pesto, intenso y con un punto picante, le daba un toque muy especial y delicioso.

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También nos vimos muy tentados por los huevos estrellados con morcilla de Burgos y cebolla caramelizada. Y menos mal porque estaban deliciosos. El sabor intenso que les daba la morcilla era espectacular, la textura que aportaba la cebolla caramelizada era muy acertada y el hecho de que las patatas estuvieran cortadas tan finas era todo un acierto del plato.

la-tere-huevos-estrellados

Y para quitarnos el deseo, pedimos 2 croquetas riquísimas, nada pesadas, muy crujientes por fueras y blandas por dentro pero no pastosas.

la-tere-croquetas

Como platos principales que comimos cada uno, David pidió una brocheta de pulpo gallego a la brasa con emulsión de patata, aceite de oliva y pimentón. No lo probé porque era muy tentacular (y me da un repelús horrible) pero la cara de David cuando le dio el primer mordisco, ya explicaba perfectamente cómo estaba el plato. Le encantó. Tenía un sabor muy intenso y auténtico y la carne estaba súper tierna.

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Yo pedí un plato más clásico, una hamburguesa con queso Comte, rúcula y cebolla crujiente con mayonesa con mostaza antigua. No tenía mucha complicación, pero me gustó mucho. El sabor y la cocción de la carne y el queso eran idóneos. la mayonesa era muy diferente y le daba el toque especial y el pan era más duro que el de hamburguesa habitual y era muy acertado.

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Y para terminar, por si no habíamos comido suficiente, pedimos unos lingotes de chocolate con naranja porque se nos antojaron mucho y nos encanta esa combinación.

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Y… ¿cómo está de precio?

Todo lo que comimos, una copa de vino y un refresco nos costó 53,4€.

Valoración global

Nos ha gustado mucho.

La cocina que ofrecen es muy sencilla, sin complicaciones, pero muy efectiva ya que sabes que encontrarás algo que te gustará; y a nosotros este tipo de restaurantes de tapas y platillos nos encantan.

Además, como no somos muy asiduos a la zona en la que se encuentra, nos gustó mucho descubrir un sitio tan bueno en ella para poder ir si un día damos una vuelta por ahí ya que, por ejemplo, sí que visitamos a veces la cercana plaça Osca.

Recomendado para ir en grupo, que es lo que más había cuando nos fuimos, ya que al ofrecer tapas y platillos propicia mucho el compartir entre varios.

Teresa

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